En su nuevo espacio del microcentro porteño, Colección Balanz propone un viaje a través del tiempo

La sala Nazaré, en Corrientes casi 25 de mayo, presenta una muestra inspirada en el título de la novela de H.G. Wells, por su interconexión entre generaciones y corrientes del arte contemporáneo

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Mujer de espaldas, con cabello rubio y ropa clara, frente a una gran pintura de arte moderno enmarcada en una galería de arte con paredes blancas y suelo gris
El microcentro porteño sigue enriqueciéndose como eje del arte contemporáeno con la apertura de la Sala Nazaré, de la Colección Balanz

El Microcentro porteño sigue enriqueciéndose como eje del arte contemporáeno con la apertura de la Sala Nazaré, de la Colección Balanz, con la muestra La máquina del tiempo.

“La colección tiene aproximadamente 700 obras. En un universo de tal magnitud hay muchísimas posibilidades de abordarla. Se me ocurrió trabajar con La máquina del tiempo, por la novela de H.G. Wells, por esta facultad que tienen los artistas de traer a sus obras las obras de otros artistas”, comentó la curadora Florencia Batiiti.

En ese sentido, el eje conceptual de la exhibición permitió abrir las posibilidades de territorio y tiempo para presentar las piezas seleccionadas, ya que no hay una linealidad ni epocal ni espacial lo que permitió juntar a contemporáneos con producciones de grandes nombres nacionales, con la de extranjeros.

El título y la selección buscan, según Batitti, enfatizar cómo las obras “traen consigo las obras de otros”, ya sea a través de citas explícitas, apropiaciones o referencias literarias y visuales.

Anselm Kiefer. für Ingeborg Bachmann, 2023-2025
Enselm Kiefer, artista alemán cuyas piezas abordan el trauma de la Segunda Guerra Mundial mediante referencias cruzadas a la escritora Ingeborg Bachmann y a Vincent Van Gogh

Así, en las paredes de la planta baja del Edificio Lipsia, puede observarse ni bien se ingresa una obra en gran formato de Enselm Kiefer, artista alemán cuyas piezas abordan el trauma de la Segunda Guerra Mundial mediante referencias cruzadas a la escritora Ingeborg Bachmann y a Vincent Van Gogh.

“El artista y la escritora nacieron muy cerca del final de la Segunda Guerra y están atravesados por el trauma de la guerra”, explicó Batitti, añadiendo que el emblemático motivo de los girasoles se transforma aquí en “unos girasoles antropomorfizados, de una paleta más oscura, más melancólica”, donde la reminiscencia de Van Gogh se tiñe de referencias al Holocausto.

A la derecha, dos obras preciosas del artista indio Raqib Shaw establecen un registro multicapa entre materiales, relatos y tradiciones, reuniendo desde técnicas inspiradas en la joyería hasta escenas tomadas de la cultura popular, la pintura académica y el arte digital.

"Ludwig fantasy suite... drunk on the wine of the beloved" (2021), de Raqib Shaw
"Ludwig fantasy suite... drunk on the wine of the beloved" (2021), de Raqib Shaw

Las obras se encuentran rodeadas, por un lado, por dos piezas de Max Gómez Canlé en las que cita a Roberto Aizenberg y a Raúl Lozza, respectivamente, mientras que del otro lado surge Yuyo Noé, con un retrato que cita al Facundo de Sarmiento, anterior a la mítica serie Federal, un conjunto icónico de pinturas que aborda el caos de la historia argentina, que presentó en la galería Bonino en el ‘61, junto a un gaucho de Luis Benedit, “llevando a escena a Florencio Molina Campos”, para generar una tensión entre “tradición y vanguardia”.

En otro de los núcleos surge la obra de Nicola Costantino, quien dialoga en imagen con íconos de la pintura. Aparece Berni con Nicola como La mujer del suéter rojo, como también un homenaje a Las Meninas de Velázquez, “que recrea esa imagen que era la tapa de la Enciclopedia de los genios que su padre compró cuando ella era chica” y en una tercera fotografía coquetea con Ofelia de Millais, en una pieza que no solo se extiende en referencias al texto de Shakespeare, sino que se presenta con una colometría y pose que ingresa más en el truculento mundo del fotoperiodista norteamericano Weegee, provocando “este juego de mamushkas, como de muñecas rusas, una dentro de la otra”.

La exhibición reúne obras donde predominan las estrategias de cita, auto-referencia y apropiación y donde lo matérico también cobra relevancia: desde la reinterpretación del cuento de Caperucita Roja en la famosa Serie Roja realizada con plastilina a un retrato de Lucian Freud con carne ahumada, ambos del dúo Mondongo, a los cuadros “de polvo de aspiradora” de la serie “Pictures of Dust”, en la que el brasileño Vik Muniz ingresa en el archivo fotográfico del Museo Whitney para recrear muestras históricas. “Al igual que en Mondongo, hay una relación conceptual con el material que se elige para la obra”, sostuvo Batitti.

