El Parkinson no siempre empieza con los temblores: los signos menos evidentes para la detección precoz de la enfermedad

Más de 200.000 personas en España conviven con la enfermedad, lo que sitúa al país como el noveno del mundo con mayor número de pacientes

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Un sanitario sostiene las manos de un paciente de Parkinson (Freepik)
Un sanitario sostiene las manos de un paciente de Parkinson. (Freepik)

España es el noveno país del mundo con mayor número de personas con enfermedad de Parkinson y en 2050 será el que tenga mayor prevalencia por habitante. Así lo asegura la Sociedad Española de Neurología (SEN). En la actualidad, más de 200.000 personas padecen la enfermedad en nuestro país y 10.000 reciben el diagnóstico cada año.

El Parkinson es una enfermedad neurodegenerativa progresiva que tradicionalmente se ha asociado con los temblores, puesto que es su manifestación más visible. Sin embargo, la evidencia clínica subraya que sus primeras señales suelen ser mucho más sutiles y, en muchos casos, pasan desapercibidas. “El Parkinson no comienza necesariamente con el temblor, que es el síntoma más conocido. En fases iniciales suelen aparecer signos menos evidentes, como una pérdida del olfato, alteraciones del sueño o cambios en la expresión facial, que a menudo no se relacionan con un problema neurológico”, explica Esteban Peña, director de la Unidad de Trastornos del Movimiento del Hospital Universitario La Moraleja.

Detectar a tiempo estas señales se ha convertido en uno de los principales retos médicos, pero también en una oportunidad para mejorar la calidad de vida de los pacientes desde fases muy tempranas. Desde el punto de vista médico, la enfermedad está marcada por la degeneración progresiva de las neuronas encargadas de producir dopamina, un neurotransmisor esencial para el control del movimiento. A medida que disminuyen estos niveles, aparecen los síntomas motores característicos: lentitud, rigidez o problemas de coordinación. No obstante, antes de llegar a ese punto, el organismo ya emite señales de alerta.

Las señales que alertan de la enfermedad de Parkinson

Entre los indicios más tempranos, destaca la pérdida progresiva del olfato, un síntoma que puede manifestarse años antes del diagnóstico. También son frecuentes las alteraciones del sueño, especialmente durante la fase REM, cuando algunos pacientes experimentan movimientos bruscos o incluso hablan mientras duermen. A ello se suman cambios en la escritura (que se vuelve más pequeña o menos legible), una reducción del balanceo natural de los brazos al caminar o la aparición de rigidez en una extremidad.

“La clave está en no normalizar ciertos cambios cuando afectan a la vida diaria o aparecen de forma progresiva”, señala Miriam Piqueras, directora médica de Sanitas Mayores. En su opinión, la detección precoz no solo permite iniciar antes el seguimiento clínico, sino también adaptar el tratamiento y planificar intervenciones que contribuyan a ralentizar la evolución de la enfermedad.

Marc Gauthier, de 62 años, ha vuelto a caminar tras un diagnóstico de Parkinson hace ya tres décadas.

El estilo de vida, el mejor escudo contra la neurodegeneración

En este sentido, diversos estudios coinciden en que la adopción de hábitos saludables puede desempeñar un papel relevante en las fases iniciales. Caminar a paso ligero entre 30 y 45 minutos al día ayuda a mantener la coordinación y el equilibrio, además de reducir la rigidez muscular. Del mismo modo, los ejercicios de fuerza supervisados contribuyen a preservar la masa muscular y facilitan la realización de actividades cotidianas.

Las prácticas centradas en la coordinación y el equilibrio, como el tai chi, han demostrado beneficios en la estabilidad y en la prevención de caídas. A nivel cognitivo, la estimulación mental mediante juegos de lógica, lectura o aprendizaje de nuevas habilidades también resulta fundamental para mantener la agilidad mental.

Otro aspecto clave es el descanso. Mantener una rutina de sueño estable, evitando el uso de pantallas antes de acostarse, mejora la calidad del sueño y puede influir positivamente en el bienestar general del paciente.