
¿Alguna vez has tenido la sensación de que los días, los meses o incluso las horas se escapan cada vez más rápido? Cuando somos niños, todo parece más intenso y los días se sienten eternos, pero a medida que crecemos, el tiempo parece acelerarse y los años parecen pasar volando.
Aunque, objetivamente, los días sigan teniendo 24 horas, esta percepción de que todo pasa más rápido no es casualidad. De hecho, numerosos estudios neurocientíficos han explicado el motivo por el que ocurre este fenómeno.
La clave de este proceso está en nuestro cerebro. Durante nuestra niñez y adolescencia hay numerosos cambios: cambias todos los años de clase, conoces a niños nuevos y juegas con tus amigos. Sin embargo, cuando creces y estableces una rutina, los días se vuelven repetitivos y el cerebro empieza a automatizar mecanismos.
La razón por la que el tiempo pasa más rápido con el paso de los años
Tal y como explica el doctor Carlos Cenalmor en su cuenta de TikTok (@dr.carloscenalmor), cuando establecemos rutinas muy rígidas, el cerebro tiende a funcionar en piloto automático. Esto se trata de una estrategia evolutiva que hemos desarrollado con el paso de los años.
Al automatizar acciones que ya dominamos, nuestro cerebro ahorra energía y se concentra en otras tareas que requieren más atención. Sin embargo, esta eficiencia tiene un efecto curioso sobre nuestra percepción del tiempo.
Este fenómeno explica el motivo por el que guardamos menos recuerdos. Al dedicar menos energía a retener información, se crean menos recuerdos, lo que también contribuye a que tengamos la sensación de que el tiempo pasa más rápido.
La memoria y la percepción temporal están estrechamente ligadas. Cuanto más novedosa o intensa es una experiencia, más lo recuerda nuestro cerebro, lo que genera una sensación de que el tiempo ha pasado más lento.
Por el contrario, cuando repetimos la misma rutina día tras día, los eventos se perciben como una continuidad uniforme y monótona, lo que provoca la sensación de que el tiempo se acelera.
La neurociencia recomienda buscar experiencias nuevas, pues tiene un impacto directo en nuestra percepción del tiempo. Aprender a hacer algo desde cero, visitar lugares desconocidos o simplemente cambiar pequeños hábitos diarios obliga al cerebro a prestar atención y registrar más detalles.
Pequeños cambios para mejorar tu percepción del tiempo
La sensación de que el tiempo vuela suele aparecer cuando seguimos la misma rutina día tras día. Una forma sencilla de contrarrestarla es introducir pequeños cambios en la vida diaria.
No hace falta tener grandes aventuras: probar un nuevo camino al trabajo, descubrir un café diferente, cambiar el orden de las tareas o dedicar unos minutos a un hobby desconocido puede hacer que las jornadas se sientan más largas.
Cuando rompemos la monotonía, el cerebro presta más atención y registra más detalles de cada momento. Esto hace que, al mirar atrás, los días parezcan más completos y llenos de experiencias, y que la sensación de que el tiempo se acelera disminuya.
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