
La provincia de Granada ha registrado este martes por la mañana un nuevo terremoto de magnitud 4,7, con epicentro en la localidad de Gójar, muy cerca de Alhendín. Este seísmo se suma al del pasado viernes y a las decenas de réplicas. Ante esta situación, el Patronato de la Alhambra y el Generalife ha decidido desalojar de manera preventiva los Palacios Nazaríes y la Alcazaba, interrumpiendo temporalmente las visitas en ambos espacios.
Por el momento, el acceso al Palacio del Partal y al Generalife se mantiene con normalidad mientras se analiza el estado general del conjunto monumental. Según informaron a EFE fuentes del recinto, un equipo técnico evalúa la situación de forma continuada. Este protocolo de precaución ya se aplicó tras los seísmos del viernes, cuando el monumento cerró sus puertas de manera cautelar y reabrió tras una revisión que descartó “incidencias relevantes”.
PUBLICIDAD
Aunque el cierre actual responda estrictamente a pautas de seguridad y las inspecciones más recientes no hayan detectado daños graves, la pregunta resulta inevitable: ¿hasta qué punto es vulnerable el monumento nazarí ante la constante actividad telúrica de la zona?
¿Qué daños podría sufrir la Alhambra ante un terremoto?
Según el estudio científico “¿Existe una relación entre sismicidad, fallas, grietas y roturas de muros en la Alhambra?“, el peligro para el monumento no procede solo de la vibración que se siente en la superficie. Las investigaciones demuestran que la propia colina del monumento está cruzada por fallas geológicas activas —fracturas en el terreno cuyos bloques de roca se desplazan con los seísmos—, lo que traslada el riesgo directamente a las bases del recinto.
PUBLICIDAD

El principal riesgo estructural se concentra en la ladera norte del complejo, entre el Tajo de San Pedro y la Fuente del Avellano, un sector atravesado de lleno por estas grietas subterráneas. De hecho, no es una coincidencia que las cicatrices históricas que lucen los muros y la cerca sigan exactamente la misma orientación noroeste-sureste que las fracturas del terreno.
Por ello, cualquier movimiento, por leve que sea, tiene el potencial de activar estas fallas de soporte y resquebrajar directamente la mampostería o el tapial construidos sobre ellas. A esto se suma la erosión hídrica: estas grietas funcionan como tuberías naturales por las que se filtra el agua de lluvia. Cada vez que un seísmo reabre o mueve estas vías, el agua desgasta la matriz rocosa de la colina, minando progresivamente el apoyo de torres y murallas.
PUBLICIDAD
Más allá de la piedra y los grandes muros, la fragilidad se traslada a la ornamentación del arte nazarí. Las delicadas filigranas de yeso, los alicatados y las emblemáticas bóvedas de mocárabes no cuentan con sujecciones modernas, sino que están fijadas mediante anclajes antiguos sobre paramentos de arcilla. Al producirse un temblor, las vibraciones horizontales provocan sacudidas capaces de desencadenar microfracturas, hacer saltar los azulejos o precipitar la caída de piezas decorativas desde los techos.
Un riesgo similar se vive en espacios tan icónicos como el Patio de los Leones. Aunque sus esbeltas columnas de mármol están diseñadas para soportar a la perfección el peso vertical de la arquería, resultan sumamente vulnerables al bamboleo lateral y a las fuerzas que genera el vaivén del suelo durante un seísmo.
PUBLICIDAD
Las cicatrices históricas: del seísmo de 1431 a la actualidad
La Alhambra arrastra un dilatado historial de heridas provocadas por los temblores a lo largo de los siglos. El precedente más grave se remonta a julio de 1431, cuando una destructiva serie sísmica —de una intensidad estimada entre IX y X— sacudió con fuerza la comarca, tal y como documenta el estudio “Terremotos de Julio de 1431 en Atarfe y Granada”, editado por la Universidad de Granada.
Aquel episodio no solo provocó el desplome “con pavoroso estruendo” de paños enteros de las murallas nazaríes y la quiebra del sistema de acueductos que abastecía al recinto, sino que redujo a ruinas el emblemático Palacio de los Alijares. La magnitud del desastre sembró el pánico en el campamento del rey Juan II de Castilla —instalado tras la batalla de La Higueruela—, obligando a las tropas cristianas a levantar el cerco y reescribiendo, por factores estrictamente naturales, el ritmo de la Reconquista.
PUBLICIDAD

Años más tarde, ya en la etapa cristiana, nuevos seísmos registrados en 1522, 1526 y 1778 volvieron a poner a prueba las estructuras del complejo. En concreto, las sacudidas de 1778 provocaron el desprendimiento de un importante tramo de la cerca en el Tajo de San Pedro, ubicado exactamente sobre una de las fallas que surcan la ladera.
Más recientemente, en los siglos XIX y XX, episodios de gran impacto como los de 1884, 1956 o 1984 continuaron reactivando microdesplazamientos milimétricos en estas fracturas subterráneas. Un historial de heridas que demuestra que la vigilancia técnica actual no es una medida exagerada, sino la mejor garantía para proteger el patrimonio nazarí frente a la incesante actividad telúrica del subsuelo granadino.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Predicción del clima: estas son las temperaturas en Zaragoza
Los fenómenos meteorológicos y análisis de probabilidad permiten dar información sobre la temperatura, lluvias y vientos para las próximas horas

Clima en Valencia: cuál será la temperatura máxima y mínima este 11 de septiembre
Para evitar cualquier imprevisto es importante conocer el pronóstico del tiempo

El padre de la única víctima española que murió embarazada en los atentados del 11-S, sobre su dificultad para perdonar a los autores: “Me conformo con no odiarlos”
Silvia San Pio y su marido, John Resta, se encontraban en el piso 92 de la Torre Norte en el momento del atentado

Tania Head, la mujer de Barcelona que se hizo pasar por una superviviente del 11-S: llegó a presidir la asociación de victimas de los atentados
La catalana Alicia Esteve engañó al mundo durante años con un relato falso sobre su experiencia en los atentados de las Torres Gemelas

Se crio con el miedo a ETA y años más tarde fue víctima del mayor atentado terrorista de la historia en su primer día de trabajo: “Recuerdo el silencio tras el derrumbe de la segunda torre”
El 11-S todo cambió para EEUU y el mundo: José Ramón Jiménez trabajaba en el rascacielos número 7 del World Trade Center, la tercera torre que se derrumbó el 11 de septiembre de 2001



