
Ella Reeson, una joven de 22 años originaria del Reino Unido, decidió dar el salto y embarcarse en una aventura en Italia como au pair, inspirada por los relatos de otros viajeros en TikTok y su amor por los niños. Pero lo que parecía ser una gran oportunidad terminó siendo una decepción ya en las primeras horas, llevándola a abandonar la casa de su familia anfitriona solo cinco días después de instalarse.
La protagonista ha ido transmitiendo la experiencia por redes sociales (@ellarkatherine), como las personas a las que seguía antes de ser ella quien emprendiera el viaje, por lo que ha sido posible comprobar el rápido paso de la ilusión a la frustración. Quería ser como una cuidadora que admira y reside en París, y las condiciones parecían similares: cuidar a un niño, preparar el desayuno y llevarlo y recogerlo del colegio.
“Me encargo de niños desde los 12 o 13 años, me encanta estar con ellos”, cuenta ahora en una entrevista a People. Más allá del trabajo, el resto eran ventajas: alojamiento y comida gratis en Milán y tiempo libre mientras el menor estaba en clase. Entretanto, aprender o perfeccionar un nuevo idioma y ganar experiencia para futuros proyectos personales o profesionales.

Un mal primer día
Su primer día ya no le gustó. Recién aterrizada, se sentó a almorzar con la anfitriona, madre del niño, y comenzó a desahogarse sobre sus frustraciones laborales: “Ya me estaba contando toda su negatividad”, explica Ella. El padre tampoco le gustó. Quien había asumido la tarea de comunicarse con ella, dar las pautas y resolver las posibles dudas no hablaba inglés, por lo que no había forma de entenderse.
“La madre me mandaba a él para que me ayudara, aunque había una barrera lingüística gigante. No entendía por qué no podía ser ella quien me ayudara directamente”, se queja Ella. Además, las tensiones aumentaron cuando, en su tercer día, la madre le reprendió por no aprender lo suficientemente rápido ni interactuar con el niño, a pesar de que ese día era su día libre y había pasado tiempo con él, asegura.
“El tono de voz de la madre subió mucho. No soy buena con las confrontaciones, así que simplemente me disculpé y seguí adelante”, relata Ella. El malestar fue creciendo y, durante una salida familiar a Portofino, se sintió ignorada y desplazada mientras empujaba el carrito del niño. Al final de la jornada, la situación empeoró: la madre la regañó por quedarse dormida en el coche durante el trayecto de regreso.

La fuga
Su vida por la ciudad empezó a gustarle y comenzó a conocer a gente, pero no estaba “cómoda” en casa: “La presión emocional creció tanto que decidí marcharme”. A pesar de que las paredes de la casa eran delgadas y el suelo crujía al caminar, trató de hacer la maleta en plena noche. Antes de las seis de la mañana del quinto día, agarró sus pertenencias y se dirigió sigilosamente hacia la puerta.
Casi como si de una película se tratara, temía que los padres se despertaran y le impidieran salir. Cuando menos, iban a pedirle explicaciones. La puerta además no se abría, aunque terminó haciéndolo. Dejó sus llaves sobre el parabrisas del coche y cogió un autobús y después un Uber para llegar al aeropuerto y subir al avión de regreso.
Cuenta Ella que su ansiedad era tal que no estuvo tranquila hasta subir a ese avión. Estuvo en el aeropuerto cinco horas y media. Solo después de pasar el arco de seguridad, envió un mensaje a la madre para anunciar su decisión y desearles lo mejor para ellos y el pequeño. La respuesta, un largo mensaje de bronca y bloqueos tanto en Instagram como en WhatsApp, por donde se comunicaban.
Mejor pedir referencias
La plataforma AuPairWorld, web que conecta a aspirantes con familias y portal a través del que Ella encontró esta oportunidad, se ha pronunciado al respecto y dada la repercusión: “Nos comprometemos a fomentar intercambios culturales seguros, respetuosos y enriquecedores”. Entre las reacciones, no todos se ponen del lado de la joven y cuestionan que afrontara como debía su responsabilidad.
Ella admite que su decisión fue apresurada pero solo culpa a la familia. “El proceso fue muy rápido: conocí a la familia un sábado, hablé con ellos el siguiente sábado y reservé mi vuelo ese lunes”, dice, y aconseja a interesados en ser au pairs que tomen su tiempo para investigar bien a las familias anfitrionas, usando agencias si es posible, y pedir referencias.
Y aunque extrae que ha aprendido cosas, ya que “nunca antes había estado sola fuera de casa y en otro país”, preguntada por si volverá a ser au pair en un futuro lo tiene claro: “Esta ha sido la primera y última vez”.
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