Marcos, estudiante de veterinaria: “La explicación de por qué tu perro no para de ladrar va mucho más allá de la agresividad”

Los expertos identifican que el ladrido del perro suele estar más relacionado con los miedos y con la ansiedad

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Los ladridos de los perros
Los ladridos de los perros pueden reflejar distintas situaciones. (Montaje Infobae)

Muchos dueños se preguntan por qué su perro no para de ladrar, convencidos de que la raíz del problema es la agresividad. Sin embargo, la explicación de los expertos va mucho más allá y requiere mirar con otros ojos a los perros con los que convivimos en casa. Marcos, estudiante de veterinaria, lo deja claro a través de su cuenta de TikTok (@marcosconecta.oficial): “La agresividad en perros no tiene absolutamente nada que ver con que tu perro sea malo o sea agresivo, valga la redundancia. Tiene que ver con ira, con frustración y con miedo”.

A menudo, la escena se repite: un paseo tranquilo se ve interrumpido por un estallido de ladridos al cruzarse con otro perro, generando incomodidad y dudas sobre el comportamiento del animal. El estudiante explica que no está solo el problema de la intensidad del ladrido, sino la dificultad para entender qué lo motiva y cómo responder.

“La clave para comprender los ladridos está en aceptar que los perros no ladran para molestar ni para desafiar”, asegura Marcos. A lo largo del vídeo el experto explica que el ladrido “es una forma de comunicar una emoción básicamente”, y no una herramienta de comunicación activa como el habla humana.

¿Por qué los perros ladran tanto?

La creencia popular suele vincular el ladrido con un problema de conducta o con la simple desobediencia. Sin embargo, la voz de especialistas y educadores caninos desmonta ese mito. El miedo y la ansiedad social son los únicos motivos por los que un perro ladra a otro durante los paseos. En palabras de Marcos, los perros que atacan o ladran en exceso lo hacen por miedo e intentan defenderse. “Cuando lo hacen por ira buscan que el otro se aleje o por frustración, porque desean llegar a un lugar o conseguir algo y no pueden”, explica.

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La adiestradora Sonia Losada, especialista en educación canina, señala que los perros ladran más cuando experimentan estrés o ansiedad. Lugares como las perreras, donde el nerviosismo es constante, están repletos de ladridos, porque las emociones se amplifican en ambientes tensos. Además, Losada diferencia los tipos de vocalizaciones caninas en lloriqueo, aullido, gruñido y ladrido y estos reflejan diversos grados e intensidades emocionales. “El ladrido de miedo tiende a ser más grave, a menudo acompañado de un gruñido, mientras que el de ansiedad social suele ser más agudo”.

Losada explica que tampoco hay que olvidar el “contagio emocional” entre perros. Como animales sociales, empatizan con los estados de ánimo ajenos y pueden iniciar una cadena de ladridos simplemente por escuchar a otros. “Ninguno utiliza el ladrido como forma de comunicarse con nosotros u otro perro, aunque sí que se contagia”, explica Losada. De fondo, siempre hay una emoción poderosa: miedo o deseo de vincularse con otros.

¿Cómo ayudar a tu perro a gestionar el ladrido?

El primer paso para ayudar a un perro que ladra en exceso es identificar si el origen es el miedo o la ansiedad social. Ambos requieren respuestas distintas, pero siempre alejadas del castigo o la regañina. Como recuerda el estudiante: “No saben que están haciendo algo malo, no les regañéis”. El miedo suele manifestarse cuando el perro intenta alejar a otro con su ladrido, mientras que la ansiedad social aparece en animales que desean relacionarse, pero no saben cómo hacerlo.

La importancia de entender por
La importancia de entender por qué ladra tu perro. (Freepik)

Para los perros que ladran por miedo, el consejo es sencillo: aumentar la distancia con otros perros y trabajar la reactividad de manera gradual. La meta es que, con el tiempo, el animal pueda pasear sin necesidad de ladrar a nadie. Los perros con ansiedad social se benefician de la socialización progresiva. Acercarse a otros perros solo cuando el propio no esté ladrando favorece el aprendizaje y reduce el nerviosismo. La recomendación es construir una pequeña red de “amigos” caninos, porque las personas no pueden suplir la necesidad de interacción entre perros.

“Entender que el ladrido es la manifestación de una emoción y no un acto de rebeldía permite abordar el problema desde la empatía y la paciencia”, concluye Marcos. Conocer el lenguaje de los perros y respetar sus tiempos es el primer paso para una convivencia más tranquila y feliz.