
Cuando España firmó su adhesión a la Comunidad Económica Europea, el 12 de junio de 1985, el país se encontraba lejos de lo que es hoy. Según recuerda el director de Coyuntura y Economía Internacional de Funcas, Raymond Torres, a la Agencia EFE, la economía española partía de una situación complicada, con altos niveles de paro, bajos salarios y una débil institucionalidad. Por aquel entonces, su PIB era de 169.490 millones de euros y el salario mínimo, de apenas 223 euros mensuales.
Cuarenta años después, y tras un proceso de profunda modernización, el PIB ha alcanzado 1,59 billones de euros, el salario mínimo ha subido a 1.184 euros y la pensión media se ha multiplicado por diez. Tal como informa EFE, la entrada en la UE fue “un punto de inflexión”, marcado por la llegada de fondos europeos, la apertura de mercados y la transformación de los servicios públicos.
Más inversión, mejores infraestructuras y crecimiento del empleo
La inversión extranjera directa fue una de las claves del salto económico. Como subraya Torres, la llegada de capital extranjero, sobre todo de Alemania, Francia y Reino Unido, permitió multiplicar las conexiones comerciales. El comercio exterior ha pasado de representar el 16% al 28% del PIB, y las exportaciones han crecido de 30.600 millones en 1985 a 384.465 millones en la actualidad.
La transformación también fue visible en las infraestructuras, gracias a los fondos estructurales y de cohesión europeos: carreteras, aeropuertos y otras grandes obras modernizaron el país. El investigador Ignacio Molina, del Real Instituto Elcano, explica también a la agencia que Europa proporcionó “un marco de estabilidad, disciplina y oportunidades” sin el que estos cambios habrían sido imposibles.
El mercado de trabajo, España dio un giro radical. Según señala Rafael Doménech, catedrático y responsable de economía en BBVA Research, en un artículo publicado en El Mundo, la población ocupada prácticamente se ha duplicado, la tasa de paro ha descendido de un 21,5% a un 11,4% y la presencia femenina en el empleo ha pasado del 29% al 47%.
Aumenta el PIB per cápita y la economía se terciariza
La transformación ha ido más allá de la economía. La sociedad española es hoy más longeva, mejor formada y con más derechos. Además, la esperanza de vida ha aumentado de 76 a 83 años y el porcentaje de mayores de 65 años se ha duplicado. El PIB per cápita ha escalado de 4.412 a 30.968 euros y la economía se ha terciarizado, ocupando los servicios el 72,1% de la población activa.
El turismo también ha tenido un papel determinante. De recibir 43 millones de turistas en 1985, el país ha pasado a los casi 94 millones anuales, consolidándose como uno de los principales motores económicos de España.
Convergencia europea
España ha reducido notablemente la brecha con Europa: el PIB per cápita, ajustado en paridad de poder adquisitivo, se ha multiplicado por 2,5 y ha alcanzado el 88% del promedio de la UE15. Según detalla Rafael Doménech, el proceso de convergencia sufrió una desaceleración con la crisis financiera de 2008, y el país ha perdido posiciones en los años siguientes en comparación con los estados miembros que han sostenido reformas más ambiciosas.
Asignaturas pendientes
Los analistas coinciden en destacar los retos que España tiene por delante: la productividad continúa siendo una debilidad, la inversión en capital humano y tecnológico todavía está lejos de los estándares europeos, y la tasa de paro sigue duplicando la media de la UE.
Además, para José Manuel Amor, socio director en Afi, el elevado endeudamiento público y la escasa presencia de mujeres en puestos de responsabilidad son desafíos urgentes, así como la falta de diversificación económica y la necesidad de impulsar industrias de alto valor añadido, como recoge el artículo de Raquel Cinca en EFE.
Europa como trampolín para España
Pese a las crisis atravesadas (la de los noventa, la financiera de 2008 y la pandemia de 2020), España ha mostrado una notable capacidad de recuperación y resiliencia, gracias en buena parte al marco europeo, que ha funcionado como “ancla de estabilidad y tabla de salvación”, en palabras de Amor.
Doménech, por su parte, subraya la importancia de recuperar el consenso y la ambición reformista para no perder el ritmo de convergencia en bienestar y modernización. “Europa fue el trampolín del progreso español; para avanzar, son imprescindibles las reformas y la visión común”, concluye el economista en su artículo.
Mirar atrás permite ver lo conseguido: España ha multiplicado por diez el tamaño de su economía y se ha transformado en una sociedad moderna, a pesar de los desafíos que siguen presentes.
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