
Tras el paso del fuego, que solo en este mes de agosto ha arrasado más de 362.473 hectáreas en toda España, golpeando especialmente a Galicia, Castilla y León, Extremadura y Asturias, ahora es prioritario reparar el terreno que ha quedado devastado. Para recuperar las hectáreas quemadas, sin embargo, "no siempre es necesario reforestar", explican desde el Colegio Oficial de Ingenieros de Montes, ya que en muchas ocasiones el terreno se regenera de forma natural, mientras que en ciertos casos, advierten, es necesario “tomar medidas más urgentes” debido al riesgo inmediato de la erosión del suelo.
“Hay que evaluar bien cada terreno, porque en muchos casos no hace falta hacer nada para regenerar las zonas que se queman. Matorrales como las jaras o los brezos rebrotan después del incendio”, explica a Infobae España Eduardo Tolosana, decano del Colegio Oficial de Ingenieros de Montes (COIM). En el caso de los bosques, depende de la especie de árbol, ya que algunas “están naturalmente más adaptadas a los incendios y resisten mejor, unas porque rebrotan como es el caso de la encina o el roble, y otras porque tienen una corteza gruesa como el alcornoque”, añade, mientras que la forma en la que algunas especies de pinos resisten es mediante la liberación de sus semillas en piñas serotinas que germinan y crecen tras el incendio. “Pero si un encinar de ochenta años se pierde por las llamas, harán falta al menos otros ochenta para recuperar un bosque así”, advierte.
En ciertos casos, independientemente de que la reforestación se vaya a producir, hay que tomar medidas más urgentes para evitar que la erosión degrade aún más el terreno. “Es esencial retener el suelo mientras se da tiempo a la regeneración natural o se planifican nuevas plantaciones”.

Para lograrlo, añade el experto, se aplican técnicas como el mulching, que consiste en cubrir el terreno con paja o astillas para protegerlo de la acción de la lluvia y el viento, u otras estrategias como la instalación de pequeñas estructuras con la propia madera quemada, conocidas como palizadas o fajinas. Estos elementos se colocan a modo de barreras en el terreno, frenando el arrastre de tierra y permitiendo que la vegetación tenga una base sobre la que recuperarse.
La prevención es clave
Tolosana también advierte de que la inversión en prevención de incendios forestales por parte de la Administración General del Estado y de las comunidades autónomas es “totalmente insuficiente” en España, agravada por los recortes tras la crisis económica de 2008, pues desde entonces “el presupuesto destinado a estas tareas se ha reducido casi a la mitad”. Según datos de la Asociación Nacional de Empresas Forestales (ASEMFO), en 2009 la partida destinada a la prevención se situaba en 350 millones de euros, mientras que en 2022 disminuyó hasta los 175,8 millones, lo que supone una reducción del 49,7%.
Así, la inversión en prevención de incendios se mantuvo estable en el entorno de los 330 o 360 millones de euros entre los años 2007 y 2010, pero en 2011 esa inversión cayó más de un 57% y, desde entonces, no ha podido recuperarse.

De acuerdo con Eurostat, la inversión española en prevención de incendios representa un 0,4% del gasto público, con 2.506 millones de euros, por debajo del promedio de la Unión Europea, que se sitúa en el 0,5%, pese a ser uno de los países más afectaos por los incendios forestales.
Proteger más los núcleos poblados
La prevención es especialmente relevante, recuerda el experto, en zonas próximas a pueblos y ciudades, ya que sin barreras vegetales adecuadas, los equipos de extinción “se ven obligados, como es lógico, a concentrar sus esfuerzos en salvar vidas y viviendas”, dejando menos recursos para frenar el avance del fuego en áreas forestales. La creación de fajas perimetrales sin vegetación densa alrededor de estos núcleos facilitaría la defensa de las localidades y liberaría personal y medios para actuar en el monte, asegura.
Las actuaciones preventivas también cobran especial importancia cerca de zonas críticas como son las fábricas o los vertederos, donde el riesgo de incendio es mayor.
Además, invertir en prevención, advierte Tolosana, supone un ahorro considerable: mientras que estas labores cuestan unos 2.000 a 3.000 euros por hectárea, la extinción puede situarse entre los 19.000 y 30.000 euros por hectárea, una diferencia que evidencia la rentabilidad de anticiparse al fuego en lugar de combatirlo cuando ya ha comenzado.
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