
11 de junio de 2005. Sin duda, la fecha más importante de la historia de Osasuna, grabada a fuego en el corazón de todos los aficionados rojillos. En un estadio, el Vicente Calderón de Madrid, y un fútbol que ya no existen, el equipo navarro disputó su primera final de la Copa del Rey, hace casi 18 años. Enfrente, el Betis de Joaquín, Oliveira, Juanito, Assunção, Doblas y compañía, con Lorenzo Serra Ferrer como entrenador. En las filas de los de Pamplona, otros nombres que suenan y mucho en el balompié español: Pablo García, César Cruchaga, Pierre Webó, Richard Morales o Patxi Puñal, con Javier Aguirre a los mandos. Todos tan valientes y luchadores, ya lo dice el himno osasunista, como los actuales integrantes del conjunto rojillo. Herederos de aquellos ídolos y de nuevo a las puertas de una final copera, de la historia de Osasuna al fin y al cabo. La cita, este sábado en Sevilla y contra el Real Madrid.
¿Cuál fue la receta de aquel éxito de Osasuna y posiblemente también la del presente? La respuesta está en el vestuario. “Éramos un grupo de amigos a los que nos gustaba pasar tiempo juntos. Chicos jóvenes, con ganas de disfrutar y hacer las cosas bien”, recuerda a Infobae España Webó, uno de los delanteros titulares de Osasuna esa noche histórica en el Calderón. “La fórmula de esos años funcionó. La gente que vino de fuera era muy parecida a nosotros en carácter, había muy buen rollo de vestuario”, apunta Cruchaga, entonces capitán rojillo. “Los de casa igual estábamos en nuestro mejor momento deportivo, se acertó con los fichajes… Cuando mezclas todo eso y lo agitas, sale un buen equipo”, añade.
Otro de los integrantes de aquel equipo era Valdo. Su gol en la ida de semifinales ante el Atlético en El Sadar fue directo a la historia de Osasuna. No es para menos: valió la primera final de Copa. “Había una gran unión, éramos como una familia. Eso marcaba la diferencia para poder competir contra otros equipos con mucho más presupuesto”, se suma el volante. “Hacer que ese equipo pudiese pelear durante varios años por entrar en Europa, jugar la final de la Copa del Rey, llegar a una semifinal de la UEFA…”, recuerda con orgullo. Unos registros que les convirtieron en el mejor Osasuna de siempre. Lo afirma Puñal, leyenda rojilla, el jugador con más partidos disputados en la historia del club. “Pasamos un par de años que ganábamos fácil. No era habitual en nosotros, y ese año y el siguiente, que nos quedamos cuartos en LaLiga, vivimos la mejor época deportiva del club”, asegura. “Éramos más que un equipo”, resume.
A esa unión que trascendía de lo estrictamente deportivo también hace referencia David López, uno de los secundarios tan importantes en aquella plantilla. “Nos juntábamos para cenar, dar una vuelta… Eso hace mucha comunión y amistad entre los jugadores. Creo que es imprescindible. Nosotros lo hicimos muy bien en ese sentido. Por eso el grupo era muy fuerte y consiguió lo que consiguió”.
Todos a una: un mantra para Osasuna
Webó desvela cómo se fraguó aquella sensación de unidad, casi de pertenencia, liderada por el propio Javier Aguirre. “Los jueves hacíamos cenas de equipo. A veces, el que las organizaba era el entrenador, Javier Aguirre. El que no venía pagaba una multa”, cuenta el delantero. “Era muy frecuente ver a tres o cuatro jugadores de Osasuna juntos en los centros comerciales, haciendo cosas comunes. No como hoy en día, que los jugadores, después de entrenar, cogen su coche y ni siquiera comparten cosas juntos. Hay cosas que no se entrenan: el compromiso por un compañero que es amigo, el esfuerzo que puedas hacer por ayudarle”, recuerda.
Más allá de la comunión en el vestuario, el adjetivo que más se repite al hablar de Osasuna como equipo en 2005 es “aguerrido”, una característica que bien podría trasladarse al plantel actual, dirigido por Jagoba Arrasate. “Teníamos muchas variantes. Jugadores con calidad, que podían tener el balón y sabían manejarlo, como Pablo García, Savo Milosevic, Ludovic Delporte, Raúl García… También jugadores aguerridos, de casta, muy duros: Richard Morales, Cruchaga, Josetxo… En los duelos, iban al cien por cien”, valora Webó.
