Desarrollan un medicamento contra un tipo agresivo de cáncer de cerebro que hasta ahora no tenía tratamiento eficaz

Del primer grupo de 24 pacientes tratados, un 58 % con tumores de alto grado no han experimentado progresión durante los seis meses posteriores al inicio de la terapia

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Imagen de una resonancia magnética
Imagen de una resonancia magnética del cerebro (Shutterstock)

Un medicamento usado tradicionalmente para algunos tipos de cáncer de mama se ha mostrado eficaz en pacientes con meningiomas agresivos. Este tipo de cáncer, que se origina en las células de las meninges (las membranas que rodean el cerebro y la médula espinal), constituye el grupo más frecuente de tumores cerebrales primarios. La investigación ha sido liderada por la Alliance for Clinical Trials in Oncology y publicada en la revista Nature Medicine.

Aunque no se trata realmente de un tumor, sí comprime el cerebro, los nervios y los vasos cercanos. Además de los riesgos propios de cada tumor por su tamaño y localización, es característico de los meningiomas un riesgo elevado de trombosis venosa profunda y tromboembolismo pulmonar, recoge la Clínica Universidad de Navarra.

En la mayoría de los casos, resultan benignos o controlables mediante tratamientos convencionales. Además, los meningiomas constituyen el grupo más frecuente de tumores cerebrales primarios. No obstante, existen variantes más agresivas asociadas a determinadas mutaciones genéticas, especialmente en los genes NF2 y alteraciones en la vía CDK, que pueden llegar a ser letales. Para quienes sufren meningiomas malignos que reaparecen o progresan pese a la cirugía y radioterapia, las alternativas disponibles hasta ahora eran muy escasas.

Un cáncer con pocas opciones

Desde el Mass General Brigham Cancer Institute de Boston (Estados Unidos), la neurooncóloga Priscilla Brastianos, autora principal del estudio y copresidenta del Comité de Neurooncología de la Alliance, ha subrayado en declaraciones recogidas por Medical Xpress que la oferta terapéutica para pacientes con meningiomas recurrentes o progresivos de alto grado ha sido tradicionalmente muy limitada, y que los ensayos previos con tratamientos médicos no han resultado satisfactorios.

Abemaciclib se ha administrado en este ensayo a personas cuyos tumores mostraban mutaciones en NF2 o alteraciones en la vía CDK, que son condiciones asociadas a una evolución más desfavorable. Antes de su participación en la investigación, todos los pacientes habían recibido cirugía, radioterapia o ambos tratamientos.

Episodio: Prevención del cáncer.

Sacar el ADN del tumor para un mejor tratamiento

Este estudio destaca además por haber sido el primero a nivel nacional que seleccionó a los participantes en función del análisis genético del tumor, lo que permite acercarse a un modelo de medicina de precisión. Este experimento supone un avance por demostrar la viabilidad de ensayos diseñados en función de la genética tumoral, abriendo la puerta a que tratamientos personalizados puedan ofrecer mejores resultados.

En el desarrollo del ensayo clínico, los participantes recibieron de media nueve ciclos del medicamento, que actúa como inhibidor de CDK y está aprobado para ciertos subtipos de cáncer de mama. El seguimiento ha revelado que, del primer grupo de 24 pacientes tratados, un 58 % con tumores de alto grado no han experimentado progresión durante los seis meses posteriores al inicio de la terapia. Este dato contrasta con datos históricos de investigaciones previas, en los que la cifra de pacientes sin progresión tumoral a los seis meses tras ensayos con otros tratamientos se situaba entre el 0% y el 29%.

En cuanto a los datos de supervivencia, el seguimiento ha mostrado que la supervivencia libre de progresión media en el ensayo ha alcanzado los diez meses, mientras que la supervivencia global se ha situado en veintinueve meses. El perfil de efectos adversos observado en los pacientes tratados con abemaciclib ha coincidido con el ya conocido en su uso frente a otros tipos de cáncer: las reacciones más habituales han sido diarrea, fatiga, cefalea y náuseas o vómitos. Aproximadamente una cuarta parte de los participantes ha desarrollado algún efecto secundario severo (de grado 3 o 4) que podría atribuirse posiblemente al fármaco.