
Hay una película que se estrenó en 2007 y que se llama El guía del desfiladero, en su versión española. En EEUU se llamó Pathfinder, la historia de un muchacho vikingo que fue criado por los indios y que ayuda como explorador a los nativos norteamericanos ante la amenaza de las invasiones vikingas del siglo X. Una entretenida película de acción y batallas sangrientas. La Agencia Tributaria también tiene su particular ‘Pathfinder’, un software que usa Inteligencia Artificial y que ‘invade’ los ordenadores y los teléfonos móviles de los contribuyentes “con expedientes administrativos o judiciales abiertos” para analizar los datos y la información que se esconden en ellos. Lo adquirió en septiembre de 2023 y costó 326.000 euros.
“En su acepción más purista, un ‘pathfinder’ es un explorador, un rastreador capaz de encontrar un camino viable en un terreno intransitable para el resto. Y no deja de resultar un sarcasmo semántico: allí donde la inspección veía un ‘terreno intransitable’ de terabytes de datos desestructurados, fotos y conversaciones de chat inconexas, este software promete encontrar el camino hacia la regularización tributaria”, explica Bernardo Olivares, doctor profesor en el Departamento de Derecho Mercantil, Financiero y Tributario en la Universidad Complutense de Madrid. “Que la Administración utilice un rastreador basado en inteligencia artificial para construir el relato de la prueba plantea una cuestión inquietante”.
El software fue adquirido a la empresa Syvalue, que junto a Ondata y Onrecovery suministra este tipo de herramienta en España. Lo que realmente compró la Agencia Tributaria fueron 500 licencias de ‘Cellebrite Pathfinder’, un programa que permite el filtrado y análisis de datos complejos que es utilizado por las unidades de la Inspección Tributaria “especializadas en la captura y análisis de la información de los obligados tributarios con expedientes administrativos o judiciales abiertos”. Para Olivares, si la IA “une los puntos, interpreta las jergas y decide qué es relevante mediante algoritmos, ¿quién está dirigiendo realmente la inspección?, ¿el funcionario o la máquina que le abre el camino?”

Hacienda siempre ha apostado por este software. Primero compró la versión de este sistema que permite clonar, desencriptar y volcar el contenido de los dispositivos de personas investigadas por presuntas irregularidades tributarias. Y luego, con ‘Pathfinder’, adquirió la herramienta que facilita el cribado de los datos y la información obtenida. “La Agencia Tributaria no solo ha adquirido herramientas para abrir la caja fuerte, la extracción de datos, sino que ha contratado a un analista incansable para leer todo lo que hay dentro”, sintetiza Olivares. En 2023, por ejemplo, año de la compra del rastreador, la Agencia Tributaria inspeccionó formalmente a 29.674 contribuyentes, cifra que subió a 30.467 en 2024.
Los pliegos de las condiciones técnicas de este contrato especifican que la Agencia Tributaria ha adquirido arquitecturas de IA capaces de interpretar contextos. El pliego habla de “analizar texto identificando entidades, personas, organizaciones, temáticas”. Para Olivares solo hay una lectura: “Este software deja de buscar coincidencias ortográficas para empezar a interpretar contextos semánticos. La herramienta no se limita a indexar texto; utiliza técnicas avanzadas de Procesamiento de Lenguaje Natural (PLN) para ‘leer’ las comunicaciones con una capacidad de abstracción casi humana”.
La automatización de la sospecha
Los pliegos destacan la facultad de detectar patrones de comunicación relacionados con estafas, blanqueo o incluso la “intención de eliminar datos”. El profesor Olivares reflexiona en un artículo publicado en ‘Fiscal Blog’ que, con este software, si dos interlocutores hablan de “los papeles”, “la receta” o “el encargo”, el algoritmo de ‘Pathfinder’ no ve sustantivos comunes. “Infiere, basándose en el tono y la estructura de la frase, si se refieren a facturación irregular o activos ocultos”. Un artículo en el que comparten opiniones otros fiscalistas. Andrés Campos Martínez, abogado y doctor en Fiscalidad Internacional y Europea, cree que estos sistemas condicionan posteriormente la actuación de la Agencia Tributaria en el ejercicio de sus potestades.
