
La lluvia es uno de los mayores riesgos que afectan a las carreteras. Ante esta circunstancia, la conducción exige una atención extrema y la aplicación de medidas concretas para evitar accidentes graves. Los expertos advierten que la combinación de asfalto mojado, baja visibilidad y la posibilidad de perder el control del vehículo convierte a la lluvia en uno de los desafíos más frecuentes y peligrosos para los conductores.
Cuando las precipitaciones sorprenden al volante, existen distintos riesgos a los que hay que tratar de poner remedio. El peligro sigue existiendo, pero estar preparado reduce mucho las posibilidades de sufrir una desgracia. Un experto de la cuenta de TikTok Hoy Voy Autoescuelas explica las principales maneras de hacer frente a estos sucesos.
Luces y aire
La primera prioridad consiste en preservar la máxima visibilidad posible. El empañamiento de los cristales es uno de los problemas más habituales en estas circunstancias. Para mitigar esto, una de las medidas más eficientes es activar la calefacción o aire acondicionado y orientar el caudal de aire hacia la luna delantera mediante la función antivaho que integran la mayoría de los vehículos modernos.
A esta medida debe sumarse el uso adecuado de los sistemas de luz del automóvil. La intensidad de la lluvia reduce la luminosidad ambiental y puede provocar que el día adquiera una tonalidad similar a la del atardecer. Para que el vehículo sea percibido por el resto de los usuarios de la vía desde una distancia suficiente, es imprescindible activar las luces de cruce en cuanto comienzan las precipitaciones.
En momentos de lluvia densa, la recomendación se amplía con la activación de la luz antiniebla trasera, presente en todos los vehículos homologados para circular en territorio nacional. Estos sistemas no solo mejoran la visión frontal, sino que alertan a otros conductores y ayudan a mantener la seguridad colectiva.
Adaptar la velocidad y la distancia de seguridad
La reducción de la velocidad se posiciona como otro gran pilar de la prevención en días lluviosos. Los vehículos necesitan una mayor distancia para detenerse sobre asfalto resbaladizo, por lo que conviene ampliar sensiblemente el intervalo habitual de seguridad respecto al automóvil precedente.
El tiempo de reacción aumenta y los riesgos de colisión se incrementan con el estado húmedo de la carretera. Ajustar la marcha y moderar el ritmo son acciones prioritarias para mantener el control pleno en todo momento. Además, conviene vigilar la técnica de frenado y evitar movimientos bruscos sobre el pedal. Aumentar la suavidad en las maniobras ayuda a sortear imprevistos.
Uno de los incidentes más temidos por quienes circulan bajo la lluvia es el aquaplaning. Este fenómeno tiene lugar cuando la cantidad de agua en la carretera sobrepasa la capacidad de los neumáticos para evacuarla, lo que provoca que el vehículo pierda contacto con el asfalto. Si se percibe este efecto, lo recomendable es sujetar el volante con firmeza, mantener la calma y evitar frenar de forma abrupta. La dirección debe corregirse de forma gradual a medida que las ruedas recuperan la tracción.
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