“Nos engancha porque es como una cadena, tienes que seguir mirando”: ¿qué opinan los adolescentes de que les quiten las redes sociales?

‘Infobae’ conversa con cuatro adolescentes, que se muestran reticentes a perder las pantallas, y con sus padres, que contemplan la medida con esperanza

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Una persona usa el móvil
Una persona usa el móvil en un concierto, a 4 de febrero de 2026, en Madrid. (Ricardo Rubio / Europa Press)

En España, los menores de 18 años tienen prohibido fumar, beber y apostar. El Estado los protege de su efecto nocivo y adictivo. Ahora bien, tienen vía libre en las redes sociales, que no solo generan adicción, sino que les exponen a todo tipo de riesgos. Un estudio de la Fundación ANAR, que presta ayuda a los menores ante situaciones que van desde el acoso escolar hasta la violencia de género, refleja que la tecnología no solo ha agravado los problemas que sufrían niños y adolescentes, sino que ha creado otros que no existían y a los que las familias se enfrentan sin apenas herramientas. Por eso, para la mayoría de expertos, la promesa del Gobierno de prohibir el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años es una buena noticia. Pero, ¿qué opinan ellos? Infobae ha conversado con cuatro adolescentes, que se muestran algo más reticentes, y con sus padres, que ven en esta medida con muy buenos ojos.

“No puedes usar más de un rato el móvil porque te va a gustar mucho”

Lucía tiene 12 años, va a sexto de Primaria y no tiene móvil, aunque le gustaría. Atiende una llamada con Infobae desde el de su madre, Patricia. Lucía tiene cuenta de Instagram, lo pactó así con su madre, que le ha explicado que aún no es adecuado que tenga uno para ella. Lucía lo entiende, pero eso no quita que envidie a sus amigas que ya lo tienen. En clase, cuenta, le han explicado los riesgos de las redes. “No puedes usar más de un rato el móvil, la tablet o la tele, porque si no te va a gustar mucho”, expone. Su madre la ayuda y le explica que lo que describe se llama dependencia.

Esa necesidad compulsiva podría afectar en España a uno de cada diez adolescentes. Según el Informe sobre adicciones comportamentales y otros trastornos adictivos 2025 que el Ministerio de Sanidad ha publicado esta semana, el 15,3% de los menores de entre 14 y 18 años hace un uso problemático de internet y las redes sociales. Lucía conoce el riesgo, por eso cree que la prohibición puede ser buena, pero pide alternativas: “Podrían hacer algo como Teams en el colegio para que los alumnos se puedan comunicar”.

Prevalencia de posible uso problemático
Prevalencia de posible uso problemático de redes sociales entre el total de estudiantes de Enseñanzas Secundarias de 14 a 18 años, según edad y sexo. (Ministerio de Sanidad)

Para su madre es una decisión completamente acertada. “Hay padres como nosotros que estamos detrás, y que les concienciamos. Mi hija está concienciada desde hace años del porqué no tiene ciertas cosas, del peligro que hay y los motivos. Pero una normativa nos ayuda a tener más fuerza, porque por mucho que yo le prohíba el móvil, hay padres que sí se lo dan a sus hijos, y que nos lo hacen más complicado al resto”, opina. En este sentido, agradece que parte de la tarea la asuman también en su colegio, donde recibe charlas de agentes de Policía y de expertos sobre los peligros de internet.

“No consumes mucho hasta que cada vez vas consumiendo más, más y más”

Pablo, de 16 años, estudia el bachillerato de Ciencias Sociales y también tiene redes sociales, pero no recuerda exactamente desde cuándo. Atiende a Infobae desde su propio teléfono, que tiene “desde que era muy pequeño”. “No me acuerdo de a qué curso iría”, apunta. Duda si estaba en quinto o sexto de primaria y si tenía 11 o 12 años. “La verdad, que empecé muy pronto, no lo usaba mucho, pero claro, no consumes mucho hasta que cada vez vas consumiendo más, más y más”, reflexiona.

Haciendo balance, dice, el móvil le roba más tiempo del que le gustaría. Pero, ¿cuánto es mucho? Lo puede ver en su dispositivo: “Por ejemplo, el sábado: 3 horas y 18 minutos en TikTok, 2 horas y 48 minutos en Instagram, una hora en WhatsApp. Sí, bastante tiempo, por desgracia”. Pero no se queda lejos de la media. La mitad de los españoles de 16 años pasa más de cuatro horas frente a la pantalla y un tercio supera las cinco horas cuando no tienen clase. Los días de instituto lo usan menos, pero no consiguen dejarlo de lado.

Frecuencia de uso de redes
Frecuencia de uso de redes sociales en los últimos 30 días entre el total de estudiantes de Enseñanzas Secundarias de 14 a 18 años, según edad y sexo. (Ministerio de Sanidad)

Pablo cuenta que cuando hace deberes o estudia, la tentación de apartar la mirada del cuaderno y pasarla sobre el móvil acecha. Esta semana tenía un examen de Economía y asegura que le habría dedicado mucho más tiempo de no haber tenido el móvil. No obstante, resiste mejor la tentación que algunos de sus compañeros. “Yo conozco a gente que lo mete en un cajón o se lo da su madre porque dice: ‘Si no, lo miro’. Lo tienen que tener fuera de la habitación. Yo lo dejo habitualmente boca abajo. Estudio y cada media hora lo miro. Si no me ha mandado nada, pues sigo, pero en el momento en el que veo una notificación, ya me pongo a hablar. O sea, que sí me quita bastante tiempo de estudio”.

