
Muchas personas afrontan una entrevista de trabajo con una mezcla de expectativa y nerviosismo, ya que lo entienden como un momento decisivo en el que cada gesto, cada palabra y cada silencio pueden influir en el resultado. No se trata únicamente de demostrar conocimientos o experiencia, sino también de transmitir seguridad, interés y capacidad de adaptación a un entorno profesional concreto.
La presión por causar una buena impresión suele generar muchas dudas: ¿qué conviene decir? ¿Hasta qué punto hay que extenderse en las respuestas? ¿Es mejor mostrarse espontáneo o medir cada intervención? Estas preguntas son habituales entre quienes buscan empleo, especialmente en un contexto laboral cada vez más competitivo.
La incertidumbre forma parte del proceso, pero también puede jugar en contra si no se gestiona bien. A ello se suma, en muchos casos, la falta de experiencia en procesos de selección o el miedo a cometer errores que puedan descartar automáticamente una candidatura.
En ese escenario, la preparación previa y la capacidad de comunicación se convierten en factores clave. Sin embargo, no siempre se trata solo de lo que hay que hacer, sino también de lo que conviene evitar. El orientador laboral Francisco Fernández Yuste (@mejorartuexitolaboral en TikTok) resume en uno de sus vídeos algunos de esos fallos que, según explica, suelen generar una impresión negativa en los reclutadores. “Cuatro cosas que si las haces en entrevista, probablemente no le gusten al entrevistador”, advierte.

De la falta de preparación a hacer muchas preguntas
El primero de los errores tiene que ver con la falta de preparación. “La primera de ellas es no prepararte la entrevista, no saber ni de qué va la empresa, el puesto de trabajo. Así que analiza bien toda la información”. En este sentido, no investigar previamente la organización o el rol al que se aspira puede interpretarse como desinterés o falta de compromiso.
Otro aspecto que suele jugar en contra del candidato es la extensión excesiva en las respuestas. “Hay gente que cuenta unos rollos enormes. Tenemos que intentar ir al grano, no ser superescuetos, pero tampoco alargarnos una barbaridad”. Así, encontrar el equilibrio entre claridad y concisión resulta fundamental para mantener la atención del entrevistador. Responder de forma ordenada, estructurando las ideas y evitando divagaciones innecesarias, puede marcar la diferencia en la percepción final.
La honestidad también ocupa un lugar central en el proceso. “La tercera, mentir, y mentir de forma descarada, porque los entrevistadores os podemos pillar”, explica. Esto suele pasar, por ejemplo, con el nivel de conocimiento de un idioma. Exagerar o falsear información no solo puede quedar en evidencia durante la entrevista, sino que además daña la credibilidad del candidato. Una vez que se pierde la confianza, resulta muy difícil recuperarla en el transcurso de la conversación.
Por último, Fernández Yuste pone el foco en un momento que muchos consideran clave: el turno de preguntas final. “Y la última, hacer muchas preguntas al final de la entrevista. Está bien que hagas dos, tres preguntas, cuatro, pero no me hagas diez preguntas o quince preguntas, porque la impresión no va a ser tan positiva”. Mostrar interés es bueno, pero un exceso puede resultar contraproducente.
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