
El mes de octubre llega con la inauguración de nuevas exposiciones en la ciudad de Madrid. Entre ellas destaca la que presenta la Fundación Juan March, titulada “Robert Rauschenberg: el uso de imágenes”, una muestra monográfica dedicada al artista estadounidense considerado el puente entre el expresionismo abstracto y el pop art. Con motivo del centenario de su nacimiento, la fundación conmemora su ecléctica y multidisciplinar producción artística, devolviendo a la escena madrileña una obra que marcó un antes y un después en la historia del arte contemporáneo.
La exposición supone, además, un acontecimiento histórico: han pasado ya 40 años desde la última vez que la Fundación Juan March organizó una muestra dedicada a Rauschenberg. En esta ocasión, se revisa su manera singular de utilizar la fotografía y la imagen como dispositivos vertebradores de su propuesta creativa. El recorrido reúne una extraordinaria diversidad de materiales: pintura, collages fotográficos, ensamblajes, objetos encontrados e incluso experimentaciones con técnicas insólitas y materiales poco habituales, todo ello testimonio de su constante búsqueda de nuevos lenguajes visuales. Asistimos a una retrospectiva poco convencional, un viaje entre la versatilidad artística.

De esta manera, sus obras nos invitan a reflexionar sobre el diálogo entre disciplinas y la capacidad del arte contemporáneo de —a través de sus infinitas posibilidades— resignificar los objetos y los materiales, aportando nuevos y más complejos significados. Esta exposición en concreto abarca desde sus célebres Combines (1954-1964), donde fusionó pintura y collage fotográfico con objetos encontrados —a menudo desechos recogidos en la calle o en anticuarios—, hasta sus incursiones más experimentales con técnicas y materiales poco habituales en la práctica artística. Como él mismo afirmaba: “Un par de calcetines no es menos apropiado para hacer una pintura que la madera, los clavos, el aguarrás, el aceite y la tela”.
Una retrospectiva multicultural
La exposición, organizada en seis secciones, comienza con las primeras fotografías que Rauschenberg tomó en el Black Mountain College y en Nueva York en los años cincuenta. Después se muestran sus Combines y diferentes técnicas gráficas, y más adelante sus proyectos de escenografía y vestuario junto a la bailarina y coreógrafa Trisha Brown.
También incluye obras de la serie ROCI (Rauschenberg Overseas Culture Interchange, 1984-1991), en la que el artista trabajó con países donde la libertad de expresión o el acceso a la cultura occidental eran limitados, a menudo por regímenes totalitarios. Durante los años ochenta visitó diez países para representar su proyecto, y en esta exposición se presentan piezas dedicadas a Chile, Cuba, Venezuela y Estados Unidos.
A lo largo de su vida, Rauschenberg exploró pintura, escultura, performance y varias técnicas gráficas, rompiendo con la jerarquía tradicional entre disciplinas artísticas. Como señala la introducción del catálogo de la exposición: “En este centenario, el artista sigue muy vivo entre nosotros. No solo fue, como se ha argumentado, un creador bisagra entre el expresionismo abstracto y el pop, sino que su manera de concebir el arte y la práctica artística lo convirtieron en precursor de generaciones posteriores y movimientos artísticos como el ‘nouveau réalisme’ o el ‘arte povera’”.
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