
El Congreso de los Diputados acoge este miércoles una esperada sesión monográfica que, precisamente por esperada, apunta a decepción. Ya lo anticipa su particular registro en la agenda de la cámara, que prevé la “comparecencia del presidente al objeto de informar sobre los presuntos casos de corrupción conocidos por la filtración a los medios de comunicación y a la opinión pública de investigaciones en curso, entre otros asuntos”.
Esto, sobre el papel, es el “capitán” Pedro Sánchez en el estrado rindiendo cuentas por dos sucesivos secretarios de Organización hoy implicados en una causa de corrupción de las de siempre, como la que le hizo presentar la moción de censura que le llevó a la Moncloa. José Luis Ábalos fue quien presentó al candidato aquel día, argumentando por qué el PP debía abandonar el poder. Más tarde fue ministro, lo que eleva la causa del PSOE al Gobierno.
Santos Cerdán no estará sentado en su escaño sino en la prisión de Soto del Real. Según el Tribunal Supremo, “en términos indiciarios” era “la persona encargada de percibir los premios económicos, comisiones o mordidas a cambio de los cuales se otorgaban las indebidas adjudicaciones”. Al magistrado le resulta “elocuente” que Ábalos y Koldo García no pidieran el dinero “a las constructoras indebidamente favorecidas” sino “inequívocamente al señor Cerdán”.
Y un cabo suelto, o dos. Al juez no le salen los números. Experimentado en la instrucción, le extrañan las cantidades que constan, por bajas. Cerdán está en la cárcel para que no pueda destruir pruebas. Si la supuesta trama ya solo se hubiera llevado un 1% de comisión -y comúnmente es más-, las cifras que se moverían serían muy superiores, pero no hay rastro del dinero, y menos todavía -el segundo cabo suelto- de su destino. Ingente documentación aún por analizar ocupa a los tribunales y atenaza al Ejecutivo.
Los socios sostienen a Sánchez
Sánchez, sin embargo, quiere circunscribir esta crisis a esas tres personas, se asegura profundamente decepcionado y ha pedido disculpas en varias ocasiones. Fulminó a Cerdán en horas, ya lo hizo en su día con Ábalos, aunque no le retiró el carné hasta que las evidencias fueron aplastantes, y ha laminado a sus afines en la cúpula. Emiliano García-Page es su principal crítico y Óscar Puente, su gran amigo. Como secretario general parece resistir.
Como presidente es otra cosa. Esta es su legislatura más débil, partiendo del socio de coalición, Sumar, en caída. La formación de Yolanda Díaz exige, con propuestas sobre la mesa, pero no explicita qué ocurrirá si no las cumple, no amenaza con romper la cuerda. También aguanta ERC. Pero el mandato se puede ir por Junts, si no se estaba yendo ya por esta vía, sino por reductos como Podemos o el propio diputado Ábalos. Cualquier apoyo que se caiga lo tira todo.
Esos apoyos, de grandes a pequeños, van a exigir acciones contundentes. Y Sánchez va a dedicar su intervención, o centrará la atención, en eso. Su equipo anticipa que va a anunciar una “potente batería de medidas” para que lo que ha sucedido no vuelva a ocurrir, poniendo el foco en el corruptor, es decir, a las empresas. En duda cuál será la propuesta de castigo y si será necesaria la condena o ya solo que las pruebas sean contundentes. Pero la principal: si convencerá.

El PP quiere elecciones
A la oposición seguro que no. El PP está lanzado. Ansía unas elecciones, que insiste en que hay que adelantar. Los sondeos, con todas las cautelas que merecen, les dan una victoria clara. Y Alberto Núñez Feijóo, como si hubiera sabido el calendario de los acontecimientos antes que nadie, convocó un congreso nacional que le acaba de reforzar al frente del partido con casi un 100% de los votos, promocionando a Miguel Tellado, a Ester Muñoz. Subrayando que están preparados para gobernar.
El PP además va concretando, porque, también según esos sondeos, o es con Vox o no es. Génova no desdeña los votos de la formación de Santiago Abascal, expresando “respeto” por cada uno de sus votantes, pero sí descarta dirigir España con él de la mano. Mejor en solitario. Desde el estrado, el PP se dirigirá a Sánchez, pero más a sus diputados y a sus socios: ¿por qué le siguen sosteniendo si tan altos son sus estándares éticos?
Así, la sesión será un intento de retrato en dos direcciones. Sánchez volverá a recordar que el PP delinquió con José María Aznar y con Mariano Rajoy al frente y retará al hoy líder a votar ‘sí’ a su “potente batería de medidas” si de verdad está comprometido contra la corrupción. Núñez Feijóo pondrá al PSOE y a sus aliados ante sus contradicciones, ante su discurso frente a los hechos. Abascal, en la pugna, también tendrá para este último, por desdeñar su compañía, para comerle terreno.
A partir de las nueve de la mañana comienza la contienda dialéctica.
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