
Ferrari, dirigida por Michael Mann, fue una de las cintas más esperadas del primer tercio del año. La película protagonizada por Penélope Cruz y Adam Driver, estrenada en España el pasado 9 de febrero, rememora la historia de Enzo Ferrari. El biopic se sitúa en los años 50, momento en el que Enzo (Driver) pierde repentinamente a su hijo Dino y mantiene una vida paralela a espaldas de su esposa Laura (Cruz). Además de los problemas que afronta en casa, la compañía Ferrari tampoco pasa su mejor momento: la oleada de accidentes ha provocado que cada vez más pilotos pierdan la vida y los resultados del equipo en las carreras tampoco están a la altura de lo esperado. Para tener los mejores coches, Ferrari necesitará un impulso económico que le obligará a tomar delicadas decisiones.
Para afrontar una carrera decisiva para el futuro de la empresa, la Mille Miglia, Ferrari designa a una serie de pilotos entre los que se encuentran Peter Collins, Olivier Gendebien, el joven Alfonso de Portago o el veterano Piero Taruffi (interpretado por Patrick Dempsey). Ferrari no sólo recupera el espíritu competitivo de la escudería italiana, también reconstruyó los coches empleados en antaño de forma casi milimétrica (y en tiempo récord) para el rodaje. Meses después de su estreno en salas, la película de Mann aterrizará en Prime Video el próximo 17 de mayo.
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El absoluto protagonista de la película es Adam Driver. El actor, conocido por dar vida a Kylo Ren en la saga Star Wars y por películas como Historia de un matrimonio o Paterson, se mete en la piel de Enzo Ferrari, el piloto e ingeniero que fundó la icónica compañía. Penélope Cruz tiene uno de los papeles más complicados de la película, pues Laura Ferrari era un personaje muy complejo, más si cabe en una película contada desde la perspectiva de su marido. La actriz encarna a la esposa de Enzo Ferrari, quien levantó el taller y la compañía durante la Segunda Guerra Mundial, cuando se trasladó la fábrica de Módena a Maranello para evitar los bombardeos.
“Como había muy poca documentación sobre ella, llegué un mes antes del rodaje para conocer a gente que la conocía bien”, desveló Cruz en su entrevista con El Hormiguero, en la que detallaba cómo se acercó al personaje. “Paraba a extraños por la calle, les preguntaba por ella y no me gustaba lo que recibía porque me llegaba una falta de compasión y de empatía muy grande hacia ella”, matizó la intérprete, quien añadió que la reputación de la esposa llegaba a límites exagerados: “La llamaban loca, era una persona a la que todos temían, porque era muy complicada, muy oscura”, concluyó entonces.
Modelos icónicos de coches de Ferrari
Los automóviles que aparecen en la película no son originales, son reconstrucciones de aquellos que la empresa empleó en las carreras de los años 50. Un equipo de 12 personas fabricó nueve coches en apenas 22 semanas, y no se trataba de simples autos de exposición: eran coches totalmente funcionales, con unos 280 caballos de potencia, diseñados para ser conducidos seguridad y que llegaban a superar los 160 km/h. El hecho de que fueran construcciones capaces de ser dirigidas como un automóvil normal fue un aliciente para los actores de Ferrari.
Las réplicas construidas específicamente para la película de Mann son modelos que cuestan millones de dólares y que no son fáciles de adquirir en las subastas, de ahí que fuese necesario construirlos desde cero. Neil Layton y su empresa, Auto Action Development, fueron los encargados de reconstruir todos los coches con precisión histórica. El negocio de Layton ya se había encargado de construir el Batmóvil Tumbler de las cintas de El caballero oscuro y Batman Begins, además de algunos de los automóviles empleados en largometrajes de la saga de James Bond, el más reciente, el DB5-AKA de Sin tiempo para morir. “Trabajar con Michael Mann es el sueño de cualquier chico de la industria cinematográfica”, declaró el propio Layton.
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El mayor reto para Auto Action Development fue conseguir los datos necesarios para reproducir los coches. Layton colaboró estrechamente con Aston Martin en Sin tiempo para morir, pero no contó con dicha ayuda por parte de Ferrari. Para ajustarse lo máximo a los coches originales, Layton tuvo que conseguir todos los datos necesarios para replicar los coches. Lo hizo preguntando a los propietarios si podía escanear las piezas de incalculable valor de sus respectivas colecciones y, en el caso del Ferrari 801 monoplaza, encontrar un modelo de juguete en un sitio de subastas, escanearlo y aumentarlo de tamaño. También fue difícil gestionar la entrega de todas las piezas de los distintos proveedores.

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