
Han pasado tres años desde el inicio de la invasión rusa a Ucrania, donde la Fiscalía General del país ha abierto más de 100.000 casos de sospecha de deserción militar, según ha recogido el medio portugués Expresso. Este dato resalta significativamente en comparación con las cifras que se registraron en los primeros esfuerzos por defender el país, con casi 300.00 efectivos.
Entre estos desertores, se encuentra Albert, un soldado de 33 años que continúa en Ucrania y que ha explicado las condiciones que le llevaron a su decisión. “Vi amigos de la infancia correr hasta la muerte, hacia lugares que sabíamos que no resistiríamos porque no teníamos una cobertura adecuada de drones”, ha declarado.
Además, las órdenes de los superiores carecían de justificación militar coherente. “Los comandantes decían cosas como: ‘que la suerte nos acompañe’ o ‘que todo salga bien’”.
Según el militar, los soldados reclutados se enfrentaban a una realidad muy distinta a la prometida en la campaña militar. Albert recordó como les hablaban de unidades comandadas por militares experimentados y voluntarios motivados, pero ha asegurado que la mayoría eran de unos “40 años que se habían presentado a la fuerza”. Frente a tales condiciones, Albert decidió que prefería ir a prisión antes que regresar al frente.
“Somos herramientas, no personas”: el desgaste emocional
El agotamiento psicológico y la desconfianza hacia los mandos militares son temas recurrentes entre las voces que decidieron desertar. “Los comandantes persiguen sus propios objetivos. Para ellos, somos un recurso, una herramienta para ascender en sus carreras”, ha expresado Albert. “Nadie es responsable de las personas que murieron sin sentido”, ha añadido.
Asimismo, el soldado no cree en poder recuperar los territorios perdidos y confiesa que tanto ciudadanos como autoridades son en parte responsables de la situación actual. “No queremos aceptar la realidad. Queremos que otros países haga nuestro trabajo. Todo el mundo quiere alcanzar objetivos máximos con el mínimo esfuerzo. No se han establecido sistemas de contratación, apoyo o formación”, ha denunciado Albert.
Artem, la historia de un desertor que buscó refugio en España
Otro compañero de Albert, el voluntario Artem, también relató sus motivos por los que decidió abandonar el frente y huir a España. “Me uní al ejército para liberar Crimea, pero no tarde ni diez minutos en el terreno en darme cuenta de que nunca iba a suceder”, ha dicho el voluntario.
La relación familiar se presenta como un tema crítico en la vida de Artem, que tiene serias dudas de cómo manejar una conversación sobre su paso por el ejército y sus actos en la guerra: “Mi familia no sabe que maté a rusos con drones. Tengo miedo de contarles todo personalmente”.
Tras abandonar el frente, Artem llegó a parar a las costras españolas gracias a las ventajas que ofrecían a los refugiados de guerra en comparación con Alemania. “Duermo en un dormitorio con seis personas, pero mejor esto que en Alemania, donde todo parecía un hospital psiquiátrico, con la policía en la puerta y prohibido hablar después de las 10 de la noche”, ha señalado el soldado.
Ambos soldados han destacado como los sectores más vulnerables están sufriendo las consecuencias más severas de la guerra. “Los hombres de mediana edad y de clase trabajadora, movilizados a la fuerza, son los que están pagando el precio”, ha afirmado Albert. “Muere, resultan heridos, desaparecen o son capturados”, ha agregado.
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