
Por muchos años que pasen, hay bodas que forman parte del recuerdo popular por el gran simbolismo que tuvieron. Eso sucede con la de Carmen Martínez-Bordiú y Alfonso de Borbón, que en el año 1972 acapararon cientos de titulares por su enlace. La expectación era máxima, pues mientras que ella era la nieta mayor del dictador Francisco Franco, él era nieto del rey Alfonso XIII y, por lo tanto, proveniente de una importantísima familia.
Con su enlace se pretendía fusionar a los anteriores mandatarios, los Borbón, con los que gobernaban en ese momento, los Franco, y es que el dictador se guardó el derecho de cambiar al heredero -que era Juan Carlos- si le parecía conveniente. De este modo, la pareja podría haber acabado reinando en España, pues en aquel momento parecía que eran los nuevos aspirantes al trono. Pero nada más lejos que la realidad. Es cierto que su ‘sí, quiero’ tuvo un estilo royal, pero su destino no pasaba por estar al frente del país.
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8 de marzo de 1972
La ceremonia tuvo lugar el 8 de marzo de 1972 en El Pardo, donde vivían los Franco, y acudieron miembros de diferentes casas reales, lo que le dio a la ceremonia un aire de boda de estado. Entre los asistentes estaban, por ejemplo, el príncipe Rainiero de Mónaco y su mujer, Grace Kelly; la primera dama de Filipinas, Imelda Marcos o La Begum, la esposa del Aga Khan III.
Carmen recorrió el camino hasta el altar enfundada en un vestido de Balenciaga y del brazo del jefe del Estado, su abuelo, que se puso con intención para ese día con su uniforme más llamativo. Los padrinos fueron Francisco Franco, como no podía ser de otra manera, y Emmanuella Dampierre, la madre de Alfonso, que ya le veía convertido en heredero.

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Pasados los fastos, Alfonso de Borbón realizó un movimiento que llegó a preocupar a su primo, Juan Carlos I, pues reclamó para sí el título de ‘Alteza Real’, aunque finalmente se le otorgó el ducado de Cádiz. Carmen Polo, por su parte, comenzó a exigir al servicio que trataran a su nieta de ‘Alteza Real’ y empezó a cederle su puesto en la mesa. Alfonso no tardó en tomar ejemplo y en su casa también reclamó esa distinción para él y su mujer.
Su primer hijo, Francisco de Asís, nació solo nueve meses después de la boda. Para la llegada del segundo, Luis Alfonso, hubo que esperar hasta 1974. Solo un año después murió Francisco Franco, cambiando para siempre el destino de Carmen y Alfonso. Juan Carlos se convirtió en rey y su primo tuvo que despedirse de sus planes de reinar.
Un sonado divorcio
Y aunque el futuro parecía ser para ellos, siete años después de esa fastuosa boda la pareja se divorciaba. La decisión fue de Carmen y, según Alfonso, es porque “hubo influencias nefastas y sutiles. Las que suelen aparecer en las rupturas matrimoniales. Carmen veía con frecuencia a algunas amigas divorciadas. Hubiera debido de prestarle más atención. Esas personas no dejaban de encomiar los encantos de la libertad”, escribió, refiriéndose a Isabel Preysler, que era su vecina en esos últimos años y también se había separado.

A Martínez-Bordiú le dio igual toda la polémica que se generó. De hecho, dejó a sus dos hijos con su padre y se fue a vivir a París junto al anticuario Jean-Marie Rossi, del que se enamoró y con quien se casó en el año 1984 y tuvo a su hija pequeña, Cynthia. Si bien es cierto que se acabaron separando, mantuvieron una buena relación hasta la muerte del galo, sucedida en 2021.
Dos tragedias
Ya divorciados, Alfonso y Carmen vivieron una gran tragedia, la muerte de su hijo mayor, Francisco de Asís. Ocurrió en febrero de 1984 en un accidente de tráfico que sucedió cuando padre e hijo volvían de un viaje de esquí. Cerca de las ocho de la tarde, el duque se saltó un stop y el coche en el que viajaban chocó con un camión. Tras dos días ingresado en el hospital de Navarra, Francisco, que tenía 12 años, falleció a causa de las graves heridas sufridas.
Cinco años más tarde era el propio Alfonso de Borbón el que perdía la vida, también tras un viaje de esquí. El duque de Cádiz había viajado a la estación de Baever Creek, en Colorado, Estados Unidos, para practicar su deporte favorito y ver el campeonato del mundo, que se celebraba en esas pistas. Poco después de la prueba femenina, salió con un amigo a inspeccionar las pistas con la suerte de que en el descenso se topó con un cable de acero que le segó el cuello.
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