
El vuelo más corto del mundo pierde a su piloto más veterano. Colin McAllister, quien durante más de dos décadas fue la figura clave de la conexión aérea entre las islas del archipiélago de Orkney, ha aterrizado su último avión en el aeropuerto de Kirkwall, tal y como ha informado la BBC, poniendo fin a una carrera marcada por su cercanía con los pasajeros y la singularidad de la ruta: un trayecto de tan solo dos minutos entre Westray y Papa Westray, separados por apenas 2,7 kilómetros.
Una vida entre islas y turistas
El trabajo de McAllister era cualquier cosa menos rutinario. “No solo piloto la aeronave. Hago un poco de manejo de equipaje, ayudo a subir y bajar a la gente del avión, soy tripulación de cabina (azafato) además de primer oficial y capitán”, explica el piloto en declaraciones recogidas por la BBC. El contacto diario con los pasajeros, muchos de ellos isleños a los que fue conociendo a lo largo de más de 40.000 trayectos y 9.000 horas de vuelo, fue una de las razones por las que nunca perdió el entusiasmo: “Puedo compartir las emociones, escucho las risas, escucho los sollozos, es un trabajo bastante inmersivo”.
Estas rutas, junto con el servicio de ferry, son esenciales para la vida y la economía local. “Ambas formas de transporte están sintiendo la presión de la demanda”, subraya McAllister. Más allá del día a día, la peculiaridad del aeródromo y el espíritu aventurero atraen incluso a turistas y aficionados a la aviación, deseosos de vivir la experiencia del vuelo más breve del planeta.
De Safaris africanos a la costa escocesa
La historia que llevó a Colin McAllister a Orkney es realmente inspiradora: su pasión por la aviación surgió tras un viaje a Nepal, donde al sobrevolar los Himalayas vivió, según sus propias palabras, un “momento de iluminación”. Tras obtener su licencia de piloto, voló por Nueva Zelanda y trabajó en safaris de Botsuana: “La vida salvaje en la sabana es increíble. Al aterrizar en los aeródromos tenía que espantar manadas de elefantes y jirafas”.
Sin embargo, a pesar del atractivo exótico del continente africano, su identidad escocesa terminó pesando más: “No se puede vivir en el paraíso para siempre. Soy escocés y mi corazón me llamaba de vuelta a Escocia”.
A su regreso, McAllister se incorporó a la aerolínea Loganair y fijó su residencia en Orkney, donde comenzó a pilotar tanto los vuelos regulares entre islas como el servicio de ambulancia aérea a bordo de un avión modelo Britten-Norman Islander construido en 1965, al que califica como un “clásico absoluto”. El veterano piloto habla con cariño de la aeronave: “Es como una máquina del tiempo, un caballo de batalla increíble, como un tractor de los cielos, esencialmente“.
Casualidades y un final inolvidable
La fama de la ruta que ha llevado a cabo McAllister durante años ha atraído a rostros conocidos. El año pasado, McAllister transportó al equipo de rodaje de la película The Outrun, incluyendo a la actriz Saoirse Ronan. El piloto tuvo incluso un pequeño papel en la cinta, una experiencia que recuerda sorprendido: “Llegué al montaje final”.
Antes de su último despegue, McAllister reflexionó: “Estoy feliz de haber llegado hasta aquí, feliz de poder retirarme. No todos tienen la oportunidad de retirarse de un trabajo que disfrutan. Sin duda lo extrañaré. Cuando el avión vaya al hangar… me quedaré en el bar con un vaso en la mano y una sonrisa en la cara, y estaré allí hasta que cierre el aeropuerto”, explicó
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