
En Edimburgo, una ciudad del condado de Hidalgo ubicada al sur del estado de Texas (Estados Unidos), el refugio de animales Laurie P. Andrews Adoption Center recibe a diario a decenas de personas que cruzan sus puertas con la esperanza de encontrar a un compañero de cuatro patas. Algunas llevan en mente un tipo de mascota muy específico, aunque lo normal es que en un refugio los animales no sean, al menos la mayoría, de raza. Otras van sin expectativas, simplemente para ver qué se encuentran. Pero a veces, como ocurrió recientemente con una pareja local, son los animales quienes deciden.
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La pareja entró al refugio pensando que era una tienda de animales
El objetivo inicial de la pareja era claro: adoptar un chihuahua. Una búsqueda que, en un refugio de animales, no resulta fácil. Los perros de razas pequeñas escasean entre la población de callejeros, como reconoce Aileen Betancourt, especialista en adopciones del refugio: “Ellos vinieron buscando adoptar un pequeño chihuahua, sin darse cuenta de que éramos un centro de adopción”, explicó en una conversación con Newsweek. La pareja no tardó en darse cuenta de que su plan iba a cambiar en cualquier momento.
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Fang fue el detonante de todo. Pequeño, de apenas cuatro meses y medio, el cachorro había llegado al refugio “junto a su madre y ocho hermanos” tras haber nacido en la calle. La familia canina fue rescatada por los servicios de control animal poco después de nacimiento de los cachorrillos, que fueron trasladados junto a su madre al centro. Allí pasó Fang sus primeras semanas de vida.
En los refugios, los animales tienen poco tiempo para causar impresión en los visitantes. Un estudio publicado en 2014 por Applied Animal Behavior Science señalaba que las personas suelen interactuar con un único animal en sus visitas y que dichas interacciones entre perros y potenciales adoptantes en estos centros suelen durar una media de ocho minutos. Escasas oportunidades para destacar. Fang, sin embargo, no necesitó más que unos segundos.
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“El momento en que lo vieron en su jaula, sintieron algo especial”, contó Betancourt. “Después de sacarlo para interactuar con él, supieron que era el indicado.” Según ella, este tipo de situaciones no son tan raras como podrían parecer: “A veces es el perro quien elige a la familia.”
La escena fue documentada por Betancourt en un vídeo publicado en su cuenta de TikTok, @lifesavingpixie, donde suele compartir momentos destacables del refugio. Ahí también dejó una reflexión sobre ese tipo de conexiones inesperadas: “Muchas adopciones suceden así”, dijo. “Casi siempre es el perro quien elige a la persona... ellos son los que terminan siendo adoptados.”
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Desde su adopción, Fang - rebautizado como Bruno por su nueva familia - parece haber encontrado su sitio. Se adaptó con rapidez al entorno doméstico y responde bien al su nuevo nombre, como si siempre lo hubiera llevado: “Ahora que ha encontrado su hogar permanente, su nueva familia le ha llamado Bruno, y le va perfecto”, contaba Betancourt. “Todavía es un bebé grande, solo tiene unos 4 meses y medio”.
“A veces, la gente entra solo para visitar o mirar”, concluye Betancourt, “y terminan saliendo con un amigo peludo del que no esperaban enamorarse.” No siempre se encuentra lo que se busca, pero a veces lo que se encuentra es exactamente lo que hacía falta.
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