En la misma línea va Puñal, dispuesto a “cerrar un círculo” con esta nueva final copera. Futbolista primero, director técnico de la cantera rojilla después, siempre hincha de Osasuna. “Éramos muy comprometidos, muy fuertes en el duelo, muy dominantes en las áreas. Quizá este equipo de ahora tiene más fútbol que el de entonces, pero teníamos futbolistas que jugaban muy bien. Sabíamos hacer las cosas y competíamos muy bien”, enumera.
“Los que no eran de casa eran igual de capitanes que los de aquí. Entendieron a la perfección lo que es Osasuna. Es gente muy querida por la afición porque demostró el carácter que tenía y lo que llevaba dentro: Pablo García, Savo Milosevic, Webó… Gente que lo dio todo, muy luchadora y que se vaciaba en el campo. Esa forma de ser le gusta mucho a la gente de Pamplona”, añade su excompañero Cruchaga, líder de un vestuario cuyo hábitat natural competitivo encontró su primera gran razón de ser en la Copa.
Para alcanzar la final, Osasuna tuvo que eliminar antes a Castellón (0-0 en el campo valenciano: 2-4 en los penaltis), Girona (0-1 en Montilivi), Getafe (ya a ida y vuelta: 2-0 en casa y 3-2 a domicilio), Sevilla (2-1 fuera y 3-1 en Pamplona) y Atlético de Madrid (1-0 y 0-0). “Eliminamos a equipos muy potentes. El mérito que teníamos es que casi todos los primeros partidos jugó la gente menos habitual en Liga. Ellos, ciertamente, fueron los que más mérito tuvieron en llevarnos hasta la final”, resalta de nuevo Cruchaga.
Los días antes de la final
Una vez clasificados para el duelo por el título, llegó lo peor: la espera hasta el partido. “Salías y no había manera de abstraerte de nada. Todo el mundo tiene algo que decirte. Ya sabemos lo pequeñito que es Pamplona y lo cercanos que somos todos aquí. Era brutal”, recuerda Puñal. Él encontró en la naturaleza el lugar ideal para alejarse del ruido. “Había que buscar sitios donde tomar el aire tranquilo: el río, el monte… Ahí buscaba yo la tranquilidad con mis perros: me gusta bastante el campo y vivo en un pueblecito a las afueras. Si no, era imposible. La semana o las dos semanas previas a la final era increíble cómo estaba la ciudad”, hace memoria Puñal.
Webó tiene un recuerdo todavía más agobiante de la situación: “Era un poco difícil apartarse de todo. Familiares que querían entradas, viajaba gente (en mi caso, de Francia), mi mujer, que entonces era mi novia y es de San Sebastián, organizó un poco el hotel y todo…”, explica. El delantero tiene claro el consejo para la actual plantilla: pensar solo en el partido de Sevilla. “El futbolista de Osasuna, que no está acostumbrado a jugar este tipo de partido, se tiene que apartar y delegar esto a otra persona. Esta semana, para los jugadores de Pamplona, ha sido horrible. Te suena el teléfono, te piden entradas… Lo más importante es focalizarse en el partido. Si no estás, te puede quitar unos días de sueño que en el partido, quieras o no, te puede ir pasando factura a partir del minuto 70″.

Lo que le sucedió a aquella plantilla, y revive ahora la actual, no es, ni más ni menos, que el verse ante una situación desconocida, con todo lo que conlleva, especialmente desde el plano psicológico. “Casi ninguno de nosotros había estado en situaciones así. Sobre todo, muy mediáticas. LaLiga ya había terminado y la final de Copa fue a los 15 días o tres semanas. Eso también nos causó mucha ansiedad”, coincide Cruchaga. “Cuando no estás habituado a situaciones así… Éramos chavales jóvenes y quizá sí que nos pudo un poquito el no tener esa convicción de ir a por el partido, como la teníamos en el resto de los partidos de Liga”, añade el excapitán rojillo.
El miedo a perder
Ya sobre el césped, la sensación de “ir siempre a remolque” que tiene Valdo es generalizada. “Nos marcaron ellos primero”, justifica. Concretamente, lo hizo Oliveira, en el minuto 74. “Fue un partido muy soso, no hubo apenas ocasiones. Los dos equipos teníamos más miedo a perder que a ganar”, relata Cruchaga. El éxtasis rojillo llegó a ocho minutos del final, con el gol del empate de John Aloisi. El australiano había entrado solo tres minutos antes para sustituir a Webó. “Me acuerdo del esprint que metí cuando Aloisi marcó el gol del empate. El esprint que hice desde el banquillo para ir a abrazarle no lo había hecho ni una vez en el partido. Encima lo marcó donde estaba nuestra afición”, confiesa el camerunés.
