
Andrés Mountbatten-Windsor, anteriormente conocido como duque de York, ha sido citado para comparecer ante el Congreso de Estados Unidos con el fin de declarar sobre sus vínculos con Jeffrey Epstein. El Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes, integrado por miembros del Partido Demócrata, ha remitido una carta formal al hermano del Rey Carlos III para solicitar su testimonio acerca de la información que podría aportar sobre personas relacionadas con la red criminal del empresario estadounidense.
“El Comité de Supervisión investigará las acusaciones de abuso contra Mountbatten-Windsor y recabará información sobre las operaciones, la red y los asociados de Epstein, basándose en la larga y bien documentada amistad entre ambos”, indica el comunicado divulgado por los demócratas. Robert Garcia, miembro demócrata de mayor rango en el organismo, subrayó la importancia de la comparecencia: “Los hombres ricos y poderosos han evadido la justicia durante demasiado tiempo. Ahora, el expríncipe Andrés tiene la oportunidad de decir la verdad y hacer justicia a las víctimas”.

La solicitud del Congreso llega en un periodo de intensa presión pública sobre el exmiembro de la familia real británica, cuya imagen se ha visto afectada de forma considerable por las revelaciones sobre su relación con Epstein. La semana pasada, el Palacio de Buckingham comunicó que Andrés Mountbatten-Windsor dejaría de utilizar el título de duque de York y solo sería conocido por su nombre completo. La medida responde a las controversias surgidas en torno a su amistad con el empresario norteamericano. Pese a que en 2019 aseguró que el vínculo se había roto en 2011, diversos correos electrónicos revelados por la prensa británica ponen en duda esa versión, arrojando nuevas sospechas sobre su testimonio en la BBC.
“Las normas de palacio no se aplican dentro de sus muros”
El hermano de Carlos III ha sido excluido del Registro de la Nobleza y afronta la posibilidad de un proceso penal privado por cargos que incluyen agresión sexual, corrupción y mala conducta en funciones públicas. Uno de los casos más notorios es el de Virginia Giuffre, quien denunció haber sido víctima de trata por parte de Epstein y había acusado a Mountbatten-Windsor de haberla agredido sexualmente cuando tenía 17 años. Giuffre, que falleció a principios de 2025, afirmó que fue obligada a mantener relaciones sexuales en tres ocasiones con el miembro de la realeza e incluso durante una orgía. En 2022, Andrés Mountbatten-Windsor alcanzó un acuerdo millonario en el ámbito civil por el caso, insistiendo en su inocencia y negando haber conocido a la denunciante.

En su comunicado de renuncia a los títulos reales, Andrés recalcó que consideraba falsas todas las acusaciones emitidas contra él. Por su parte, el rey Carlos III manifestó en un escrito su respaldo a las víctimas de abuso y explotación. Ante el revuelo, se especula que Andrés Mountbatten-Windsor podría abandonar su actual residencia en Royal Lodge para trasladarse a la finca de Sandringham, propiedad de la familia real, aunque otras fuentes plantean la posibilidad de que se mude a Abu Dabi.
La situación personal de Mountbatten-Windsor ha sido objeto de reportajes que describen su actual aislamiento. Según publica The Mirror, el hermano del rey pasa los días “vagando” por su vivienda, con una rutina marcada por el retiro social y el ocio doméstico. “Se dice que se levanta tarde, antes de desayunar. El desayuno está servido por su personal. Después, pasa gran parte del día en un amplio salón donde hay una pantalla gigante que ocupa casi toda la pared, jugando a videojuegos o viendo películas bélicas y retransmisiones de golf”, relata el medio británico. Además, mantiene exigencias que evocan su pasado como alteza real. Según informaciones referidas por el periodista Rob Shuter, Mountbatten-Windsor persiste en que se le trate como Alteza Real y exige a su personal hacer reverencias al entrar en su presencia. “Andrés ha dejado claro que las normas de palacio no se aplican dentro de sus muros. Insiste en que es su derecho de nacimiento, algo que el rey no puede arrebatarle”.
El testimonio de antiguos empleados describe a Mountbatten-Windsor como una persona de trato desafiante y actitudes altivas. Además, también han denunciado comportamientos de intimidación y exigencias poco habituales en la gestión doméstica. Charlotte Briggs, exempleada de Buckingham Palace, reveló que una de sus tareas consistía en ordenar los 72 peluches que el exduque mantenía en su cama, función que requería un protocolo estricto y varios minutos al día. “En cuanto conseguí el trabajo, me hablaron de los peluches y me explicaron hasta la saciedad cómo los quería. Incluso tuve un día entero de formación. Todo tenía que estar perfecto”, relató en declaraciones a The Sun.
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