
El ser humano parece ver cada vez peor. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte de que la prevalencia de la miopía está aumentando de forma considerable y calcula que para el 2050, más del 50% de la población mundial será miope. En España, la prevalencia ya es alta: tres de cada cuatro españoles dicen tener problemas de salud visual, principalmente miopía, que alcanza al 37% de la población, según datos de 2021.
Estos problemas de visión tienen especial incidencia en niños y adolescentes. Un estudio realizado por la Universidad Complutense en 2024 valora que el 19% de niños y niñas de entre 5 y 7 años padecen miopía y se estima que para 2030 la cifra ascienda por encima del 30%.
La miopía, además, es un problema que crece con el tiempo, pero valorar la graduación no es siempre tan sencillo como parece y, según el optometrista Gonzalo Bernabéu, se suele hacer de forma errónea. El especialista, director médico del HM Eye Center, asegura en un vídeo publicado en TikTok (@drgonzalobernabeu) que “ningún oftalmólogo ni ningún optometrista debe cambiar las gafas a un niño o a una persona joven de 20, 30 años, sin comprobar esa graduación bajo dilatación”.
“Estamos suponiendo un cambio”

Según explica el doctor Bernabéu, la dilatación de la pupila es necesaria para apreciar realmente el cambio en la capacidad visual. “Tanto el oftalmólogo como el optometrista, cuando gradúa un paciente y ve un cambio en la graduación, estamos suponiendo un cambio en la graduación, pero no lo podemos asegurar. Muchas veces acertaremos, pero hay que comprobarlo bajo dilatación”, defiende.
Según la Clínica Mayo, la dilatación ocular permite que entre más luz en el ojo y que el oftalmólogo vea mejor la parte posterior del mismo, lo que ayuda a diagnosticar enfermedades y afecciones comunes. En el caso de niños y personas jóvenes, permiten una medición más precisa de problemas de visión como la miopía o el astigmatismo, explican desde el Instituto Catalán de la Retina (ICR).
El especialista, por su parte, aconseja a los pacientes y clientes de las ópticas no fiarse directamente de la valoración de la medición que se haga y esperar para hacerse las gafas, “aunque sea posible y sea muy probable que eso sea así” y que el especialista haya acertado. Bernabéu asegura que todos los pacientes deben “ir al oftalmólogo a comprobar que ese cambio es real bajo dilatación”. “Porque ningún oftalmólogo, ningún optometrista, está capacitado para asegurar al 100% que ese cambio de graduación que él ha percibido sea real”, afirma.
A su parecer, hacerse las gafas de forma prematura en edades tan tempranas puede perjudicar la vista. “Hay pacientes, por el uso de pantallas, que fuerzan mucho el enfoque de cerca, lleva a un exceso de acomodación y puede parecer que le ha subido la miopía a un paciente o que le ha bajado la hipermetropía y no es real. Y si le cambiamos las gafas y en ese momento nos estamos equivocando porque no hemos comprobado ese cambio bajo dilatación, llevamos al paciente a usar unas gafas que no son las adecuadas para él”, explica Bernabéu.
“No es cuestión de óptico o de oftalmólogo, ningún niño joven hasta los cuarenta años debe cambiarse la graduación si no está comprobado ese cambio bajo dilatación”, concluye.
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