Javier Quintero, psiquiatra: “La gente tiende a recordarte más por un error que por todos tus aciertos”

El experto se centra en cuál es la percepción social de los fallos, pese a que pensemos que la reputación siempre está ligada a la constancia

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El psiquiatra Javier Quintero señala
El psiquiatra Javier Quintero señala que la gente tiende a recordar más a los demás por sus errores que por sus aciertos. (Freepik)

Durante años, la construcción de la reputación personal ha estado ligada a la idea de constancia. Hacer bien las cosas, cumplir, responder cuando se espera y sostener determinados comportamientos en el tiempo suele entenderse como la base sobre la que se edifica la imagen que los demás tienen de nosotros. Sin embargo, esa lógica, aparentemente sólida, no siempre funciona de manera tan lineal en la práctica cotidiana.

En un entorno marcado por la inmediatez y la exposición constante, especialmente en el ámbito digital, la forma en que recordamos a los demás parece estar sujeta a otros mecanismos. La atención, selectiva y muchas veces emocional, no siempre premia la regularidad, sino aquello que irrumpe, sorprende o rompe la norma.

El médico psiquiatra Javier Quintero (@drjquintero en TikTok) apunta directamente a esta cuestión en uno de sus vídeos al señalar que “la gente tiende a recordarte más por un error que por todos sus aciertos”. Esta afirmación resume un patrón frecuente en la percepción social y, según explica, no es anecdótico sino estructural en la manera en que procesamos la información sobre otras personas.

“Los errores llaman más la atención que la constancia”

En la misma línea, el especialista advierte de la desproporción con la que se valoran los fallos frente a los logros: “Puedes hacer muchas cosas bien durante muchos años y aun así lo que algunos van a recordar de ti es ese momento, el momento en el que te equivocaste”. Este fenómeno, lejos de ser casual, está relacionado con el impacto emocional que generan los errores, mucho más llamativos que la rutina de los aciertos.

Con el tiempo, ciertos aspectos
Con el tiempo, ciertos aspectos positivos de una persona tienden a normalizarse y dejan de valorarse. (Freepik)

“Los errores llaman mucho más la atención que la constancia”, añade. Esa atención diferencial tiene consecuencias claras: desplaza el foco desde lo sostenido hacia lo puntual, alterando la percepción global que se construye sobre una persona.

Sin embargo, el análisis de Quintero va más allá y señala un efecto adicional. “Además, pasa algo curioso. Cuando alguien tiene buenos comportamientos de forma habitual y recurrente, con el tiempo dejan de valorarse y pasan a darse por hechos”. Es decir, aquello que se repite con frecuencia pierde visibilidad, se normaliza y deja de ser reconocido como mérito.

El psiquiatra ilustra esta idea con una situación cotidiana: “Por ejemplo, si una persona siempre está disponible para ayudar, llega un momento en que esa ayuda ya se da por hecha y ya no se valora”. La repetición, en este caso, no refuerza el reconocimiento, sino que lo diluye progresivamente.

Sin embargo, esa lógica se invierte cuando aparece la excepción. “El día que no puede estar, ese día sí, ese día sí que se recuerda”. La ausencia de un comportamiento esperado genera un impacto mayor que su presencia continuada, evidenciando cómo la ruptura de la norma pesa más que su cumplimiento.

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Ante este escenario, Quintero plantea una reflexión directa que interpela a la responsabilidad individual en la forma de juzgar a los demás: “Por eso merece la pena hacerse una pregunta, aunque sea algo incómoda: ¿alguna vez has valorado a alguien por un error puntual olvidando todos sus aciertos anteriores?”. La cuestión, formulada en segunda persona, invita a revisar los propios sesgos y patrones de evaluación.

En última instancia, el psiquiatra insiste en la necesidad de adoptar una perspectiva más amplia y equilibrada: “Las personas no se deberían definir por un acto aislado, ya sea un acierto o un error”. Frente a la tendencia a simplificar, propone atender al conjunto de comportamientos que configuran una trayectoria. “Se deberían valorar por lo que hacen de manera constante y recurrente”, concluye.