
Todd Haynes se dio a conocer a principios de los años noventa con Veneno (Poison) y se convirtió en una de las puntas de lanza del queer cinema norteamericano. A partir de ese momento se convirtió en un director de culto y desarrolló una carrera en la que vertió todos sus intereses artísticos tan eclécticos como disruptivos. De la paranoia cotidiana de Safe al delirio glam de Velvet Goldmine, pasando por su reinterpretación de Douglas Sirk en Lejos del cielo, su deconstruido biopic sobre Bob Dylan en I’m Not There o esa obra maestra que sigue siendo Carol.
Después del documental sobre The Velvet Underground, porque la música siempre ha sido una de sus pasiones, regresa a la ficción con una película tan atípica como lo que se suele esperar de él. May December, o como se llamará en nuestro país, Secretos de un escándalo, parte de un caso real, el de una mujer de 36 años que mantuvo relaciones sexuales con un menor de 13 años y fue condenada por abuso. Quedó embarazada y posteriormente ambos se casaron y vivieron juntos. Es decir, el reverso de Lolita, algo que también estaba presente en el reciente Premio Lumen Vladimir, de la argentina Leticia Martin.
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Entre Bergman, Chabrol y Almodóvar
El director recoge este material para llevárselo a su terreno, el de las máscaras, el de los espejos y las identidades fracturadas. Así, una actriz accederá al entorno privado de la mujer que ha establecido su vida después del escándalo para hacer una película sobre su caso. Ellas son Natalie Portman y Julianne Moore (actriz fetiche de Haynes desde Safe a Lejos del cielo) y entre ellas se establecerá una relación tan tensa y extraña como morbosa y ultra tóxica.
La batería de referencias resulta caudalosa. En un encuentro con Todd Haynes enseña a Infobae España el cuaderno de rodaje para perfilar el estilo del filme en el que encontramos desde Persona de Ingmar Bergman a El graduado, pasando por Una mujer infiel, de Claude Chabrol, de la que bebe especialmente. Pero también de ese tono de derribo que tan bien practicó Brian de Palma o Roman Polanski en algunas de sus obras, aunque en este caso haciendo un ejercicio de autoconsciencia a la hora de asimilar algunos de los postulados del telefilm para convertirlo en una muestra deconstruida profundamente autoral en la que late la sátira más camp.
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Secretos de un escándalo es una muestra de la maestría de Todd Haynes a la hora de jugar con los estilos y subvertir los términos de la alta cultura. Su banda sonora disruptiva, que crea toda una atmósfera, está sacada de la música Michel Legran y se encarga de dotar de impacto socarrón a todo un ejercicio de estilo que supera cualquier expectativa, porque es libre, juguetón, desprejuiciado y muy valiente en los tiempos acomodaticios que corren. Una obra importante sobre las apariencias y sobre el absurdo mundo del sensacionalismo en el que vivimos.
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