
Cuenta la leyenda que al sur de la línea Mason-Dixon, mientras el tren de la medianoche se acerca de a poco, la noche se hace larga y el tiempo se arrastra, los espectros deambulan la tierra en busca de portavoces que amplifiquen sus mensajes al mundo. Allí, donde los hombres están tan solos que podrían llorar y los corazones se vuelven tramposos, con frecuencia, lo sagrado y lo profano se entremezcla. Los músicos, entonces, juegan a la vez para ambos lados de la grieta celestial: para Dios y para el maligno. No menos veces, esto provoca conflictos internos de compleja resolución, como aquellos que aquejaban a Hank Williams. Un cowboy a la deriva que una noche vio la luz mientras bebía bourbon en un honky-tonk. El “Shakespeare hillbilly” que hizo música cruda y despojada para el pueblo. El más blanco de los bluesmen. Tan blanco que toda su vida pareció un fantasma.
Hank Williams nació un 17 de septiembre de 1923, hace 100 años. Al argentino promedio su figura le puede decir poco y nada, pero si uno hace la comparación fácil de decir que para la música country es como Carlos Gardel para el tango, rápidamente se puede adquirir dimensión de su grandeza. La figura de Hank es una catedral en los Estados Unidos, el iniciador de una dinastía que continúa hasta hoy, en la figura de su hijo, Hank Jr., y de sus nietos, Hank III y Holly Williams. Y mucho más en sus tantos hijos y nietos no reconocidos a lo largo de los últimos 70 años de historia del country music.
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La vida de Hank Williams fue breve, su corazón dejó de latir en la parte trasera de su Cadillac el 1 de enero de 1953, cuando apenas tenía 29 años. Su última canción publicada en vida se tituló I’ll Never Get Out Of This World Alive -Nunca saldré de este mundo con vida- y las semanas siguientes llegó póstumamente al número uno de Billboard. En vida, Hank publicó poco, apenas treinta y un singles entre 1947 y 1952. Al momento de su muerte ya era una estrella de la música country, pero con el correr de los años su legado traspasó ampliamente ese rubro. Tras su muerte, se publicó mucho más, incluyendo sus grabaciones religiosas bajo el seudónimo Luke the Drifter -lo que daría para todo un capítulo aparte-, decenas de canciones inéditas, y distintas performances en radios a lo largo y ancho del país.

Cuál es la influencia de Hank Williams
La influencia de Hank Williams aparece con solo mencionar que “Rock Around The Clock”, el famoso hit de Bill Halley y sus Cometas de 1952, usa la misma melodía que Move It On Over, publicada por él en 1947. Sus canciones fueron versionadas por infinidad de artistas de distintos géneros, por supuesto, mayormente infinidad de cantantes country, pero también de rock and roll.
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Gente como Townes Van Zandt, Elvis Presley, Roy Orbison, Tom Petty, Elvis Costello, Norah Jones, Johnny Cash, Bob Dylan, Jerry Lee Lewis, Leon Russell, y la lista sigue porque es absolutamente interminable. Gram Parsons se lo hizo escuchar a Keith Richards durante las sesiones de Exile on Main Street de los Rolling Stones y a día de hoy, el guitarrista admite que “no puede vivir sin un poco de Hank”, llegando a versionar su canción You Win Again, a la que puso en un ranking como una de sus ocho preferidas de todos los tiempos. Tiene sentido, porque no se puede pensar en los mejores Stones, los de Beggars Banquet-Let It Bleed-Sticky Fingers-Exile on Main Street, sin la influencia monumental de la música country, con Parsons y Williams a la cabeza.

Hank, siendo una figura omnipresente dentro de la cultura estadounidense, siempre tuvo un aura de rebelde, lo que lo emparentó con aquellos primeros rockeros. El Grand Ole Opry es la institución más importante de la música country, se trata del programa de radio del estilo más antiguo de los Estados Unidos, por el que pasaron absolutamente todas las estrellas del género, con su propio Hall of Fame, en Nashville, Tennessee, capital mundial del estilo. Hank Williams fue miembro entre junio de 1949 y agosto de 1952, cuando su membresía fue revocada y fue expulsado. El motivo dado por la institución fueron sus constantes estados de ebriedad y faltazos a shows que tenía programados. Los pedidos para readmitirlo de forma póstuma fueron muchísimos, aunque, a día de hoy, esto no ha sucedido.
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Ingresar al Grand Ole Opry es considerado como uno de los principales honores para los músicos de country. Sin embargo, como solamente miembros vivos pueden ingresar al Opry, las autoridades tanto actuales como pasadas han dejado en claro que es poco probable que Hank Williams lo haga, más aún en un ámbito donde la tradición tiene un peso tan importante, aunque se encuentra en conflicto diario con la rebeldía propia de gente como él y sus sucedáneos.
¿Qué escuchar de Hank Williams?
En una época donde el álbum como obra total todavía no tenía la importancia en la industria que adquiriría después -al momento de su muerte, Frank Sinatra recién comenzaba con sus discos ligeramente conceptuales de swing y torch songs-, la obra de Hank se encuentra en discos recopilatorios de singles y grabaciones inéditas postumas. A falta de una palabra mejor para definir de qué manera suena la música de Hank Williams, lo mejor es “espectral”. Como si cantara desde otro plano, su música, por momentos, realmente da miedo. Sus grabaciones bajo el alter ego Luke The Drifter refuerzan aún más esta sensación. Históricamente en la música estadounidense, convivieron lo sagrado y lo profano, la Iglesia y el prostíbulo. En la obra de Hank está todo eso, como si fueran varias personas en una, o como si hubiera vivido mucho más que los 29 años que alcanzó a habitar este planeta. Forjado a base de honky-tonks, iglesias y bares de dudosa reputación, la leyenda de Williams se cimentó en vida, pero se terminó de sellar tras su partida.
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Cuando nació, lo hizo con espina bífida, una condición que le provocó dolores insoportables de espalda a lo largo de su vida, agravados por una caída durante un concierto en 1952. Para paliar este padecer, recurrió al alcohol y a las drogas, tanto legales como ilegales. En sus últimos meses de vida, la dependencia de las sustancias era tan grande que, tras ser expulsado del Grand Ole Opry, su histórico productor, Fred Rose, dejó de trabajar con él, e incluso su banda de acompañamiento, los Drifting Cowboys, decidieron abandonarlo.
Aquella noche de año nuevo de 1953, en algún sitio sin determinar entre Bristol -Estado de Tennessee- y Oak Hill -Estado de West Virginia-, en el sur estadounidense, el corazón de Hank Williams dejó de latir. En un momento se habían detenido a que un médico le administrase una inyección de morfina para sobrellevar sus dolores de espalda. Hasta su muerte dentro de un Cadillac, en medio de la carretera, captura completamente la cultura estadounidense y el espíritu de rebeldía y libertad que abunda en su obra y legado. Vivió y ardió rápido, quizás porque sabía que jamás iba a escapar de este mundo con vida.
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