
Una encuesta en redes sociales con la que pretendía conocer las condiciones de vida y los principales obstáculos a los que se enfrentan las mujeres en los barrios periféricos de las grandes ciudades fue tan solo el inicio del largo camino que emprendió la politóloga Aida Dos Santos, porque tras el aluvión de respuestas recibidas, se dio cuenta de que la historia de esas mujeres invisibilizadas merecía ser contada de forma más profunda y pausada de lo que pretendía en un trabajo universitario. Tras cuatro años de entrevistas a más de un centenar de mujeres, Dos Santos plasmó sus testimonios en el ensayo Las hijas del hormigón; Historias de clasismo, sexismo y violencia en las periferias españolas, editado por Debate (2025), un trabajo que la autora describe como un “ejercicio de escucha y observación”.
Residir en la periferia de una ciudad o estar obligada a desplazarse desde el barrio hacia el centro de trabajo era el único requisito que las mujeres entrevistadas debían cumplir, si bien todas comparten una lucha común: la de vivir en un mundo que las marginaliza e invisibiliza por el simple hecho de ser mujeres, por ser de clase trabajadora, por ser migrantes, jóvenes o pertenecer al colectivo LGTBIQ+.
“Quería, sobre todo, hacer un llamamiento, invitar a que las mujeres, como sujeto, pudiésemos articularnos y pudiésemos quitarnos a nosotras mismas la culpa y la responsabilidad. El objetivo era tener una visión superior más allá de las particularidades de cada una, empezar a ver la vida de las otras y hasta qué punto somos responsables de lo que nos pasa en el día a día”, dice Dos Santos (Algarve, 1992) en entrevista con Infobae España.
La autora pone como ejemplo las mujeres que han sido las primeras universitarias de su familia, “a quienes prometieron un mejor trabajo y, sin embargo, siguen viviendo penurias” en sus empleos. “Pero para hacer esa comparación de si realmente existe al otro lado o no lo que nos prometieron, necesitamos hablar entre nosotras sobre la interseccionalidad y la discriminación sexual, porque igual que ahora sabemos que tal personaje famoso trata mal a las mujeres, deberíamos hablar entre nosotras como trabajadoras y saber en qué empresas se nos va a respetar”, añade.

Dos Santos cuenta en su libro la historia de las mujeres que viven en esos edificios de ladrillo naranja y toldos verdes de los barrios obreros de diferentes ciudades de España, desde camareras o profesoras a emprendedoras, para denunciar la precariedad económica y la violencia estructural que atraviesa sus vidas. “El mínimo común múltiplo de todas ellas es que tienen una conciencia política de que lo que les ha ocurrido es por ser mujeres de clase trabajadora porque, más allá de la renta de cada una, tienen los mismos problemas, de forma que se enfrentan a la invisibilización y al sexismo”. Otro rasgo que comparten es que quienes han podido progresar laboralmente contaban con un sostén familiar, mientras que otras no han podido debido a las cargas familiares.
Quienes se llevan la peor parte, recuerda la autora, son las mujeres migrantes, sobre todo las extracomunitarias que no hablan español, ya que ven más limitado su acceso tanto a los servicios como al trabajo. “Las mujeres que no comparten nuestro idioma acaban relegadas al sector primario y al trabajo en el campo porque no pueden dar el salto al sector servicios ni acceder a las herramientas de formación”, sostiene.
A lo largo de sus entrevistas Dos Santos también ha identificado una brecha clara entre las mujeres jóvenes y las mayores, y es que las millennial “ya han crecido con el movimiento Me too y son conscientes de lo importante que es romper el silencio" para denunciar el acoso y la violencia sexual, al igual que “han tenido menos vergüenza de llevar esos problemas a casa”, mientras que las de la generación X y las anteriores “eran todo lo contrario”. “El estigma caía sobre ellas cuando les ocurría cualquier percance de índole sexual y preferían no decir nada en casa, porque también a veces había reacciones violentas por parte de los padres. Otras cuentan que aunque la familia las creyera, optaban por rebajar lo ocurrido y proteger al agresor o mantener la paz social".
Esa forma de actuar de las mujeres más mayores responde, en buena medida, a que han sido generaciones “educadas en el silencio y en el miedo a expresar ideas de izquierdas porque en muchos casos son hijas de represaliados” durante la Guerra Civil y la posguerra o vienen de familias donde sus abuelas no se podían divorciar, mientras que a partir del estallido del movimiento 15M en 2011 “la sociedad española comenzó a estar mucho más politizada”, al tiempo que se impulsó la participación social.
Madrid, una ciudad “muy segregada económicamente por barrios”
Nacida en Portugal y criada en el barrio madrileño de Moratalaz, Dos Santos también destaca en su libro cómo la capital “está muy segregada económicamente por barrios”, de forma que hay un mayor desequilibrio social que en el resto de ciudades españolas con grandes diferencias entre el noroeste, donde viven los vecinos más ricos, y el sureste, donde la población vive en condiciones más precarias. “La segregación urbana ha subrayado muchísimo la diferencia de clases que hay en la ciudad y en otras ciudades de España, aún habiendo centros y periferias, las dinámicas no son tan violentas y la desposesión que se le hace a las clases trabajadoras no está tan agravada como en Madrid”.
No obstante, la autora también reconoce que en los últimos años ha habido avances significativos en los barrios de muchas ciudades, como la mejora de las infraestructuras o la renovación de espacios públicos, aunque también hay problemas que persisten como “una densidad de población mayor que la del centro y una peor calidad de las viviendas”. “Los barrios se siguen proyectando sin dar espacio a centros de salud, centros educativos o espacios de ocio. El extrarradio se sigue proyectando como una ciudad dormitorio que va a nutrir de trabajadores al centro pese a las mejoras que ha habido”, concluye.
Además de temas como el urbanismo, el trabajo, la educación o la sanidad, a lo largo de las 400 páginas del ensayo, Dos Santos aborda otros temas como el activismo o el deporte. Y tampoco se olvida de los hombres, a quienes anima a que “si quieren hacer algo útil después de leer este libro, limpien en su casa, cuiden de sus hijos y les pregunten a sus amigas si esto que han leído también les pasa”.
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