Después de una semana de intensa campaña, el primer ministro francés, François Bayrou, no ha conseguido convencer al resto de fuerzas de la viabilidad de su plan de recortes presupuestarios para salvar las cuentas del país. Este lunes 8 de septiembre, el veterano político macronista se someterá a una moción de confianza que nadie vio venir y que, salvo un milagro, le derrocará 359 días después de su llegada a Matignon.
Después de meses de mantener una postura conciliadora y de no apoyar las diversas mociones de censura de la izquierda, la líder de la ultraderechista Agrupación Nacional, Marine Le Pen, anunció el pasado martes su intención de liquidar al Gobierno. No se ha dejado amedrentar por su inhabilitación política y está decidida a presionar al máximo al presidente francés, Emmanuel Macron, para que disuelva la Asamblea y convoque un adelanto electoral que la encarrile al poder. “Si la pregunta es: ¿Tenemos confianza en este gobierno? La respuesta es no, no la tenemos”, declaró Le Pen tras reunirse con Bayrou. Su delfín y actual presidente del partido, Jordan Bardella, secundó sus palabras, asegurando que “el milagro [un acuerdo presupuestario] no se produjo”.
La convocatoria de elecciones no parece ser la primera opción del presidente francés, que ya ha comenzado a buscar un sustituto. Agrupación Nacional es la primera fuerza política en el país, lo que invita a pensar qué ocurriría si Macron nombrara a Jordan Bardella o a Marine Le Pen para Matignon. No es imposible que esto ocurra. Ya sea una disolución de la Asamblea Nacional o una negociación por un futuro candidato, el partido ultra sale como el más reforzado del harakiri político francés y de esta situación de bloqueo.
“Todos menos la extrema izquierda”
Todo se debe a la normalización de la extrema derecha en la política francesa en los últimos meses. Agrupación Nacional ha dado bandazos entre un discurso radical y uno moderado, con el fin de dejar de ser percibida como una ‘amenaza’ para el país. Con el tiempo, esto ha dado sus frutos y ahora un futuro candidato de Agrupación Nacional podría contar con apoyos de algunas fuerzas que antes lo veían impensable. Este escenario se ha visto claramente tras las declaraciones de la derecha republicana, quien ha pasado de rechazar tajantemente cualquier candidato de los dos extremos políticos a hablar de “todos menos la extrema izquierda de La Francia Insumisa”.
De hecho, el expresidente de la República, el conservador Nicolas Sarkozy, no oculta su complacencia con la extrema derecha, a la que ya considera dentro del arco republicano y a quien ve como una candidatura realista, según declaró en una entrevista para el diario francés Le Figaro.
Esta aceptación también llega a los círculos empresariales, donde se ha visto al millonario Vincent Bolloré hacer campaña por el partido de Le Pen. ¿Y qué hay del resto de ciudadanos? La incapacidad de las demás fuerzas para desbloquear al país ha llevado a un malestar social donde muchos ven a este partido, no como algo bueno, sino como algo diferente que puede desatascar la situación. El partido de extrema derecha volvería a ser el más votado si se celebraran ahora las elecciones presidenciales en Francia, con el 31% de los votos en una primera vuelta y reforzado en una segunda por el debilitamiento del Frente Popular, según una encuesta realizada de Elabe para la cadena francesa BFMTV y el diario La Tribune Dimanche.
¿Confrontación o negociación?
Agrupación Nacional ya piensa en clave post-Bayrou, aunque no está clara su estrategia. Por un lado, insiste en que tumbará a cualquier Gobierno propuesto por Macron porque, “o será un presupuesto macronista, o será un presupuesto de izquierdas. En ambos casos, no nos conviene”, señaló Bardella, que hizo saber que su partido se encuentra en plena preparación ante la eventualidad de elecciones legislativas anticipadas.
Pero de puertas para adentro, en el partido estarían discutiendo repetir la estrategia negociadora. Esto es lo que señalaron representantes del partido al diario Politico, quienes afirmaron que podrían apoyar una candidatura de la derecha conservadora, de perfil similar al de Michel Barnier, el predecesor de Bayrou.
Un calendario tenso
Más allá de la decantada caída de Bayrou, el calendario está marcado por movilizaciones sociales que añaden más tensión al asunto. La primera está prevista el 10 de septiembre, cuando tendrá lugar una jornada de protestas convocadas en redes bajo el lema “Bloquear todo”. Más impacto se prevé para la segunda, el día 18 del mismo mes y convocada por los sindicatos, que podría desembocar en incidencias en el sistema ferroviario del país.
Macron quiere actuar rápidamente para nombrar un nuevo primer ministro y mira a su izquierda ante la inminente caída del Gobierno de François Bayrou. Pero esta misma fórmula ya la vimos con Bayrou. El resultado es el mismo: la Asamblea Nacional es ingobernable, la presión económica aumenta y la extrema derecha, aun con sus graves problemas judiciales, se ve como una opción creíble. De nuevo, la pregunta sigue ahí: ¿Qué hará Macron después del 8 de septiembre?
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