
Vox ha calcado gran parte de la narrativa del odio xenófobo de sus homólogos en Europa, pero ahora está dispuesto a abrazar estrategias de las que huyen los partidos de su órbita con el fin de seguir ganando el apoyo popular. No es un secreto que el discurso contra la inmigración irregular o los menores migrantes no acompañados sea el principal combustible que ha catapultado la popularidad del partido de Santiago Abascal encuesta tras encuesta. Ahora, la formación que lidera Abascal ha decidido en los últimos meses apostar por las “teorías de reemplazo” o los planes de deportaciones masivas.
Los disturbios en Torre Pacheco son otro ejemplo más de la intención de Vox de radicalizar todavía más su discurso frente al PP, de separarse de la edulcorada Meloni y de acercarse al radical Orbán. La formación ultra española ha evitado sumarse a los llamamientos de plataformas europeas ultra como Deport Them Now -que por cierto, están vinculadas a Vox- para realizar “cacerías” de magrebíes, pero ha evitado condenarlos de manera pública. Es más, en varias ocasiones ha incitado a las protestas en esa localidad criminalizando al migrante magrebí.
“La inmigración ilegal es la que agrede a nuestros ancianos, homosexuales y mujeres”, afirmó el pasado presidente regional de Vox, José Ángel Antelo, quien ahora está en la mira de la Fiscalía por un posible delito de odio. Antelo afirmó que “a España se entra a trabajar, a generar empleo y riqueza, no se entra a robar ni a delinquir, ni a violar, ni asesinar” y sostuvo que “Mohamed VI de Marruecos está liberando a los delincuentes de sus cárceles y están llegando a la Región de Murcia”.
Deportaciones masivas contra la “invasión”
La narrativa que defiende Vox emplea conceptos como el de “remigración”, un término acuñado por el politólogo francés de extrema derecha, Jean-Yves Camus, que en su origen contempla que todos los ciudadanos no europeos regresen a vivir a su país de origen. Este concepto ya fue pronunciado públicamente por partidos radicales como el alemán Alternativa para Alemania, que incorporó este término en su programa electoral durante las elecciones del pasado mes de febrero, que auparon a la formación hasta convertirse en la segunda fuerza en el Bundestag. La candidata Alice Weidel y varios dirigentes de extrema derecha defendieron entonces un plan para expulsar a millones de residentes en Alemania. En un primer momento, AfD se refería a ciudadanos alemanes que, según los promotores del plan, no se habrían “asimilado” a las costumbres alemanas.
Misma afirmación haría la semana pasada, Rocío De Meer, la portavoz de Vox, quien defendió que su plan para deportar a los inmigrantes y a sus hijos, según ella, todos aquellos que “no se han adaptado a nuestras costumbres” y “están cambiando la configuración social”. Afirmó que, "si de 47 millones de habitantes que tiene nuestro país” habría que deportar a “más o menos siete, o más de siete, porque tenemos que tener en cuenta la segunda generación”. “Yo no sé a cuántos hay que expulsar. Yo no sé si son uno, si son cien o si son un millón, lo sabe el Gobierno, pero habrá que expulsar a quienes han venido aquí a vivir de los demás, a delinquir, a odiarnos, a imponer su religión incompatible”, añadió.
Vox ha defendido que se trata de una solución ante la flexibilidad del PSOE y el PP, “aliados en Bruselas”, quienes a su juicio llevan “demasiado tiempo promoviendo una invasión de carácter criminal que nos ha robado las fronteras, la paz y la prosperidad”. En el caso de España, de las 9,3 millones de personas que viven en España y son nacidas en otro país, el 18,5 % de la población total de España. De ese total, más de cuatro millones de personas han nacido en América Latina.
Sus homólogos dan ‘marcha atrás’
En el caso alemán, las protestas de miles de manifestantes anti-AfD llevaron a Weidel a jugar con la ambigüedad en el término de “remigración”, argumentando que su plan no conllevaba expulsar a extranjeros con derechos de residencia, sino a aquellos "migrantes sin papeles y delincuentes".
Le Pen, en Francia, llegó a discutir con la AfD -cuando compartían familia política en la Eurocámara-, criticando que su formación estaba “en completo desacuerdo con la propuesta” del partido ultra alemán. Eso sí, Le Pen ha hablado en pasadas ocasiones de una “muerte silenciosa” en Francia “si no se detiene la migración en el país”, pero huye en todo momento de hablar de deportaciones masivas como el antídoto para corregirlo.
Por su parte, Meloni, antigua aliada de Abascal y ex familia política en la Eurocámara, trata de normalizar su discurso antimigratorio para no ser rechazada en Bruselas. La italiana ha abogado, en cambio, por el cierre de las fronteras y el rechazo a las solicitudes de asilo. De hecho, algunas ideas de Meloni han logrado conquistar a la derecha moderada europea y se han convertido en modelos de inspiración para la nueva Comisión de Ursula von der Leyen.
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