¿Somos la primera generación que no podrá ver luciérnagas? Un estudio revela las causas de su declive a nivel mundial

Se han identificado más de 2.000 especies de luciérnagas a nivel global, mientras que en la Península ibérica se encuentran únicamente entre 11 y 13

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Los expertos se preocupan por
Los expertos se preocupan por las poblaciones de luciérnagas (Canva)

Pocas criaturas despiertan tanta fascinación como las luciérnagas, esos pequeños escarabajos capaces de iluminar la noche con pequeños destellos mientras van en busca de pareja. Existen más de dos mil especies en todo el mundo, aunque en la Península ibérica solo se registran entre once y trece, y en todas ellas únicamente las hembras emiten luz. De esta manera, cuando el calor llega al hemisferio norte, muchos buscan pasar una noche ideal con un espectáculo silencioso y centelleante.

No obstante, esa luz mágica se apaga poco a poco en muchos países. Así lo ha expuesto un estudio —'Illuminating patterns of firefly abundance using citizen science data and machine learning models’— publicado en Science of the Total Environment que apunta a una amenaza más grave de lo que se pensaba: el cambio climático. Estos insectos, que se refugian en zonas con agua estancada, pastizales densos y áreas boscosas, sobre todo en el periodo de reproducción, cada vez tienen menos terreno donde aparearse.

Pese a que esta disminución de población se ha alertado durante décadas en diferentes regiones del mundo, el trabajo liderado por investigadores de la Universidad de Kentucky y el Departamento de Agricultura de EE. UU. confirma estas preocupaciones, utilizando datos de más de 24.000 observaciones ciudadanas reunidas entre 2008 y 2016 a través del proyecto Firefly Watch.

Este volumen de datos permitió, por primera vez, analizar con herramientas de inteligencia artificial el efecto relativo de múltiples alteraciones ambientales sobre la abundancia de las luciérnagas nocturnas (familia Lampyridae). “Sabíamos que fenómenos como la pérdida de hábitat, los pesticidas y la contaminación lumínica afectaban a las luciérnagas”, señala Darin J. McNeil, autor principal, “pero al analizarlos a gran escala, queda claro que el factor climático es aún más importante de lo imaginado”.

Los expertos se preocupan por
Los expertos se preocupan por las poblaciones de luciérnagas (Canva)

Las temperaturas como paradoja climática

El desciframiento de los datos muestra que el clima —y en concreto, las temperaturas y los cambios asociados al calentamiento global— son el principal motor del descenso de las luciérnagas. El estudio revela que el número de “días grados de crecimiento” (una medida de acumulación de calor anual determinante para el insecto) tiene un peso fundamental sobre el éxito reproductivo de las luciérnagas y la supervivencia de sus larvas.

Los veranos más cálidos pueden inicialmente favorecer a las luciérnagas adultas, pero si la acumulación de calor y la reducción de humedad son excesivas, las poblaciones se colapsan rápidamente, convirtiéndose en una paradoja climática. Además, el incremento de temperaturas invernales altera la hibernación y el ciclo fenológico; algo que provoca desajustes críticos en el desarrollo de los huevos y larvas.

A estos factores se suman las alteraciones en el suelo: las luciérnagas dependen de suelos húmedos y ricos en nutrientes para poner huevos y para el crecimiento de las larvas, que viven bajo tierra y cazan otros invertebrados. Sin embargo, el aumento de áreas urbanizadas con alto porcentaje de superficies impermeables y suelos arenosos, que drenan rápidamente el agua, reduce dramáticamente la abundancia de luciérnagas. En algunos casos, con apenas un 5-10% de superficie sellada, ya se observa un descenso acusado.

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¿Y los pesticidas y la luz artificial?

Mientras tanto, el estudio de Darin J. McNeil, en contraposición a otras hipótesis, determina que el impacto directo de los pesticidas parece menos determinante en grandes regiones, especialmente porque los contadores ciudadanos registraron luciérnagas incluso en entornos agrícolas con carga moderada de toxinas. A pesar de ello, los investigadores advierten que hay altas probabilidades de que esta prevalencia se observe tan solo en unas pocas especies tolerantes; lo que dejaría a aquellas más sensibles invisibilizadas o extintas localmente.

Por su parte, la contaminación lumínica sí tiene un efecto negativo, ya que interfiere en los rituales lumínicos de cortejo, confundiendo a los machos y hembras e imposibilitando la reproducción. Aunque, de nuevo, su impacto suele estar estrechamente ligado a la urbanización y la pérdida de hábitats más que a la luz en sí, lo hace que sea casi imposible separar ambas amenazas.

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Los expertos se preocupan por las poblaciones de luciérnagas (Canva)

El futuro de las luciérnagas y sus ecosistemas

Para los autores, la conclusión es doblemente preocupante: el cambio climático emerge como la mayor amenaza, por encima incluso de la urbanización y el uso de pesticidas. “Si el calentamiento global y los eventos climáticos extremos continúan acelerándose, muchas regiones podrían perder a sus luciérnagas por completo”, asegura McNeil.

Frente a ello, proponen tres prioridades urgentes: ampliar y mantener programas de monitoreo ciudadano, mitigar el cambio climático global y promover prácticas de manejo del terreno pro-insectos, restaurando suelos y evitando sellados innecesarios. Al igual que se podría optar por iluminación exterior que minimice la contaminación lumínica y preservar los entornos naturales.

Sin las luciérnagas, desaparecen no solo noches mágicas, sino valiosos agentes de control biológico y clave en las cadenas tróficas. Y es que su ocaso es un aviso luminoso —y alarmante— sobre la salud de nuestros ecosistemas y del propio planeta.