
Alaska y Mario Vaquerizo son unas de las parejas más conocidas del mundo del espectáculo. Fue en el año 1999 cuando se casaron en Las Vegas vestidos de Dolly Parton y Elvis Presley. Por aquel entonces, apenas llevaban seis meses saliendo, por lo que no muchos creían en la relación. Pero todos ellos se equivocaron.
Doce años después decidieron formalizar su matrimonio en España. Ahora, más de 25 años después y a pesar de los rumores de divorcio, han demostrado que continúan estando el uno para el otro.
Como han señalado en múltiples entrevistas, además de la música y la interpretación, el sector inmobiliario es una de las principales inversiones de la pareja. Mario es dueño de siete pisos, dos de los cuales comparte con su esposa.

Cómo son las casas de Alaska y Mario
En el corazón de Madrid, a pocos pasos de la Gran Vía, Alaska y Mario han hecho de su hogar una extensión de su particular universo estético. La pareja posee dos pisos en el mismo edificio, cada uno con una identidad propia: la Casa Rosa y la Casa Azul. La primera, su residencia principal, es un reflejo fiel de su personalidad excéntrica y su gusto por la estética recargada.
Con 140 metros cuadrados, la Casa Rosa se alza como un templo privado donde la pareja encuentra refugio de la vida pública. Decorada bajo la tendencia ‘color block’, todo en ella gira en torno al rosa, desde las paredes hasta el mobiliario y los detalles ornamentales. Cuadros, estatuas, libros y figuritas de porcelana llenan cada rincón, dando forma a un espacio donde el exceso y el coleccionismo conviven en armonía.
Más que una vivienda, la Casa Rosa es un santuario personal. Entre sus múltiples objetos, destaca un rincón santero dedicado a San Lázaro, figura clave para la pareja

La Casa Azul, ubicada en el mismo edificio, es el segundo refugio de la pareja. Sin embargo, a diferencia de la Casa Rosa, este espacio cumple una función más práctica y está destinado al trabajo y la creatividad. Su decoración, aunque también llamativa, es más contenida, con un estilo que combina lo retro con lo funcional.
Aquí es donde la pareja guarda parte de su colección de discos, libros y material audiovisual, convirtiéndolo en un lugar de inspiración y concentración. Es el sitio donde Mario escribe y Alaska organiza sus proyectos, lejos del bullicio de la vida pública.
La Casa Azul también sirve como un punto de encuentro para amigos y colaboradores, un espacio en el que la pareja puede ensayar, planificar entrevistas o simplemente desconectar del ambiente recargado de su vivienda principal. Es, en definitiva, el complemento perfecto a su universo personal y artístico.
Pero su imperio no acaba con la casa azul. Alaska y Mario Vaquerizo tienen el objetivo de transformar el edificio en un hotel. Su plan es adquirir el resto de las viviendas para llevar a cabo este proyecto. “Creo en el ladrillo. Cuando tenga 80 años, no voy a seguir con las Nancys Rubias. Tengo que pensar en otra cosa. Es por la tranquilidad del futuro. Queremos el edificio y los dos locales de abajo”, explicó Vaquerizo en una entrevista en el podcast de Vicky Martín Berrocal.
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