
José Ramón Jiménez, conocido en su círculo cercano como Jochi, cruzó por primera vez las puertas del edificio número 7 del World Trade Center el 11 de septiembre de 2001. Aunque a menudo este rascacielos pasa desapercibido en el relato sobre los atentados a las Torres Gemelas y al Pentágono, el edificio de 47 plantas acabó irreconocible después de que el vuelo 11 de American Airlines se estrellase contra la Torre Norte a las 8:46 de la mañana y parte de sus escombros le provocasen graves daños.
“Era mi primer día, acababa de dejar la cartera en la sala de conferencias cuando oí aquella tremenda explosión”, recordaba José Ramón para El País en el primer aniversario de los atentados que se cobraron la vida de casi 3.000 personas. El hombre, que trabajaba en un bufete de abogados español, explicaba que “la mayoría de mis colegas había vivido los atentados de 1993 y no esperaron las consignas de seguridad para evacuar el edificio”.
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Una decisión que podría haberle salvado la vida, ya que a las 17:20 horas el edificio 7 del World Trade Center se derrumbó, convirtiéndose en el tercer y último rascacielos en caer. El motivo, según informaron más tarde desde el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología, fue el calor extremo que sufrieron las columnas interiores, fabricadas de acero. Y es que el incendio que se originó por la colisión de los aviones en las torres ardió durante horas.
“Decidí quedarme. Eso había que verlo”
José Ramón se había mudado hace poco junto a su mujer y a sus hijos a la zona de Manhattan, para empezar una nueva vida en Nueva York dentro de un prestigioso bufete de abogados. La oficina, que llegó a pisar unos minutos, se encontraba en la planta 39. Por lo que, cuando huyó junto a sus compañeros, tardaron “20 minutos hasta llegar abajo”, relataba.
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Pero una vez en la calle, “decidí quedarme. Eso había que verlo”, recordaba Jochi. La imagen de esos primeros instantes “era tan impresionante... Todo el mundo en la calle estaba conmocionado. Muchos se te abrazaban llorando”, añadía. Aun así, “lo que más recuerdo fue el silencio después de que se derrumbara la segunda torre. No me pareció oír un gran estruendo, solo la total y absoluta ausencia de ruido”.
El jet lag le cambió la vida
El miedo y la incertidumbre que se vivieron en los días siguientes provocaron que enviase de vuelta a su familia a España. Sus seres queridos estaban a salvo, pero también tenía en la cabeza que todo podría haber terminado “mucho peor”, pues ese mismo día le había pedido a su mujer que le acompañase para que sus dos hijos pudieran ver el último piso de las Torres Gemelas.
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A pesar de que “era una mañana muy cristalina” y había un ambiente perfecto, decidieron reprogramar la visita, ya que “seguían padeciendo el cambio horario y no habían dormido en toda la noche”, confesaba José Ramón. “Menos mal, porque ahora estaría contando una historia muy distinta”, afirmaba.
“Siempre he conocido el terrorismo”
En las semanas siguientes, el horror y el trauma seguían instalados en el colectivo estadounidense. Pero ante esta desgracia, la población demostró su lado más solidario. De hecho, un año después de los atentados, José Ramón se sorprendía por los anuncios que había en el transporte público de la ciudad que ofrecían asistencia psicológica para las víctimas y allegados. De hecho, hasta la empresa para la que trabajaba José Ramón prestó dos plantas a la competencia que lo había perdido todo el 11 de septiembre.
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Por su parte, Jochi aseguraba que, a diferencia de cientos de personas que fueron testigos de lo sucedido, no tenía pesadillas ni trama. Al final, “nací en 1970 y siempre he conocido el terrorismo en España”, decía, aludiendo a los atentados de ETA que se cobraron la vida de más de 1.700 personas hasta el año 2000. Por este motivo, “creo que he vivido estos de forma muy distinta que los neoyorquinos”, explicaba.
Bajo su opinión, “no puedes dejar que algo así te afecte”. No obstante, esto no quiere decir que “hay que olvidarlo”, porque al final “es un atentado” y los responsables “te atacan por tu forma de ser y, por tanto, no debes cambiarla”, concluía.
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