
Cada mañana, miles de conductores en España se enfrentan a una rutina que ya forma parte del paisaje urbano: los atascos. Según los datos de la consultora estadounidense INRIX, especializada en análisis del tráfico, los conductores de Barcelona y Madrid pierden 41 y 40 horas al año en atascos, respectivamente. Sevilla, Valencia o Palma de Mallorca son otros ejemplos de ciudades españolas con grandes retenciones diarias.
Pero ninguna retención podrá compararse con la acontecida el pasado agosto de 2010 en la autopista china G110, cuando un atasco llegó a extenderse a lo largo de 100 kilómetros durante más de diez días.
Esta autopista conecta la ciudad de Pekín con Tíbet a lo largo de aproximadamente 1.100 kilómetros y es conocida por sus frecuentes congestiones, algo que no sorprende en un país con más de 1.400 millones de habitantes.
Sin embargo, el embotellamiento de 2010 fue excepcional y fue el resultado de la ‘tormenta perfecta’ en la carretera: un volumen de tráfico que superó en un 60% la capacidad de la vía, obras de mantenimiento y una operación retorno masiva de residentes de Pekín. A pesar de los esfuerzos por desviar el tráfico hacia carreteras secundarias, la situación no mejoró significativamente hasta el 23 de agosto.
Hasta cinco días atrapados en sus coches
Los conductores atrapados en el tráfico avanzaban apenas un kilómetro al día, y muchos permanecieron en sus vehículos entre uno y cinco días. La situación se agravó por la presencia de numerosos peajes que ralentizaban el flujo vehicular y por el aumento en la producción de carbón en Mongolia, cuyo transporte hacia Pekín se realizaba principalmente por esta autopista.
Según una información de El País, por aquel entonces las infraestructuras de China no estaban preparadas para el rápido crecimiento del parque automotor, con 13,5 millones de vehículos matriculados solo en 2009. Durante el atasco, los conductores enfrentaron no solo la desesperación de la espera, sino también robos de combustible.
Mientras tanto, los habitantes de las localidades cercanas aprovecharon la situación para instalar puestos improvisados y vender víveres a precios inflados, duplicando e incluso triplicando los costos habituales.
Atascos masivos en el mundo
Este atasco no es el único ejemplo que será recordado en los libros de historia. El segundo mayor atasco ocurrió en Estados Unidos a finales de los años sesenta, durante el famoso Festival de Música de Woodstock.
En este caso fue por la mala organización del evento, celebrado en Bethel, al norte de Nueva York, que provocó que medio millón de asistentes quedaran atrapados en un embotellamiento que se prolongó casi una semana. Muchos de los asistentes, desesperados por la situación, optaron por abandonar sus vehículos y continuar su camino a pie.
El tercer gran atasco también tuvo lugar en Estados Unidos, específicamente en Chicago, donde una intensa tormenta de nieve sorprendió a la ciudad en plena hora punta, dejando medio metro de nieve en cuestión de minutos. Según publicó Extremamotor, miles de conductores quedaron atrapados en sus vehículos, algunos durante 12 horas.
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