Una mujer de 73 años viaja a España para casarse con el cantante Luis Miguel y descubre que había vivido una estafa: “Yo lo veía venir pero no quería escuchar”

Sandy Somarriba ha perdido todos su ahorros tras ser víctima de una estafa que la llevó a coger un avión desde las Vegas para acudir a su supuesta boda: “Yo no tengo más dinero. Todo se lo di. Pero lo que más me duele es mi corazón destrozado, hecho trizas”

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 Una mujer escribe un
Una mujer escribe un mensaje en su móvil. (Patrick Pleul/dpa)

Con la esperanza de dar un giro romántico a su vida, Sandy Somarriba, empresaria en Centroamérica, traductora para migrantes en temas legales y sanitarios en Estados Unidos y, ahora, a su 73 años, pensionista, vivió una desilusión que jamás imaginó. Su historia comenzó con un mensaje en Facebook del cantante Luis Miguel, invitándola a hablar y terminó con una boda frustrada a miles de kilómetros de su país, conforme ha recogido La Voz de Galicia en un reportaje.

Ilusionada, Sandy, que siempre fue admiradora del artista, no dudó en iniciar una conversación que, con el tiempo, se tornaría en un calvario emocional y financiero. “En Facebook me salió un mensaje con su foto que decía: ¿quieres chatear conmigo? Y yo empecé”. Lo que parecía una oportunidad única se convirtió en un viaje sin retorno hacia el engaño. El estafador detrás de la figura del cantante mexicano le solicitó, como primer paso, la compra de una “tarjeta de fan” valorada en 500 dólares (unos 450 euros), argumentando que era imprescindible para mantener una comunicación privada.

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Los mensajes y las promesas de amor se intensificaron, e hicieron a Sandy a creer en un futuro junto al supuesto Luis Miguel. Incluso, recibió fotografías y promesas de matrimonio que solidificaron su creencia en este amor digital. “Me escribió cosas que me llegaban al corazón”, contaba. Sin embargo, detrás de las declaraciones y los gestos románticos, se escondía un engaño caro y doloroso. Entre mensajes de amor e imágenes del cantante, ella le enviaba toda la documentación que el falso cantante le pedía. “Todo el mundo tiene el deseo de que lo amen”, admite después de meses de mentiras. “Tonterías he cometido a miles. La gente no puede comprender cómo caí en esto. Yo lo veía venir pero no quería escuchar”, admite.

Sandy, nacida en Nicaragua y residente en Estados Unidos, se vio envuelta en la mentida que no solo le costó dinero, sino también su paz mental y emocional. A lo largo de diez meses, estima haber perdido unos 10.000 dólares, dinero que fue a parar a manos de estafadores que se aprovecharon de su anhelo de amor. Pagos que iban desde supuestas tasas aduaneras hasta cheques falsos que debía adelantar.

Una pareja de mujeres, víctima
Una pareja de mujeres, víctima de una estafa por Internet. (Getty)

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“Tenía todo listo para casarnos”

El engaño alcanzó su clímax cuando decidió viajar a España para encontrarse con quien creía sería el amor de su vida. “¿Tú estarías dispuesta a venirte a España para estar conmigo?”, le preguntó. “Y yo le dije que sí. Me dijo que tenía todo listo para casarnos”, cuenta. Le pidió que viaja hasta Madrid para celebrar una boda, pero a su llegada al aeropuerto de Barajas, la realidad se abrió paso ante sus ojos: “Ahí es cuando el mundo se me vino a los pies”. Luis Miguel no estaba allí, tampoco el chófer que le había prometido que iría a buscarla.

El desenlace de esta historia se tornó aún más amargo cuando Sandy se encontró sin recursos, hospedada en un hostal de Brunete (Madrid), esperando a poder regresar a Las Vegas. En España, le denunció a la Policía Nacional en la terminal 4 y pidió ayuda a los servicios sociales hasta que un antiguo jefe le compró el billete de avión de regreso. Volverá a casa de una prima, “yo no tengo más dinero. Todo se lo di. Pero lo que más me duele es mi corazón destrozado, hecho trizas”, lamenta. .

Pese a la traición y el daño sufrido, Sandy aún recibe llamadas del estafador, que insiste en ser el verdadero Luis Miguel: “Anoche me llamó y hablamos 33 minutos”. A pesar de la ilusión destrozada y el corazón roto, ella mantiene una postura resiliente: “Yo le sigo la corriente y le digo que ya no soy una mujer confiada, que ver para creer”.