
España está a la cabeza de Europa en desempleo juvenil, un dato del que no nos podemos enorgullecer. En el país, el 25,6% de los menores de 25 años están buscando trabajo sin éxito, una cifra que duplica la media europea y supera, con una amplia diferencia, a la del resto de los Estados miembros. Aunque esta situación no es nueva —ya que llevamos varios años arrastrando cifras muy altas de paro entre los jóvenes—, sí preocupa y tiene a Bruselas mirándonos con lupa.
Por esto, desde la Comisión Europea han destacado, en un documento publicado el pasado jueves, las deficiencias estructurales del sistema español, y nos han lanzado algunas recomendaciones para abordar este problema tan enquistado. Y es que, si nos vamos a las cifras históricas, entre 1986 y 2024 la tasa promedio de desempleo juvenil ha sido de un 34,25%, con el mayor pico registrado en 2013, con un 56,2%, en plena crisis económica. Mirando atrás, la situación actual es un alivio, pero España no ha conseguido mejorar sus números y volver a los datos de antes de la crisis, cuando se registró un mínimo histórico del 17,2% en 2007.
En enero de este año, España volvió a ocupar el primer puesto en el ranking de desempleo juvenil en la Unión Europea, con más de un 25%, según datos de Eurostat. Le seguían Suecia (25,1%), Luxemburgo (21,8%), Portugal (20,9%) y Finlandia (20%). Mientras tanto, la media de la UE se situaba en un 14,5%. En solo un año, España ha reducido la tasa de desempleo juvenil en casi tres puntos porcentuales, pero sigue habiendo mucha distancia con respecto al resto de Europa.
Diagnóstico desde Bruselas
La Comisión Europea ha identificado varias causas detrás de esta persistencia del paro juvenil en España. Uno de los principales obstáculos radica en la transición desde la educación —tanto de formación profesional como de la universidad y grados superiores— hasta el mundo laboral. El informe subraya que una gran parte de los jóvenes de 15 años obtiene resultados bajos en matemáticas, lectura y ciencias, lo que compromete su futura productividad y capacidad de inserción laboral. Además, el abandono escolar temprano sigue siendo una lacra, y la proporción de estudiantes que alcanzan niveles de excelencia académica es insuficiente para sostener la competitividad del país en un entorno global.
A esto se suman las dificultades propias que tiene el sistema de formación profesional. La modalidad dual, que combina estudios teóricos con experiencia práctica en empresas, sigue teniendo escaso peso y baja implantación en España, a diferencia de lo que ocurre en otros países de la Unión Europea, donde la transición de los jóvenes al trabajo es más ágil y efectiva. Asimismo, la escasa adaptación de los planes de estudio a las demandas reales del mercado laboral intensifica el desajuste entre cualificación y necesidades empresariales.
Desde Bruselas también llaman la atención a las desigualdades por regiones y de género, que condicionan el acceso al empleo y fomentan que haya diferencias entre zonas del país, y entre hombres y mujeres. Por eso, recomiendan abordar estos desajustes, invirtiendo más en políticas activas de empleo y adaptando la oferta educativa a las exigencias del tejido productivo.
Recomendaciones y exigencias
La Comisión ha instado a reforzar la formación profesional dual y la educación durante toda la vida, especialmente para las personas con pocos estudios formales. También ha recomendado adaptar los programas docentes al contexto real del empleo, para reducir el desajuste entre habilidades y puestos ofertados. Y sugiere que se preste más atención a los graduados en formación profesional media, cuyos índices de empleo siguen siendo bajos.
Otra de las advertencias apunta a la necesidad de recortar las desigualdades territoriales. La tasa de abandono escolar prematuro y el nivel de competencias básicas varía intensamente entre las distintas comunidades autónomas, lo que se traduce también en altas desigualdades en el acceso al empleo entre diferentes zonas.
Europa se recupera, pero no todos los países por igual
En cuanto al resto de Europa, la integración de los jóvenes en el mercado laboral avanza lentamente, pero de forma más sostenida. En enero de este año, la tasa de paro juvenil de la eurozona se situó en el 14,1%, y en la Unión Europea, en el 14,5%. Este promedio se ha mantenido más o menos estable durante los últimos meses. Sin embargo, hay más de 2,8 millones de jóvenes europeos que no logran encontrar empleo.
Por su parte, el Parlamento Europeo mantiene su lucha contra el desempleo como una de sus grandes prioridades, incluso después de los últimos avances en materia de derechos y condiciones laborales. La consolidación de una recuperación aún frágil pasa, en buena medida, por abordar el desempleo juvenil, que representa una amenaza tanto para el crecimiento económico como para la cohesión social.
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