
En Sodeto, un pequeño pueblo agrícola de la comarca de Los Monegros, en Huesca, que le tocara la Lotería de Navidad no significó coches de lujo ni cambios ostentosos. No hubo Ferraris ni Lamborghinis recorriendo sus calles, pero sí algo que muchos de sus vecinos necesitaban con urgencia: un salvavidas económico.
Cada año, el sorteo de Navidad —El Gordo— despierta ilusión en todo el país. En Sodeto, esa ilusión estaba especialmente arraigada. “Ir a Sodeto y vender lotería es un éxito, nos gastamos todo nuestro dinero en comprar”, explica José Manuel Penella, alcalde del municipio, en declaraciones recogidas por Euronews. Y no era casualidad: la comunidad llevaba años compartiendo décimos casi como una tradición colectiva.
El 22 de diciembre de 2012, sumidos en la crisis económica, el número repartido entre las cerca de 80 familias del pueblo resultó agraciado con el primer premio. Para muchas de ellas, que atravesaban serias dificultades económicas, fue una transformación radical. Entre los ganadores estaba el propio alcalde. “Cuando dijeron que había tocado la lotería en Sodeto, yo no sabía si mi familia había comprado un boleto. Llamé a mi mujer, pero no había manera de contactar con ella”, recuerda. A él y su familia le correspondieron más de 400.000 euros.
Rosa Pons, vecina del pueblo, escuchaba el sorteo por la radio cuando oyó el número ganador. “Corrí a la plaza del pueblo con un megáfono para anunciarlo. Todos nos abrazamos, lloramos, reímos. No sabíamos la cantidad de dinero exacta que nos había tocado, pero lo que sí era seguro es que habíamos ganado algo”. Y no fue poca cosa: nadie ganó menos de 120.000 euros y algunos recibieron cientos de miles y otros rozaron el millón.

Un premio que les cambió la vida
La lotería llegó cuando más falta hacía. La mayoría de los vecinos eran agricultores y venían de realizar una inversión muy costosa en sistemas de riego más eficientes. Las deudas, los bancos y la incertidumbre asfixiaban a muchas familias. Otras veían cómo sus hijos se marchaban a la ciudad porque el futuro en el pueblo no estaba asegurado.
Por eso, cuando las cámaras preguntaron a uno de los jóvenes del municipio qué se compraría con el dinero, su respuesta se convirtió en anécdota: “Un chisel”. “A día de hoy nos seguimos riendo con su respuesta. Todos pensaban que era una marca de coches de lujo, y realmente es un apero agrícola”, cuenta el alcalde. “El sueño de cada uno, en ese momento, era trabajar”.
El premio reforzó la vida local. “Cuando te toca la lotería todo el mundo cree que te irás al Caribe, pues eso no fue el caso aquí”, señala Penella. “No hay ostentación de lujos, pero sí ha mejorado la calidad de vida”.
Esa mejora se tradujo en cosas concretas: hijos que pudieron quedarse en el pueblo, casas compradas, negocios familiares ampliados. El propio alcalde pudo contratar a diez trabajadores y renovar maquinaria. “¿Qué hubiese sido de la vida de mi hijo sin ese dinero? No lo sé. Hubiese tenido que irse de aquí, pero esto le permitió cumplir su ilusión”. Por su parte, Rosa lo resume así: “Fue un balón de oxígeno enorme para muchas familias”.
Antes del premio, los agricultores negociaban créditos al límite. “Tenían que ir detrás de los bancos para ver cuánto dinero podían prestarles, a qué tipo de interés. Fue una ardua negociación”, recuerda Rosa. Después del sorteo, la situación se invirtió. “Los que iban detrás de la gente eran los banqueros para ver en qué entidad depositarían todo el dinero que habían ganado”, explica a Euronews.
El dinero no da la felicidad, pero ayuda
También llegaron los anuncios de lujo. “Los buzones estaban llenos de publicidad: casas, coches caros, viajes de ensueño”. Y hubo un boom de reformas. “No se podía andar por la calle, había obras en todas las casas”.
Once años después, sus vecinos coinciden en que el dinero no transformó la esencia del pueblo, pero sí su relación con la vida diaria. “El dinero no da la felicidad, pero sí nos ha dado un respiro”, explica Rosa. “Ya no hablamos de si tenemos suficiente para llenar el coche de gasolina, no preguntamos el precio de las cosas básicas. Eso es lo que ha cambiado: esas pequeñas cosas”.
En Sodeto, la Lotería de Navidad no creó ricos extravagantes. Creó algo menos llamativo, pero mucho más duradero: seguridad, trabajo y la posibilidad de las nuevas generaciones de quedarse junto a su familia.
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