
El Ministerio de Defensa de Guatemala lleva adelante un ambicioso plan de modernización militar y seguridad fronteriza en el que la educación, el equipamiento y la cooperación con Estados Unidos son los tres ejes centrales.
Henry David Sáenz Ramos es un militar guatemalteco que ostenta el rango de general de división y ocupa el cargo de ministro de Defensa Nacional desde enero de 2024 en el gobierno del presidente Bernardo Arévalo.
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Además, cuenta con una licenciatura en Administración de Recursos y Tecnología, dos maestrías en esa misma área y en Seguridad Pública, y un doctorado en Defensa y Seguridad. Durante su carrera profesional, se desempeñó en unidades de fuerzas especiales, unidades operativas y administrativas, y en el Comando Regional de Entrenamiento de Operaciones de Mantenimiento de Paz.
En junio de 2025, el presidente Arévalo ratificó su continuidad al frente del ministerio, con el objetivo de mantener el proceso de modernización y profesionalización de las fuerzas armadas. Bajo su conducción, el Ejército de Guatemala reorientó su estrategia hacia el control de fronteras, la lucha contra el narcotráfico y la recuperación del orden en los centros penitenciarios, en un contexto de creciente cooperación militar con Estados Unidos.
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En diálogo con DEF, el ministro de Defensa guatemalteco detalla cómo el país enfrenta el narcotráfico –su principal amenaza de seguridad nacional–, el avance contra las maras y los próximos pasos para reforzar el control territorial, fluvial y aéreo en todo el país.

Las amenazas de defensa en Guatemala
-¿Cuál es la situación de defensa que atraviesa Guatemala hoy y cuáles son las principales amenazas?
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-Estamos trabajando bajo un diseño operacional que llamamos “cinturón de fuego”, enfocado en reforzar nuestras zonas fronterizas, principalmente la frontera oeste y suroeste con México, que es la más violenta en términos de seguridad nacional. Tenemos problemas vinculados al clima –inundaciones en invierno, incendios en verano–, pero los vemos desde el prisma de la seguridad nacional porque todo es manipulable. La mayor amenaza para Guatemala es el narcotráfico, que se manifiesta de distintas formas: migración irregular, contrabando de ganado en el norte del país y tráfico de mercancías entre países.
-¿Cuál es la hoja de ruta para mejorar las capacidades de las Fuerzas Armadas?
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-Desde el inicio de mi gestión, junto a nuestro socio estratégico, Estados Unidos, firmamos una declaración conjunta en Washington, donde establecí mis tres prioridades: educación, educación y educación. Esa base es primordial para tener unas fuerzas más profesionales, mejor equipadas y con más criterio en el empleo de la fuerza.
Los resultados ya se ven: en enero, retomamos el control de tres centros penitenciarios en 14 horas, sin heridos ni muertos de ninguno de los dos lados. Además, después de 47 años, el embargo de Estados Unidos se levantó y ya estamos recibiendo equipo moderno.
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-¿Cómo se planea capacitar a las fuerzas para usar ese nuevo equipamiento?
-Los ejércitos siempre han trabajado con la metodología de reproducción del conocimiento. Nuestro socio estratégico nos abrió sus escuelas y centros de capacitación para que oficiales y suboficiales se formen allí y regresen como multiplicadores en sus unidades. Al mismo tiempo, expertos de Estados Unidos viajan a Guatemala para entrenar directamente a nuestras tropas.
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Las alianzas de Guatemala y los próximos objetivos
-¿Cómo evalúa el rol de Estados Unidos en la lucha contra las amenazas transnacionales en el hemisferio?
-Lo valoro muy positivamente. En el caso de Haití, por ejemplo, el liderazgo estadounidense para organizar y poner en marcha una estrategia regional fue efectivo. Para Guatemala en particular, nos han transferido conocimiento, planificación y capacidad de gestión. Pasamos de pedir donaciones a administrar mejor nuestros propios recursos y comprar equipamiento con nuestros fondos. Como suelo decir en sentido figurativo: no nos dieron el pescado, nos enseñaron a pescar.
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-¿El modelo de El Salvador con Bukele es aplicable a Guatemala?
-Guatemala quiere democracia y respeto a los derechos civiles de toda su población. No queremos un modelo totalitario: la historia demuestra que son modelos de corto plazo que dividen las sociedades y las marcan por décadas. Estamos apostando por modelos democráticos sostenibles, que pongan la seguridad y la defensa como base, pero orientados al desarrollo.
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Tenemos planificada una cárcel que cumpla con los estándares Mandela y los estándares internacionales de seguridad; ya está diseñada y tenemos el lugar para construirla, pero los intereses del narcotráfico han frenado su inicio.
-¿Cómo está la lucha contra las pandillas?
-Se esperó demasiado tiempo para actuar. Ahora están legisladas como organizaciones terroristas y el ejército se involucra en seguridad pública como complemento de la Policía Nacional Civil. El primer paso fue controlar las cárceles, porque desde allí salían las instrucciones a los operativos en la calle. Solo ese hecho redujo los índices de homicidio. Queda mucho trabajo –desarticular la estructura financiera, de inteligencia y las casas de seguridad–, pero empezamos por lo más urgente: proteger vidas.
-¿Cuáles son los proyectos futuros del Ministerio de Defensa?
-Hemos tenido éxito en el control de aguas territoriales y espacio aéreo, pero necesitamos mejorar en el control territorial y las aguas interiores. La estrategia apunta a tener mayor presencia en ríos y lagos, que han sido rutas del narcotráfico.

Para fin de año, ya contaremos con embarcaciones, tripulaciones y capacidades que antes no teníamos. También vamos a desarrollar operaciones aeromóviles en todo el país: estamos coordinando la recepción de helicópteros para estar en tiempo real en cualquier punto donde se lleve adelante una operación antinarcótica. La meta es consolidar el éxito en mar y aire, y extenderlo al territorio.
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