Diez años del inesperado "paso al lado" de Mas que aupó a Puigdemont a la presidencia

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Santi Sánchez

Barcelona, 10 ene (EFE).- Una expresión hizo fortuna en la política catalana a finales de 2015: "O Mas o març". Resumía el dilema de la CUP entre investir a Artur Mas como presidente catalán o asumir que Cataluña se vería abocada a una repetición electoral en marzo de 2016.

Las elecciones catalanas del 27 de septiembre de 2015 habían concedido 62 diputados a Junts pel Sí, que proponía revalidar a Mas en la presidencia de la Generalitat, pero para llegar a la mayoría absoluta necesitaba el apoyo de al menos seis de los diez diputados de la CUP, en cuyas filas se abrió un intenso debate interno entre partidarios y contrarios a investir a un presidente con carné de Convergència para que no descarrilara el proceso independentista.

Aquella disyuntiva acabó con un resultado inesperado: ni Mas fue investido, ni hubo nuevas elecciones en marzo; el entonces alcalde de Girona, Carles Puigdemont, asumió el timón de la Generalitat.

La figura de Mas generaba anticuerpos en el seno de la CUP, una organización en la que convivían dos almas, una que priorizaba el horizonte independentista y otra de raíz más anticapitalista.

La división interna quedó reflejada en una asamblea celebrada en Sabadell (Barcelona) el 27 de diciembre de 2015, donde se registró un insólito empate a 1.515 votos entre 'síes' y 'noes' a la investidura de Mas.

Para deshacer este empate, la CUP delegó la decisión final a su consejo político, en el que acabó imponiéndose el sector más anticapitalista, contrario a la investidura.

Se iniciaba entonces la cuenta atrás: si no había nuevo president antes de finalizar el 10 de enero, quedarían convocadas automáticamente nuevas elecciones para marzo.

En la semana posterior a la asamblea de Sabadell, cuando parecía que el acuerdo era imposible, Mas encargó al entonces presidente de la ANC, Jordi Sànchez, explorar vías de entendimiento con la CUP.

Con Sànchez como intermediario, el enlace con la CUP se estableció con el militante Hugo Alvira. Por parte de CDC negociaron Josep Rull, Jordi Turull y Lluís Corominas.

El 8 de enero se celebró una cumbre decisiva en la sede de la ANC, tras la que Sànchez habló de un "hilo de esperanza". El equipo negociador de CDC acabaría de cerrar el acuerdo esa misma noche.

Tras meditarlo muy a fondo y abrir consultas discretas con su círculo de confianza, Mas acabó cediendo: se retiraría como candidato a la investidura y elegiría a su sustituto.

Se trataba de una elección difícil, puesto que Mas no quería abrir el debate sucesorio en las filas de CDC, con dos familias claramente enfrentadas -los sectores de Rull y Turull-, por lo que planteó la elección como un relevo temporal, ya que ambicionaba volver a la primera línea al cabo de un tiempo.

David Madí, asesor áulico de Mas a lo largo de su carrera política, jugó un papel clave a la hora de elegir el nombre: contemplaba a Puigdemont, alcalde de Girona, como relevo de Mas, según revela en su libro "Merèixer la victòria" (Columna).

Mas había esbozado previamente una lista con cuatro precandidatos. Su primera opción era la vicepresidenta del Govern Neus Munté, con pasado en la UGT, apreciada tanto por Rull como por Turull y bien vista por ERC. Pero ella declinó asumir el reto.

Tras sondear a Munté el 8 de enero, Mas hizo lo propio un día después con Puigdemont, que tuvo poco tiempo para pensárselo.

En Convergència, la propuesta de Puigdemont generó cierto estupor, al ser una persona ajena a la vida orgánica del partido -aunque abiertamente independentista-, e incluso generó cierto rechazo entre algunos dirigentes, pero la decisión ya estaba tomada.

En una atípica sesión de investidura celebrada el domingo 10 de enero, apurando el plazo límite para evitar la repetición electoral, Puigdemont pidió perdón a los ciudadanos por la manera en que se habían gestionado los resultados electorales.

"Las elecciones de marzo habrían sido una enmienda a la totalidad a quien no se lo merece, que es el pueblo de Cataluña", afirmó, antes de ser elegido 130º presidente de la Generalitat con los votos de Junts pel Sí y la CUP.

Su discurso duró menos de una hora y proclamó "el inicio del proceso" para que Cataluña fuese independiente: debía ser, según sus palabras, una legislatura para transitar "de la postautonomía a la preindependencia". EFE