Icíar, psicóloga: “No todo lo que pasa a tu alrededor tiene que ver contigo”

La tendencia a sentirnos protagonistas de todas las historias, impulsada por redes sociales y entornos permisivos, contribuye a la desconexión y la irritabilidad social

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Una persona egocéntrica. (Freepik)
Una persona egocéntrica. (Freepik)

“No me ha saludado, no me ha contestado todavía el mensaje, no me ha mirado bien. ¿Te suenan este tipo de pensamientos?”. Con esta pregunta arranca la psicóloga Icíar uno de sus vídeos en redes sociales, en el que pone el foco en un hábito mental tan extendido como poco cuestionado: interpretar automáticamente la conducta de los demás como algo personal.

Su propuesta es tan simple como reveladora. “Quita el me. No ha saludado, no ha contestado, no ha mirado bien. De repente la historia cambia”, explica. Para Icíar, el problema no está en lo que hacen los otros, sino en la narrativa que construimos a partir de ello. “Cuando interpretamos todo automáticamente a lo personal, vivimos en alerta constante”, advierte.

El planteamiento de la psicóloga apunta a desmontar una reacción casi automática: pensar que cualquier gesto ajeno tiene que ver con nosotros. Frente a ello, recuerda que muchas personas están “cansadas, distraídas, enfadadas, metidas en su propio mundo, en sus propios problemas”.

La consecuencia de cambiar esa mirada es inmediata: “Cuando aprendemos a no llevarnos todo lo que nos pasa a nosotros mismos, aparece algo maravilloso: calma”. Y matiza: “No tomarte todo como algo personal no es indiferencia ni egoísmo, es dejar de cargar con historias, con situaciones, con gestos que no tienen nada que ver contigo”.

Algo con lo que coincide el médico Mario Alonso Puig: “La enfermedad silenciosa más peligrosa de nuestros días es el egocentrismo; el estar centrado en uno”, ha afirmado en un vídeo difundido en su cuenta de TikTok.

Lejos de referirse a una patología clínica, Puig describe una forma de mirar el mundo que deteriora los vínculos. “Ese egocentrismo nos convierte en personas excesivamente materialistas, tremendamente individualistas”, sostiene, alertando de una desconexión progresiva de los demás y del entorno.

Una persona egocétrica. (Freepik)
Una persona egocétrica. (Freepik)

Qué es el egocentrismo y por qué no siempre es patológico

Desde la psicología del desarrollo, el egocentrismo no es en sí mismo anormal. El psicólogo Jean Piaget explicó que los niños pequeños son egocéntricos porque aún no distinguen entre su perspectiva y la de los demás.

Sin embargo, cuando esta tendencia persiste en la adultez, puede manifestarse en forma de necesidad constante de atención, dificultad para empatizar, resistencia a la crítica o una autoimagen sobredimensionada. Aun así, no siempre implica un trastorno como el narcisismo, sino que puede surgir de factores educativos, culturales o emocionales. Entre ellos destacan entornos de crianza permisivos, experiencias de rechazo o abandono, y una inseguridad encubierta que lleva a buscar validación constante como mecanismo de defensa.

En paralelo, algunos expertos han comenzado a hablar del llamado “síndrome del personaje principal”, una etiqueta no clínica que describe a quienes se perciben como el centro absoluto de la narrativa, propia y ajena. Este fenómeno, impulsado en parte por las redes sociales y la cultura individualista, refuerza la idea de que todo gira en torno al “yo”, lo que puede distorsionar la forma en la que interpretamos las relaciones y los comportamientos de los demás.

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De la interpretación personal a la “sociedad enferma”

El impacto del egocentrismo, para Mario Alonso Puig, trasciende lo individual. El especialista advierte de que esta actitud alimenta “una sociedad enferma”, caracterizada por la irritabilidad, la desconexión y la falta de empatía. El resultado, en sus palabras, es un bucle de “mí, para mí, lo mío” que dificulta la cooperación y la comprensión mutua.

Frente a este escenario, tanto Icíar como Puig coinciden en la necesidad de desplazar el foco del yo. La psicóloga lo plantea desde lo cotidiano, cuestionando nuestras interpretaciones automáticas; el médico, desde una perspectiva más amplia, como una condición para recuperar el equilibrio social y emocional. “Hasta que no nos abramos a la otra persona, hasta que no descubramos lo que hay más allá de este yo egoico, seguiremos experimentando los síntomas de una sociedad enferma”, concluye Puig.