Ocho de cada diez jóvenes en Bogotá duerme menos de siete horas por noche: especialistas advirtieron sobre los efectos en la salud

Infobae Colombia habló con profesionales en neurología, medicina del sueño y psicología, quienes alertaron sobre las consecuencias de dormir menos de siete horas de manera recurrente

Un joven acostado en una cama mira un teléfono encendido junto a un reloj digital que marca las 3:47, apuntes y una computadora portátil.
Infobae Colombia consultó a Diego Gutiérrez, director del Programa de Terapia Respiratoria de la Universidad Manuela Beltrán; Miguel Silva, neurólogo y somnólogo; Cheryl Jiménez, neuróloga de la Universidad de La Sabana; y Andrea Larrea, psicóloga de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz, quienes advirtieron sobre los efectos que tuvo dormir menos de siete horas de forma recurrente en la salud física y mental (Imagen Ilustrativa Infobae)
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En Bogotá, Colombia, el 84,8% de los jóvenes no duerme las ochos horas correspondientes, sino menos de siete por noche, según una encuesta del Programa de Terapia Respiratoria de la Universidad Manuela Beltrán.

El uso constante del celular, las preocupaciones económicas, los exámenes académicos, el ruido y las entregas finales son algunos de los causantes que impide que los jóvenes de la capital colombiana duerman ochos horas. El 82,1% de los encuestados afirmó que se despierta cansado o sin energía.

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Diego Gutiérrez, director del programa Terapia Respiratoria de la Universidad Manuela Beltrán, explicó a Infobae Colombia que no dormir bien puede presentar afectaciones importantes en los procesos de concentración, atención y en el estado de ánimo.

Una mujer duerme en una cama junto a una mesa de noche con lámpara encendida, despertador, vaso de agua y un libro.
Una encuesta de la Universidad Manuela Beltrán señaló que el 84,8% de los jóvenes en Bogotá duerme menos de siete horas debido al estrés, el estudio y las pantallas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Además, precisó que encontraron personas que duermen menos de cinco horas, una situación que, según afirmó, puede afectar el rendimiento académico y laboral, así como la actividad física.

“Es preocupante que la población joven no esté descansando. Estas alteraciones pueden llevar a problemas o enfermedades mentales”, señaló.

El profesional indicó que uno de los principales factores para no conciliar el sueño es el uso de las pantallas. El 21,9% de los encuestados aseguró que el celular, las redes sociales, la televisión u otras pantallas dificultan su descanso.

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El 45,7% de los entrevistados identificó el estrés, la ansiedad o el exceso de pensamientos como un obstáculo para dormir, mientras que el 35,8% afirmó que las responsabilidades relacionadas con los estudios, la universidad o el trabajo no le permiten descansar. El 27,8% indicó que las preocupaciones económicas o las deudas no le permiten dormir, seguido de los problemas familiares o personales, con el 26,5%.

Los problemas de salud, los dolores o las molestias físicas, así como las condiciones del lugar donde duermen o descansan, son otros causantes que impiden conciliar el sueño.

“Algunos presentan síntomas como ronquidos fuertes. Estos ronquidos pueden hacer que se despierten, por lo cual sería importante realizar estudios de polisomnografía”, afirmó.

Ilustración de un joven despierto en la cama e infografía con porcentajes, textos e iconos sobre obstáculos y efectos de la falta de sueño.
Los problemas de salud, los dolores o las molestias físicas son otros causantes que impiden conciliar el sueño (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los microdespertares también alteran el ciclo del sueño. Según Diego Gutiérrez, ocurren cuando una persona se despierta brevemente para girarse o cambiar de posición, arroparse porque siente frío o destaparse porque siente calor.

“Lo que buscamos durante el sueño es llegar a la fase REM, es decir, a etapas más profundas. En esa fase es donde soñamos y descansamos realmente. Cuando una persona se acuesta en la cama y duerme, no siempre está descansando de forma adecuada. El descanso profundo ocurre cuando se llega a esa fase del sueño”, expresó.

Consecuencias para la salud

Miguel Silva, médico neurólogo y somnólogo, jefe del Servicio de Neurología de la Sociedad de Cirugía de Bogotá – Hospital de San José, explicó a Infobae Colombia que las personas con sueño fragmentado, ya sea por malos hábitos, insomnio, apnea u otros trastornos, son más propensas a desarrollar ansiedad y depresión. Además, pueden presentar un mayor riesgo de sobrepeso, obesidad, prediabetes, diabetes y síndrome metabólico.

“En personas jóvenes puede aumentar el riesgo de enfermedad cardiovascular o cerebrovascular, así como los problemas de atención, concentración y memoria”, indicó.

