Madrid, 10 ene (EFECOM).- Que España es una potencia exportadora es una afirmación sustentada en datos e historias de éxito empresarial; el acuerdo entre la UE y Mercosur, que ayer dio un paso más, aportará a este sector poliédrico y complejo oportunidades y alguna amenaza que ya han adelantado los agricultores en sus protestas.
Además, la alimentación española exhibirá en este contexto sus fortalezas y también las debilidades con la que se afronta este pacto que avanza con pasos inéditos después de 26 años.
Más de 270 millones de consumidores esperan a los alimentos europeos y españoles, con altos estándares de calidad y que provienen de un sector acostumbrado a hacer frente a turbulencias externas.
Por ahora, mientras el campo rechaza el pacto, en términos generales, la industria ve oportunidades y el Gobierno lo aplaude, por marcar reglas en un contexto de total incertidumbre.
Entre los puntos débiles del mercado comunitario agroalimentario respecto al del Mercosur, destacan los menores costes que soportan los productores suramericanos, ya que están sometidos a menores requisitos y estándares de producción que en la UE.
Esto hace que los productores europeos partan de una posición más débil de cara al consumidor, al tener que poner en el mercado alimentos más caros que los provenientes de Uruguay, Paraguay, Argentina y Brasil, sometidos a esos menores costes y regulación a la hora de producir.
De ahí que una de las peticiones fundamentales que han reclamado reiteradamente desde el campo europeo sea la imposición de cláusulas espejo para producir en las mismas condiciones.
De esa debilidad deriva una de las principales amenazas, como es la presión sobre los precios internos de los alimentos.
Si en los lineales de los supermercados comunitarios hay una mayor oferta de productos que llegan desde el Mercosur a precios más competitivos, lo normal es que arrastren a la baja a los alimentos producidos y vendidos en la UE.
Los agricultores comunitarios sufrirían así un efecto "sándwich" al quedar en medio, presionados por un lado por elevados costes de producción y por el otro con una competencia que les hace tener que vender a precios bajos en origen, con lo que ello supone de amenaza para la rentabilidad.
Esta amenaza podría, en parte, verse salvada si la UE habilita mecanismos de compensación económica para los productores comunitarios, pero el entorno actual es poco favorable ante la previsión de reducción de fondos para la Política Agrícola Común.
Una vez más, aplicar unas cláusulas espejo efectivas sería la solución, según han hecho ver desde el sector primario.
No obstante, ha habido avances a nivel comunitario en las últimas semanas, con la aprobación de cláusulas de salvaguarda para intentar minimizar el impacto de estas amenazas y debilidades.
Para jugar este partido, la agroalimentación española cuenta con la fortaleza de ser una potencia exportadora; es concretamente el cuarto emisor de alimentos de la UE y el séptimo del mundo.
A nivel mundial y ante las turbulencias desatadas por la guerra arancelaria, el sector está inmerso en la expansión hacia nuevos mercados y el Mercosur supone un importante nicho.
Se trata de un sector resiliente y diverso que en los últimos años ha seguido con cifras al alza, a pesar de las tensiones internacionales.
De acuerdo a los datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, la principal oportunidad de este acuerdo es sencilla: facilitar el acceso a un mercado de 270 millones de consumidores en un contexto actual de mucha incertidumbre.
Por sectores concretos, el aceite de oliva irá perdiendo su arancel de forma progresiva en 15 años, una realidad particularmente interesante para Brasil, donde actualmente se concentran el 98 % de las exportaciones a ese bloque.
En el caso del vino, que tiene aranceles de hasta el 35 %, los aranceles se eliminarán en 8 años y los espumosos se liberalizan desde la entrada en vigor del pacto; además, las bebidas espirituosas quedarán exentas de aranceles en 4 años.
El Ministerio también ha destacado que los países del Mercosur eliminarán los aranceles a la carne de cerdo y productos cárnicos producidos en la UE en un período entre 8 y 15 años. EFECOM
(Recursos de archivo en www.lafototeca.com Cód 22172211 y otros)
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