”Se prestan a hacerse esa foto y mandársela a una persona que no conocen”

Pero la falta de concentración no es el único problema, ni el que más le preocupa. Comenta que tiene compañeros que comparten imágenes sexualizadas a través de sus redes sociales: “Conozco a gente que habla con otras personas y se dicen: ‘Mándame una foto… así… explícita’ y se mandan nudes”. "No sé si están acostumbrados, yo qué sé… pero piden unas cosas algunas veces, habitualmente, por Instagram", apunta, y añade que no entiende a los que “se prestan a hacerse esa foto y mandársela a una persona que no conocen, porque no sabes dónde va a acabar“.

Pablo, como Lucía, ha recibido charlas en el instituto —“del ciberbullying, de las redes sociales, de las conductas autolíticas y poco más” —, pero también antes cuando iba al colegio, aunque no cree que le hayan sido de utilidad. “Estabas ahí escuchando, pero es como si te están dando una clase como cualquier otra, porque empiezan a hablar y, si no es interactivo, pues quieras o no, acabas yéndote”, reconoce. Pero cree que lo útil sería que ese contenido permeara en alguna asignatura. Cuando sus compañeros están en Religión, él, junto a otros, va a un aula en la que asegura que pierden el tiempo. “Ahí deberían aprovechar”, apostilla.

Respecto a la prohibición, no cree que sea la mejor opción. Él, dice, establecería un límite de uso obligatorio, pero no las quitaría.

“Menos mal que mi madre me estuvo controlando”

África, de 16 años, y Eugenia, de 13 años, tienen teléfono y redes sociales, pero hablan con Infobae a través del de su madre, Carmen. La mayor de las hermanas fue la primera en acceder a las plataformas. “Yo me las instalé al principio a escondidas de mi madre, porque no me dejaba tenerlas y tenía 12 o 13 años“, cuenta. Utiliza WhatsApp e Instagram, pero, sobre todo, TikTok. Calcula que pasará más de tres o cuatro horas al día frente a la pantalla y la mayor parte del tiempo se dedica a hacer scroll. Y, si echa la vista atrás, cree que fue un error tenerlas siendo tan pequeña. “Menos mal que no me dejó antes y que me estuvo controlando para que no subiese nada que no debía porque éramos muy pequeñas y no teníamos conciencia”, opina, ahora, con algo más de experiencia: “Ha sido un poco de todo, sobre todo por situaciones que le han pasado a mis amigos o a gente conocida, que llegas a pensar: ‘Menos mal que mi madre me estuvo controlando y no me he visto en ese tipo de situaciones’”, insiste.

Eugenia también tiene redes: "TikTok lo tengo desde hace tres años, que es cuando me dieron el móvil, e Instagram me lo creé hace un mes o así. Instagram porque lo tenían mis amigas y TikTok porque lo había escuchado de mi hermana antes y, pues, yo decidí instalármelo a finales de sexto. Y sí, a mí me parece que puede ser peligroso, pero ninguna de mis amigas ni yo subimos nada. Entonces, no hay problema”, comenta. Tiene instalado el control parental, pero también dedica más de dos horas al teléfono. “Nos engancha porque es como una cadena, pasas un vídeo y ya tienes que seguir mirando”, apunta.

Dos adolescentes usan el teléfono
Dos adolescentes usan el teléfono móvil, a 1 de febrero de 2024, en Barcelona. (David Zorrakino / Europa Press)

“Conozco gente que ha dejado de comer durante días solo para adelgazar y verse como la gente de redes”

Ambas, dicen, están concienciadas sobre lo nocivas que pueden volverse las redes sociales. Las dos han recibido charlas en clase desde que van al colegio y les han explicado los peligros ante los que tienen que estar atentas, tanto los relacionados con las personas con las que interactúan, como con cómo les afecta el contenido que consumen. África, la de 16 años, señala que “hay muchos filtros, y luego en persona, pues no son como se ponen”. Aun así, tiene compañeras que no tienen una relación sana con su propia imagen, “que piensan que su cuerpo no está bien por lo que ha subido una influencer”. “A mí tampoco me ha pasado lo que dice mi hermana —apunta Eugenia—, pero conozco a gente que ha dejado de comer durante días solo para adelgazar y verse como la gente de las redes”.

Por ello, para África sería positiva la prohibición. “No porque yo ya lo haya pasado, sino porque es una edad en la que no hace falta utilizar el móvil y que causa muchos problemas al fin y al cabo, porque son niños que todavía no son conscientes del daño que pueden hacer las redes sociales”, afirma. Al contrario, a Eugenia le parece excesivo: “Yo pienso que no es necesario quitar todas, porque he visto que también nos quieren quitar WhatsApp, y yo prohibiría solamente Instagram y a las demás les pondría el límite de uso”.

“Yo estoy totalmente a favor de la prohibición en menores”, dice Carmen, su madre, y agrega: “Ellos no tienen autocontrol, pero ni con trece, ni con quince, ni con dieciséis. Y es verdad que están concienciadas, pero aun así, yo tengo que pasar a su habitación y decirles que se acabó, porque si no, están enganchadas”. Y más allá de esa adicción, está lo que escapa del alcance de los menores, aunque no alcancen a entender la dimensión de los riesgos: “Es cierto que les han dado muchísimas charlas en el colegio: la policía, de ciberseguridad para las compras, de subir foto… Y cuando vamos de viaje y suben fotos, yo les digo: ‘Pensad que nos está viendo todo el mundo, y le estamos dando pistas a la gente de dónde estamos’; pero también me preocupa, si salen de fiesta y una amiga sube una foto y esa foto se va a quedar para siempre porque eso no se puede borrar”.