“Es decir, la máquina categoriza chats enteros bajo etiquetas de ‘riesgo fiscal’ o ‘fraude’ sin que un funcionario haya leído una sola línea. El software prejuzga la relevancia de la conversación basándose en un entrenamiento algorítmico opaco. Estamos, por tanto, ante la automatización de la sospecha”, explica Campos.
Este software también cuenta con motores de visión por computadora que, según los pliegos, “analizan y clasifican ficheros de imagen y vídeo” de forma autónoma. Hablamos de una IA que examina el contenido del píxel. Algoritmos que están entrenados para identificar patrones visuales específicos (vehículos de alta gama, inmuebles, joyas, etc.) o documentos físicos mediante OCR avanzado, detectando si una foto corresponde a un contrato, una factura o una nota manuscrita.
“Ahora bien, para que la máquina pueda encontrar la foto de un albarán olvidado, debe necesariamente procesar y mirar todas las fotografías del dispositivo, incluidas las estrictamente privadas, íntimas o familiares. La IA no tiene pudor y tampoco tiene filtro previo. Puede realizar un escrutinio masivo de la esfera visual más íntima del contribuyente para, mediante inferencia estadística, señalar al inspector: ‘Aquí hay un documento’. La inspección ocular humana, limitada y selectiva, da paso a una inspección artificial, total y sistemática”, denuncia Olivares.
Las características técnicas de ‘Pathfinder’ impresionan: “Realizar procesamientos avanzados como identificar personas a partir de sus múltiples identificadores (números de teléfono, direcciones de correo, cuentas de redes sociales), analizar y clasificar ficheros de imagen y vídeo, realizar OCR de imágenes, analizar y clasificar ficheros de audio, analizar texto identificando entidades (personas, organizaciones, temáticas), cruce con listas de búsqueda, cruce con bases de datos de hashes, eliminación de elementos duplicados”. Para Olivares, “la Agencia Tributaria no está comprobando una base imponible; podría estar auditando el círculo social, familiar y profesional del ciudadano”.
Miles de quirófanos forenses
Parece ser que Hacienda no ha adquirido una licencia para una investigación puntual: ha contratado una capacidad industrial. “El sistema en producción está dimensionado para mantener 500 extracciones activas simultáneamente y habilita el acceso de hasta 100 usuarios distintos, con una concurrencia de 20 analistas trabajando en paralelo. Traduzcan estas cifras al lenguaje operativo: la Administración ha pagado por la capacidad técnica de mantener abiertos medio millar de ‘quirófanos forenses’ al mismo tiempo, con una plantilla potencial de cien funcionarios accediendo, revisando y cruzando datos”, concluye Olivares.

El Tribunal Supremo ha sentenciado que el acceso íntegro e indiscriminado a los datos, precisamente el ‘combustible’ que necesita esta IA para funcionar, vulnera el contenido esencial del artículo 18 de la Constitución y es nulo de pleno derecho si no existe una discriminación previa.
“‘Pathfinder’ no solo lee documentos; infiere intenciones, mapea afectos y reconstruye nuestra vida privada con una profundidad que ninguna ley ni ningún juez ha autorizado explícitamente. A mi juicio, al delegar en ‘Pathfinder’ la construcción del relato probatorio mediante la ingesta indiscriminada, se confunde la capacidad de verlo todo con la potestad de usarlo todo. El camino hacia la regularización tributaria no puede desbrozarse a costa de convertir el entorno virtual del ciudadano en un espacio transparente para la Agencia Tributaria, sin límites”, sentencia el profesor Olivares.
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