
Durante años, los conductores españoles se acostumbraron a que el diésel fuera más barato que la gasolina. Sin embargo, en los últimos días la situación se ha invertido en muchas estaciones de servicio, provocando sorpresa entre quienes repostan habitualmente este combustible. Los datos muestran que el precio del diésel ha superado al de la gasolina, algo que rompe con la tendencia habitual del mercado y que tiene varias explicaciones relacionadas con factores internacionales, fiscales y de demanda energética.
El cambio en los precios no es una percepción aislada. Los registros diarios del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico muestran que la gasolina ha subido en torno a un 11,2% desde finales de febrero, alcanzando aproximadamente los 1,647 euros por litro. En el mismo periodo, el diésel ha aumentado un 22,4% hasta situarse cerca de los 1,759 euros por litro. Esta diferencia provoca que los conductores paguen actualmente más por repostar gasóleo que gasolina.
La diferencia se nota especialmente al llenar el depósito. Un conductor con un coche diésel puede pagar unos 11 céntimos más por litro que quien utiliza gasolina. Si se toma como referencia un depósito medio de 50 litros, el coste adicional ronda los 5,5 euros cada vez que se reposta. Aunque pueda parecer una cantidad pequeña en una sola visita a la gasolinera, acumulada durante meses supone un gasto notable para muchos conductores.
Factores que condicionan los precios
Uno de los factores que explica esta subida está relacionado con las tensiones geopolíticas en Oriente Medio. El conflicto que involucra a Irán ha afectado a las rutas comerciales y a la estabilidad del mercado energético. En concreto, el bloqueo del estrecho de Ormuz, uno de los pasos marítimos más importantes para el transporte mundial de petróleo y productos refinados, ha limitado la disponibilidad de diésel en los mercados internacionales.
A esta situación se suma otra decisión que también ha reducido la oferta global. China ha restringido las exportaciones de productos refinados, entre ellos el diésel. Esto ha provocado que parte del suministro que normalmente llega a los mercados internacionales desaparezca o se reduzca, generando presión sobre los precios en Europa y otras regiones dependientes de importaciones.
El contexto del mercado energético también influye. Antes incluso de estas tensiones geopolíticas, el mercado del diésel ya se encontraba bastante ajustado. Europa depende en gran medida de las importaciones para cubrir su demanda porque muchas refinerías del continente están más orientadas a producir gasolina que gasóleo. Esa menor capacidad productiva hace que cualquier interrupción en el suministro tenga un impacto inmediato en los precios.
Además, el diésel no se utiliza únicamente en los coches. Este combustible tiene una gran presencia en sectores como el transporte de mercancías, la industria o los sistemas de calefacción. Durante los meses de invierno, la demanda suele aumentar precisamente por su uso en calefacciones y maquinaria industrial. Este incremento del consumo reduce las reservas disponibles en regiones como Europa y Estados Unidos, lo que contribuye a tensionar el mercado.

El gasóleo tiene menor carga impositiva
Otra razón por la que el diésel reacciona con mayor intensidad a las crisis internacionales es su mayor dependencia de la logística global. Cuando se producen conflictos en zonas clave para el comercio energético, las cadenas de suministro se vuelven más frágiles. En ese escenario, el gasóleo suele experimentar subidas más rápidas que la gasolina, ya que su demanda industrial es más difícil de sustituir.
En condiciones normales, la situación suele equilibrarse en España gracias a la política fiscal. El gasóleo tiene una carga impositiva menor que la gasolina, especialmente en el impuesto especial de hidrocarburos, donde paga aproximadamente 10 céntimos menos por litro. Esa ventaja fiscal es la que históricamente ha mantenido el diésel más barato en las estaciones de servicio.
Sin embargo, cuando la cotización internacional del diésel refinado sube con tanta intensidad como en las últimas semanas, esa menor carga fiscal deja de ser suficiente para compensar la diferencia. El resultado es el que muchos conductores están viendo ahora en los surtidores: un precio final más alto para el gasóleo, incluso a pesar de que, sobre el papel, sigue teniendo impuestos más bajos que la gasolina.
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