Carlos Giménez, el 'Charles Dickens español': "derechos de autor tienen que ser del autor"

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Pilar Martín.

Madrid, 16 mar (EFE).- Al historietista Carlos Giménez algunos amigos le llaman el "Carlos Dickens español", un alias que asume con agrado porque cuando su carrera empezó siempre tuvo "muy claro" que los derechos de autor tenían que ser "del autor", una reivindicación llena de actualidad en el Día del Cómic.

Giménez (Madrid, 1941) lleva muchos años sin salir a la calle, por lo que este maestro de la viñeta recibe a EFE en su casa, ese espacio donde hay una mesa de trabajo en casi todas las habitaciones, el lugar donde le visitan a sus amigos y familiares y donde nacen, nacieron y nacerán muchas historietas.

Ese espacio en el que, con motivo de la celebración mañana del Día del Cómic, rememora que "desde joven" tuvo "muy claros" ciertos aspectos de su profesión, como que los originales y los derechos de autor "tenían que ser del creador". Y de ahí que le consideren el 'Charles Dickens español', porque el autor inglés se cruzó el Atlántico para poner fin a las copias pirateadas de su trabajo en Estados Unidos.

"Tenía una unas discusiones leoninas defendiéndolos porque los dibujantes no tenían ni idea de lo que eran, ni habían reflexionado nunca jamás al respecto. Y no sólo eso, no se preocupaban tampoco por sus obras", explica el creador de 'Paracuellos', su obra cumbre, quien cuenta también que tiene en su poder todo lo que ha hecho en su vida.

Pero Giménez, que a sus 83 años luce aún su coleta, a las nuevas generaciones de la industria del cómic no tiene que decirle "nada" al considerar que ellos "sí" entienden lo que son los derechos de autor. Eso sí, lo que le preocupa de los jóvenes es la "precariedad y la escasez" de trabajo.

"En estos momentos no hay ni un solo dibujante de tebeo, a no ser que sea uno muy famoso, que viva de su trabajo, aunque publique fuera de España. Las tiradas son muy reducidas (entorno a 1.000 o 1.500 ejemplares en los mejores casos) y los editores por mucho que quieran pagar, tampoco pueden pagar mucho", dice apenado.

Sin embargo, refiriéndose a él, a pesar de que publica todos los años dos álbumes, es de la venta de sus originales, sobre todo en Francia: "y de eso voy viviendo y vivo, desgraciadamente mucho mejor que haciendo tebeos".

Y es en ese momento donde echa la vista atrás para referirse a las tiradas de 250.000 ejemplares que tenían historietas como 'El Guerrero del Antifaz' o 'El Capitán Trueno'.

"Ha habido mejoras, ahora hay un mayor reconocimiento, lo que pasa es que no se vive de reconocimiento, se vive de una economía", matiza el autor de otras obras como "Los profesionales".

83 años, una edad para "vivir en paz"

Rodeado de cómics, libros y revistas, el madrileño -quien tiene en un lugar privilegiado de su casa una foto con el fallecido Carlos Pacheco, uno de sus mejores amigos- en la actualidad sólo desea una cosa: que le dejen "en paz".

"Hay algunos días que por la mañana me pregunto qué es lo que tengo que hacer, y si es absolutamente nada me levanto optimista, porque sigo dibujando, sigo escribiendo, y me gusta mucho seguir haciéndolo", afirma este autor, actualmente centrado en el cierre de su historieta 'Barrio' así como en la escritura de un guión que le va a salir "larguísimo" porque tiene muchas cosas que contar.

Historias basadas en su vida en el pasado pero que, en algunos casos, "no han caducado" o, incluso, "están reverdeciendo".

"Por ejemplo el fascismo, la ultraderecha, el nazismo. Todo esto está reverdeciendo. Entonces, todo lo que yo he podido decir en algún momento contra esa gente (en concreto en 'España, una y grande') tiene actualidad ahora, porque están aquí todavía, han vuelto", asevera.

Cubata en mano, el madrileño repasa mentalmente todas sus obras para concluir que, de no haber vivido la infancia que le tocó, hubiera sido igualmente historietista y "hubiera vivido, hubiera visto cosas y las hubiera contado".

Pero no todas, puntualiza, sobre todo algunas "personales" porque en ellas no queda "bien" o le parecen "ridículas" o "terribles": "me gusta eso de ser honesto", declara quien inició "una nueva forma de contar historietas partiendo de la propia biografía", porque antes de él nadie lo había hecho.

"Me dicen que soy un buen narrador (...) he puesto una pica en los momentos oportunos, dicen que he cambiado un poco la profesión, y es posible, pero si no lo hubiera hecho yo lo habría hecho otro. Las cosas avanzan, las cosas evolucionan, quizá no soy un inventor, soy, en todo caso, un precursor", matiza este padre de la viñeta patria que aún no cuenta con un Premio Nacional de Cómic.

"Hay que ser humilde y comprender que hay mucha gente importante en el mundo que merecen estos premios, si no me lo dan pues es porque no seré tan importante", considera.

Finaliza la entrevista y llega el momento de despedirse de este artista para quien lo importante no es ser "buen dibujante, sino buen profesional" porque, concluye, "ser artista es muy fácil". EFE

pmv/pss

(Recursos de archivo en www.lafototeca.com Código 4780903 y otros)