“Parecía el tendido de Sol de Sanfermines de las peñas”, rememora Cruchaga sobre aquel 1-1 que hizo creer a los suyos y que acabó llevando la final a la prórroga. Allí, incluso luchando hasta la extenuación, se terminó el sueño cuando más cerca estaba de hacerse realidad. “Nosotros estábamos ya con una dinámica ascendente, el Betis nervioso porque veía que se le escapaba. Y en una jugada muy aislada, por irnos demasiado arriba, en una contra, nos hacen el 2-1 (Dani en el minuto 114). Cuando ya ves que igual tienes opción de ir a los penaltis, se trunca todo”, lamenta el defensa.
Casi dos décadas después, Puñal pone ahora la vista atrás y, más allá de una oportunidad perdida, ve a un equipo al que, quizás, le pudo la presión. “A muchos de nosotros nos superó un poco la situación. No acabamos de disfrutar ni de estar. Estábamos sobrepasados por las circunstancias”, se sincera la leyenda rojilla. “Fue una lástima no haber podido ganar cuando teníamos un rival que era de nuestra entidad. Quizá no valoramos en su justa medida aquello”, remata.

A él precisamente no se le borra de la cabeza una de las grandes anécdotas que dejó ese partido, protagonizada por el jugador –según Puñal– con el “carácter ganador en aquella Copa que quizá fue lo que nos faltó a los demás”: el uruguayo Pablo García. “Después de perder, no quería subir a por la medalla”, relata. “Fueron a buscarle al vestuario y le dijeron ‘Pablo, tienes que subir a por la medalla’. Y él decía ‘No, no, yo no voy. Yo no subo a ningún sitio. Yo no gané: yo perdí’. Ahí se quedó, sentado en el vestuario”. Pablo García nunca subió a por la medalla. Se la recogieron y se la mandaron a Uruguay. “Mientras estaba aquí en España, no la quería ni recoger”, reconoce Puñal.
Decepción y orgullo
El golpe para la plantilla fue duro, especialmente para los más jóvenes. “Los veteranos les tuvimos que animar”, cuenta Cruchaga. La sensación, explica el excapitán, era la de haber fallado a los suyos. “La gente estaba tirada por allá por el suelo, bastante triste. No le dimos lo que se merecía a la afición que nos había llevado en volandas hasta allí y que tanto nos había animado”. “Lo mejor fue ver a toda la afición en la entrada, en el estadio, la ilusión que tenían. Lo malo, que al final no conseguimos el resultado que esperábamos”, se suma Valdo, que recuerda aquella noche con una sensación “más agridulce, de tristeza, que de alegría”.
Webó, en cambio, prefiere quedarse con lo bueno. “Aguirre nos decía ‘Chicos, vamos a preparar el entrenamiento de hoy y hacerlo como hay que hacerlo. Cuando llegue la final, ya la jugaremos”, cuenta el delantero. Al final, tras la derrota, el técnico mexicano estaba orgulloso de su equipo. “Nos felicitó por el hecho de haberla jugado y nos dijo que habíamos hecho algo grande. No pudimos ganar, pero estaba orgulloso de nosotros”.
Eso sí, el camerunés siempre tendrá clavada la espina del ‘y si...’. “No sé si hubiésemos llegado a Pamplona... Éramos jóvenes, y la fiesta que se iba a armar ahí… Ni me imagino. San Fermín de aquel año habría sido para Osasuna. Llevar la Copa a la Plaza del Castillo habría sido algo especial”

David López también recuerda el momento desde un punto de vista más positivo que negativo, especialmente por lo que provocaron en la afición de Osasuna. “Recuerdo ver toda la grada rojilla... Todo el mundo contento y orgulloso de lo que habíamos hecho y hasta dónde habíamos llegado”, expone. “Hay que sacar lo positivo: a partir de ahí, hubo una unión increíble entre la afición y los jugadores. Eso nos llevó a conseguir grandes cosas en los años venideros”, amplía.