Vista trasera de un grupo de personas en una galería de arte, mirando dos cuadros grandes en una pared blanca que muestran figuras en un paisaje verde. Una mujer sostiene un micrófono
La reinterpretación del cuento de Caperucita Roja en la famosa serie roja realizada con plastilina por Mondongo

Entre las relecturas de los grandes maestros se encuentra la reinterpretación de Bruno Gruppalli de un célebre retrato de Francisco de Goya, así como la de Miguel Ángel Ríos, quien representa la postura reconocible de El David, aunque en este caso el modelo es un soldado colombiano mutilado por una mina en el contexto del conflicto armado.

Una de las piezas más singulares es una corona de espinas de Guillermo Kuitca, “la única de esta serie presente en Argentina”, que toma distancia de la iconografía religiosa tradicional y la resignifica desde la arquitectura, “transformando la corona en un circuito mental, un cableado cerebral” que complejiza su lectura.

De Kuitca también surge un pequeñe acrílico El beso en Odesa, donde se recuerda la icónica escena de la escalinata de El acorazado Potemkin de Eisenstein, y que para el artista “el cochecito de bebé que aparece es también una metáfora del barco que trasladó a su familia desde Odesa a la Argentina, estableciendo así un nexo íntimo entre historia personal y memoria colectiva”.

Tres mujeres observan arte en una galería moderna. Dos admiran un cuadro enmarcado, mientras otra fotografía las obras con su teléfono móvil. Las paredes son blancas
Visitantes observan la obra "El beso en Odesa", de Kuitca

Obras de Donjo León —quien retrata a Édouard Manet— y de Nahuel Vecino, con una pieza dedicada a Jean-Baptiste-Siméon Chardin, suman un registro introspectivo en formatos pequeños junto a dos tapices de Carlos Pajita García Bes, pionero del arte textil argentino y estudioso de la cosmovisión andina, que se hacen presentes como testimonio de la riqueza precolombina y el valor de lo textil como soporte contemporáneo.

La referencia a Pablo Suárez aparece con una obra de 1976 que marca su retorno a la pintura tras experiencias radicales de desmaterialización y fuerte compromiso político. En su autoexilio rural, Suárez recuperó la figura de Fortunato Lacámera, “artista de extracción proletaria, conocido por sus interiores metafísicos cargados de emoción, consolidando una genealogía de lo popular en la plástica argentina”. En la expo, también pueden apreciarse trabajos de Marta Minujín, Estanislao Florido y Mathieu Mercier, entre otros.

Al mismo tiempo, en una sala contigua, se presenta una video de Eugenia Calvo, la única artista que no pertenece aún a la colección, donde “trae un sentido del humor superinteresante, entre refinado y bastante negro” y que suma al “carácter híbrido y multisecular de la muestra”.

Interior de galería de arte moderna con paredes blancas y suelo gris reflectante. Muestra varias pinturas, una escultura en pedestal y techo con vigas expuestas
La colección cuenta con alrededor de 700 obras, con más de 110 artistas

El nuevo espacio, liderado por Juliana Fontalva, busca potenciar la circulación y el encuentro en torno al arte contemporáneo, ya que contará con una programación anual de exposiciones para profundizar el diálogo entre el acervo propio y las prácticas artísticas actuales a través de invitaciones.

“Creemos que las colecciones son un organismo vivo. Sala Nazaré nace con la intención de generar nuevos encuentros entre las obras, los artistas y el público, y de activar la colección a través de lecturas contemporáneas”, comentó Fontalva.

La colección privada, que cuenta con más de 110 artistas, creada por Isabel Pita y Claudio Porcel, fundadores de Balanz, fue iniciada en 2008 como un proyecto en constante expansión y entre las disciplinas incluidas figuran dibujo, pintura, escultura, fotografía, video, textiles e instalaciones.

Este acervo, que hoy posee tres espacios de exhibición —dos en las oficinas de la empresa en Microcentro y uno en Balanz Nordelta—, se ha consolidado como lugar de encuentro para exposiciones, actividades de intercambio y colaboración. La colección ha crecido mediante préstamos institucionales y propuestas abiertas al público, con el objetivo de generar reflexión e intercambio.

*La máquina del tiempo, en la Sala Nazaré de la Colección Balanz, Av. Corrientes 316. De jueves a sábado en 12 a 18 hs. Entrada gratuita.