
Para dar un beso hace falta mover 146 músculos, un movimiento que nos va a dar una sensación de relajación y afecto, que se convierte en un acto fundamental para el bienestar integral de las personas. De hecho, muchos pensarán en el famoso estudio de Arthut Szabo, profesor de la Universidad de Kiel, realizado en 1980, que indicaba: “Un marido que besa a su esposa todas las mañanas antes de ir a la oficina empieza el día con positividad. Su sensación de armonía se refleja tanto fisiológica como mentalmente”, lo que alarga su esperanza de vida.
Por su parte, el cardiólogo Mario Boskis explicaba el año pasado para Infobae que “se ha comprobado que al besarse, se generan estímulos en el cerebro que favorecen la liberación de la hormona oxitocina, la cual produce un sentimiento de afecto y apego, sumada a otra potente sustancia, la dopamina que genera un sentimiento de recompensa y placer”. De esta forma, se convierte en una acción imprescindible para muchos. Pero, ¿en qué momento ha adquirido esta habilidad el ser humano?
Y es que, según un estudio realizado por un equipo liderado por la Dra. Matilda Brindle y publicado en la revista Evolution and Human Behaviour, el beso boca a boca no se observa en todas las especies, sino que solo se percibe en los grandes simios y en el ser humano. Con esta observación, han rastreado el origen de esta acción hasta un pasado remoto común con otros animales que vivía hace más de 21 millones de años.

“Debieron intercambiar saliva durante cientos de miles de años”
Después de establecer una definición precisa y científica de lo que se considera un beso boca a boca -contacto oral no agresivo, dirigido “con algún movimiento de labios y sin transferencia de alimentos-, el equipo liderado por la Dra. Matilda Brindle, bióloga evolutiva de la Universidad de Oxford, ha delimitado las tres especies en las que se observan esos patrones. “Los humanos, los chimpancés y los bonobos se besan”, explica la especialista.
Aunque el boca a boca es único en estos animales, lo cierto es que el beso como comportamiento no se limita solo a la especie humana. Y es que también está presente en especies como lobos, perritos de las praderas, osos polares —que “dan besos muy apasionados, con mucha lengua”— e incluso albatros.
Ante esta exclusividad, los científicos parten de una hipótesis que ha dirigido el estudio: “Es probable que su ancestro común se besara”. Por este motivo, “creemos que el beso probablemente evolucionó hace unos 21,5 millones de años en los grandes simios”, afirma la doctora, según indica un artículo de la BBC.
Para llevar a cabo esta investigación, el quipo de científicos habría analizó pruebas genéticas y etológicas para profundizar el análisis evolutivo. Rastreando el camino evolutivo de la especie humana, los autores del estudio determinan que los neandertales, parientes humanos antiguos que se extinguieron hace cerca de 40.000 años, probablemente se besaban.
Al parecer, los estudios previos sobre ADN neandertal muestran que tanto humanos modernos como neandertales compartían un tipo de bacteria presente en la saliva. “Esto significa que debieron intercambiar saliva durante cientos de miles de años después de la separación de ambas especies”, explicó el Dr. Brindle.
El hallazgo introduce interrogantes sobre la función biológica y social del beso, ya que los científicos aún no han encontrado un beneficio claro para la supervivencia o la reproducción. Algunos especialistas proponen que esta conducta podría derivar del comportamiento de acicalamiento de los simios ancestrales o servir como método íntimo para evaluar la salud y compatibilidad de pareja.
Aun así los expertos dejan abierta la pregunta sobre su motivo. En palabras de la Dra. Brindle, “es importante que entendamos que esto es algo que compartimos con nuestros parientes no humanos”, sugiriendo así nuevas líneas de investigación sobre el papel y significado del beso en diversas especies a lo largo del tiempo.
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