
El martes pasado, Juan M. F., se presentó voluntariamente en el cuartel de la Guardia Civil de Sueca (Valencia) con cortes en las manos y los zapatos manchados de sangre, y confesó el asesinato de Álex, un menor de 13 años amigo de su hijo. El juez decretó prisión provisional, comunicada y sin fianza, haciendo referencia a “indicios racionales, firmes y sólidos” basados en la confesión y en la violencia reflejada en la autopsia.
El sábado por la tarde, en una vivienda de la calle Trinquet Vell de Sueca, Juan Francisco, de 48 años, mató a Álex tras propinarle cerca de una veintena de cuchilladas, una de ellas tan violenta que atravesó el esternón y alcanzó el corazón. Antes, según la investigación, lo había golpeado repetidamente con un bate de béisbol hasta romperlo por la mitad.
El día de los hechos, ni el padre de Álex ni el propio acusado querían que el menor acudiera a la casa. El asesino confeso llegó a ofrecer 15 euros a su hijo para que se fuera a jugar a la calle, pero el niño insistió porque quería que Álex le instalara algo en el ordenador. Según el relato oficial, en la vivienda se encontraba el hijo del agresor, quien estaba jugando con Álex cuando este fue al baño. Escuchó fuertes golpes y al acercarse vio a su padre junto al cuerpo del amigo.
Fue entonces cuando Juan Francisco le dijo: “¿Cómo he podido hacer esto? ¡Cuánto daño me ha hecho tu madre! Ya está hecho”. Insistió después en responsabilizar a su expareja del hecho: “Al final tu madre lo ha conseguido. Súbete al coche, que te voy a llevar a casa de tu abuelo”. El niño le pidió que no se quitara la vida, y el padre le dijo que no se preocupase, que iría a entregarse a la Guardia Civil.

“Muy difícil, si no imposible” que Juan Francisco asesinase a Álex por un ataque de locura
El martes, Juan Francisco compareció ante el juzgado de Sueca entre los improperios de la familia y vecinos de la víctima. Reconoció la autoría del crimen, pero se negó a responder a las preguntas de su abogado y del fiscal, mostrándose incapaz de explicar cómo ni por qué mató a Álex. Sí relató lo que hizo antes y después, pero afirmó no recordar el momento central de la agresión, alegando un “ataque de locura” y que su mente se había quedado en blanco. En todo momento se mostró bloqueado y llorando. Negó que su hijo o cualquier otra persona estuvieran involucrados.
Ruth Pérez, psicóloga forense consultada por este medio, considera “muy extraña” esta hipótesis, porque “la locura no viene y va”. “Tendría que haber evidencia previa de que esta persona tenía problemas mentales. Con los datos que se han aportado” - que, insiste, son insuficientes como para hacer una valoración sin sesgo - “es muy difícil, si no imposible, desde el punto de vista forense”, que sea esta la explicación.
Es habitual, explica, que los asesinos intenten escudarse en una supuesta enfermedad mental, ya que puede suponer la aplicación de un eximente o un atenuante. Un trastorno o enfermedad mental, eso que el acusado llama “locura”, "no aparece de repente", sino que “empieza a una edad determinada, en general, o hay factores que te predisponen (...), pero tiene un avance biológico que se va a desarrollar”. Lo que asegura Juan Francisco, sin embargo, de que le ha dado un “ataque de locura y no ha sido consciente de lo que ha hecho, no es posible“: “si no tenía ninguna enfermedad mental previa, esto de ‘no me acuerdo’ no puede ser”.
Explica que un trastorno mental que pueda llevar a actuar de esta manera, perdiendo la conexión con la realidad o impidiendo el control de impulsos “no pasa desapercibido”, por lo que debe considerarse el hecho de que el asesino confeso no tenga un historial clínico previo. “Si tenía hasta la custodia, es muy raro”, valora. Lo que puede pasar desapercibido, sin embargo, es “que él tenga un trastorno de la personalidad, imaginemos, antisocial (...), pero eso no exime de la pena de prisión”.

Debe diferenciarse entre un trastorno de la personalidad - que puede llevar a actuar con impulsividad y violencia sin suponer una desconexión de la realidad (y, por tanto, no exime de responsabilidad) - y una enfermedad mental, que sí puede ser atenuante en caso de provocar que quien la padece no sea “consciente de lo que hace” o que no “entienda el sentido de lo que hace”, lo cual implicaría que tampoco es “responsable de lo que hace”. Imprescindible, entonces, ese matiz, porque el actuar con impulsividad no deja de suponer una decisión consciente. La psicóloga insiste, de cualquier manera, en recordar que la información sobre el caso es todavía escasa y que lo más probable es que, al implicar a dos menores de edad, siga siéndolo.
En cuanto a la hipótesis de violencia vicaria, lo considera plausible, si bien “extraño”, ya que esta suele ejercerse para hacer daño a las madres, pero “contra los hijos. Contra los amigos de los hijos es un poco extraño. No es habitual. No digo que sea imposible, pero lo lógico - por desgracia - habría sido hacer daño al niño. Pero no sabemos si intentó hacerle daño o si les hizo daño a los dos y solo mató a uno. No lo sabemos”. Esta hipótesis, entonces, es posible, “pero faltan muchos datos”.
Desde su ingreso en la cárcel de Picassent, el acusado ha optado por guardar silencio, sin mostrar arrepentimiento ni querer explicar lo sucedido. Su única respuesta en prisión ha sido “yo ya he dicho todo lo que tenía que decir”, en alusión a su declaración ante la Guardia Civil y el juez. Actualmente, se encuentra en el Pabellón de Enfermería del centro penitenciario, bajo protocolo de prevención de suicidios, acompañado de dos presos de confianza que garantizan su seguridad. No se ha detectado riesgo real de autolesión, ni se le ha apreciado ninguna enfermedad o patología de entrada, pero será evaluado periódicamente. Además, se ha activado una alerta especial para evitar que pueda coincidir con internos procedentes de Sueca o localidades cercanas, con el fin de prevenir posibles represalias.
Se espera que el asesino confeso sea sometido próximamente a entrevistas con psiquiatras forenses para elaborar el informe de imputabilidad, que esclarecerá si sus alegatos tienen algún respaldo psicológico o si, por el contrario, alegar un brote de locura y amnesia no ha sido más que un intento por eludir la responsabilidad.
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