Ocho años, ocho primeros ministros. El presidente francés Emmanuel Macron trata de desencallar a una Francia bloqueada políticamente y en números rojos, pero no es capaz de dar con la solución que encaje las piezas de la realidad política de su país. Tras el batacazo en las elecciones europeas, Macron decidió lanzar una moneda al aire para decidir el futuro de Francia, adelantando unas elecciones legislativas cuyo resultado, lejos de aclarar la situación, ha sido el de una Asamblea Nacional fracturada e ingobernable.
Desde entonces, se han sucedido tres jefes de gobierno. Su última apuesta, su ministro de Defensa Sebastien Lecornu, que accedió al cargo el pasado 9 de septiembre, dimitió 14 horas después de anunciar su gabinete tras desatar las críticas de la oposición y parte de la derecha.
Como ocurrió con el conservador y negociador del Brexit, Michel Barnier, y el centrista François Bayrou, Lecornu apostó por la misma fórmula eligiendo a un gobierno continuista. ¿Resultado? Francia vuelve a la casilla de inicio y no hay acuerdo para corregir la preocupante deuda del país. “Es difícil de entender que había en la mente de Macron y Lecornu presentando el mismo gobierno, con una gran medida impopular adicional”, señaló el jefe del Fondo Monetario Internacional, Olivier Blanchard.
Contra todo pronóstico, el presidente francés ha vuelto a apostar por lo absurdo, pidiéndole al ya dimitido Lecornu que lo intente de nuevo como encargado de “construir una plataforma de acción y estabilidad”, con fecha límite el miércoles por la noche. “He aceptado, a petición del presidente de la República, entablar últimas negociaciones con las fuerzas políticas para la estabilidad del país. Le diré al jefe del Estado el miércoles por la noche si es posible o no, para que pueda sacar las conclusiones que correspondan”, afirmó desde el Elíseo.
Si no acierta con esta última bala, a Macron no le quedarán cartas buenas con las que jugar, alimentando la idea de unas nuevas elecciones anticipadas y, algunos observadores apuntan, una posible dimisión anticipada del presidente francés. Ambos extremos de la política francesa desean esta realidad, señalándole como responsable de la deriva caótica del país.
“Emmanuel Macron, que se niega con demasiada frecuencia a admitir las evidencias, piensa que puede entablar un pulso con las instituciones y mantener la ilusión de un gobierno al margen de toda mayoría parlamentaria o popular. Ese es un camino sin salida [...] En este momento, el jefe de Estado tiene dos opciones posibles: o dimitir o disolver la Asamblea”, declaró la líder de Agrupación Nacional, Marine Le Pen.
El centro marca distancias con Macron
Pero incluso los líderes del bloque de centro quieren librarse de Macron. El ex primer ministro Gabriel Attal cuestionó públicamente las decisiones del presidente de la República en una aparición en el telediario vespertino de TF1. “Hubo disolución, y desde entonces ha habido decisiones que dan la impresión de una forma de determinación para mantener el control”, señaló el secretario general de Renaissance, quien se ha posicionado recientemente como el rival de Macron en la coalición presidencial.
El ex primer ministro Edouard Philippe (2017-2020), del partido de la coalición Horizons, ha sido la última voz en instar al jefe de Estado a programar su dimisión, según él, para organizar elecciones presidenciales anticipadas una vez que Francia apruebe el presupuesto para el próximo año. “No estoy a favor de una dimisión inmediata y brutal... pero [Macron] debe tomar una iniciativa”, ha declarado este martes.
En mínimos de popularidad
Macron llegó a las instituciones francesas como la figura del cambio, de un líder capaz de encontrar un consenso de las fuerzas de centro liberales para salvar a su país de los extremismos. Su mandato terminará en 2027 y, según ha repetido en varias ocasiones, tiene la intención de agotarlo.
Macron cosechó a final de este mes de septiembre el nivel de popularidad más bajo desde que llegó al Elíseo en 2017, con solo un 22% de opiniones favorables, según el instituto demoscópico Odoxa. Debilitado internamente, la continua inestabilidad en el país diluye también su influencia en la UE, después de llegar a ser uno de los líderes más influyentes como impulsor de la autonomía estratégica del bloque.
Por el contrario, la extrema derecha amadrinada por Le Pen y liderada por su delfín, Jordan Bardella, sería la gran beneficiada de una repetición electoral. Y es que la mayoría de sondeos les sitúa a la cabeza, aunque no suelen traspasar la frontera del 30% del apoyo. Con todo, Agrupación Nacional ya ha avisado que votará en contra de todo lo que no suponga “salirse de la línea del macronismo” y se muestra como preparados para liderar “el cambio”.
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