Ganar al Real Madrid: difícil, pero no imposible
Este año, la historia que ellos vivieron entonces se repite para un grupo que, a pesar de tener al Real Madrid enfrente, les transmite todo lo necesario para creer en la machada. “Veo a un Osasuna más maduro que el nuestro. El equipo lo ha demostrado tanto en casa como fuera y no sólo somos capaces de responder a las demandas del rival, sino que proponemos otras cosas diferentes”, saca pecho Puñal, y lo explica. “Ya no es sólo el mismo juego plano que quizá en su día se le achacaba a Osasuna: jugar arriba, a las caídas, los duelos… Lo hemos demostrado en campos complicados como el Sánchez-Pizjuán. Incluso con el Barcelona jugamos 70 minutos con 10 y nos ganan a última hora”.
Cruchaga habla en términos similares. El excapitán ve a un equipo capaz de competir de tú a tú con cualquiera. “No tienen ningún tipo de complejo. Es un equipo muy trabajado, con mucha confianza, y va más preparado a una final de Copa que el nuestro”, valora. “Nuestro equipo era más agresivo, más correoso, ahora tienen gente de muchísima calidad, que también maneja muy bien el balón”, coincide David López. Para Cruchaga, lo más negativo es el rival que estará enfrente en Sevilla. “Sabemos que aunque el Madrid no haga un buen partido, puede tener dos ocasiones y que vayan adentro. Y las tuyas no meterlas. Pero creo que el partido va a estar muy abierto”, considera. “Hace falta tener ese acierto para ganarle a todo un Real Madrid. Pero no nos cabe ninguna duda de que el equipo va a competir de principio a fin”, se suma Puñal.
El menos optimista de todos es Webó. Para el camerunes, una final con el Real Madrid de por medio es casi un imposible. “Es un rival durísimo no, lo siguiente. Es favorito al 99,5%”, valora. “Con gente como Vinicius, Benzema y Rodrygo... Son jugadores con mucho talento que, de un momento a otro, pueden decidir el partido. Osasuna, con su garra, si lleva el partido al plano físico y de contactos, puede tener opciones”, analiza Webó. Valdo, canterano del Madrid, reconoce que vivirá la final con “sentimientos encontrados”. Para él, una de las claves de Osasuna está en Arrasate. “Trabaja muy bien los partidos y el equipo cree en lo que les transmite. Además, los fichajes se han acoplado bien”, valora. En cuanto al partido, espera a un Madrid con ganas de golpear rápido. “Querrán marcar gol pronto, por lo que saldrán fuertes. Buscarán ese gol rápido para poder jugar mucho más tranquilos y a lo que les gusta a ellos, que Osasuna tenga que abrirse mucho más y así poder buscar las contras”, analiza Valdo.
Precisamente, que eso suceda sería la peor señal para Puñal. El actual directivo rojillo apuesta por que el equipo se mantenga junto. “Esa es la clave, ya sea adelante o atrás. Hay que estar cortitos y estrechos en el campo. Si estamos un poco adelantados en lo que son los medios e incluso altos, hay que apretar la posesión de balón. Si le dejamos correr, el Real Madrid es mortal, quizá uno de los mejores equipos del mundo”, explica. Para él, levantar el título será imposible sin hacer, como mínimo, un gol. “Aguantar a todo un Real Madrid 90 o 120 minutos sin meter gol va a ser muy complicado sin que nos metan”, reconoce. Cruchaga, en cambio, sí confía en mantener la puerta a cero. “Ojalá lleguemos con un 0-0 al término del partido y Osasuna gane en los penaltis”, desea el excapitán, que anticipa un duelo poco vistoso. “Será un partido feote, porque las finales generalmente no suelen ser muy bonitas en cuanto a juego. Espero pocos goles y que se decida en detalles”, vaticina.

Lograr la hazaña ante el Madrid sería algo así como una especie de consuelo y justicia para aquel Osasuna del 2005 cuyos integrantes alcanzaron la condición de héroes sin haber levantado el trofeo. Muchos de ellos se reencontraron hace unos días en la Pamplona que les unió para siempre. “Hay varios que hacía mucho que no nos veíamos, pero una vez que te das un abrazo, es como si te estuvieses viendo todos los días”, reconoce Puñal. El pasado viernes, aquella familia formada hace casi dos décadas regresó por un día a El Sadar para recordar viejos tiempos y para alentar a una nueva, igual de unida que la suya, que también sueña con la gloria. Y es que 18 años después, Osasuna tiene una nueva cita con la historia.
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