Cheryl Jiménez, neuróloga de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Sabana, indicó a Infobae Colombia que dormir de manera recurrente menos de siete horas puede llevar al organismo a un déficit crónico “de una función vital de reparación”.

“El sueño tiene distintas etapas: el sueño no REM, que incluye fases superficiales y profundas, y el sueño REM. Cada una cumple funciones fundamentales, como la regulación de la hormona del crecimiento y del sistema inmunitario, la reparación de tejidos y la eliminación de proteínas de desecho producidas por las neuronas, entre ellas el amiloide, relacionado con la enfermedad de Alzheimer”, expresó.

Jiménez precisó que, cuando una persona no duerme lo suficiente, se altera la arquitectura del sueño. Esto, según explico, puede interferir en los procesos metabólicos, de reparación y de limpieza celular que el cerebro realiza durante el descanso.

Miguel Silva, director del programa de Neurología de la Universidad Fucs, aseguró que muchos jóvenes se acuestan tarde porque creen que, si duermen siete horas en cualquier momento, descansarán de forma adecuada.

No obstante, el docente y magister en Medicina del Sueño de la Universidad de Berna, Suiza, advirtió que completar siete horas de sueño no garantiza el mismo descanso si se duerme en horarios distintos a los habituales, en lugar de hacerlo, por ejemplo, entre las 11:00 p. m. y las 6:00 a. m.

“Es importante que, a la medianoche, la persona ya esté dormida. Lo ideal es acostarse entre las 10:30 p. m. y las 11:00 p. m. de modo que pase la medianoche y las primeras horas de la madrugada en sueño”, explicó.

Silva indicó que durante ese periodo de sueño sucede la homeostasis, que permite a los sistemas metabólico, endocrino y funcional trabajar de manera correcta.

“En esas horas se produce la hormona de crecimiento, se consolidan procesos de memoria y se activa el sistema glinfático, que ayuda a eliminar sustancias de desecho que genera el cerebro durante el día. Por eso es importante dormir durante la segunda mitad de la noche y las primeras horas de la madrugada”, puntualizó.

Infografía con texto explicativo, el perfil de una cabeza humana con cerebro visible e ilustraciones de sinapsis, reloj, corazón y defensas.
Miguel Silva afirmó que muchos jóvenes duermen de madrugada al creer que bastan siete horas de sueño, sin importar el horario, para recuperarse bien (Imagen Ilustrativa Infobae)

Asimismo, indicó que durante el sueño se consolida la memoria y algunos neurotransmisores como la acetilcolina cumplen una misión en el aprendizaje, la fijación de recuerdos y la adquisición de nuevos conocimientos.

“El sueño también regula hormonas como la leptina y la grelina, relacionadas con la saciedad y el funcionamiento adecuado de la insulina. Cuando esos procesos se alteran, pueden aparecer problemas de sobrepeso, obesidad y diabetes”, puntualizó.

Cheryl Jiménez indicó que dormir poco puede afectar a todo el cuerpo. Explicó que durante el sueño profundo se libera la hormona de crecimiento, participando en la reparación del tejido muscular y en el fortalecimiento del sistema inmunitario.

“La falta de sueño puede aumentar la susceptibilidad a infecciones, como el herpes labial, conocido popularmente como fuegos, o el herpes zóster, también llamado culebrilla. También puede favorecer la aparición de cuadros gripales”, expresó.

En las mujeres, la profesional señaló que la falta de sueño puede generar alteraciones hormonales, ausencia de menstruación o irregularidades en el ciclo menstrual. Asimismo, precisó que puede provocar cambios en el metabolismo de la glucosa, resistencia a la insulina y obesidad.

“La privación de sueño también altera la regulación del cortisol y aumenta la actividad del sistema nervioso simpático. Esto puede contribuir al desarrollo de hipertensión arterial y elevar el riesgo de eventos cardiovasculares, como infartos y accidentes cerebrovasculares”, afirmó.

Jiménez detalló que la falta de sueño no significa una causa directa de una enfermedad, pero precisó a Infobae Colombia que si puede actuar como desencadenante o agravar problemas que ya existen, como cefaleas crónicas, dolores osteomusculares, gastritis o síndrome de colon irritable.

Además, indicó que dormir poco puede generar alteraciones en los procesos cerebrales. Explicó que durante el sueño no REM profundo, el cuerpo activa mecanismos relacionados con la eliminación de residuos metabólicos acumulados a lo largo del día, entre ellos proteínas como el beta amiloide.

“Cuando el descanso es insuficiente de forma crónica, estos procesos pueden verse comprometidos. La falta persistente de sueño se ha asociado con dificultades de memoria y con un mayor riesgo de deterioro cognitivo, aunque no constituye por sí sola una causa directa de demencia”, precisó.

La neuróloga afirmó que la fase REM también cumple con un papel de integración emocional, el procesamiento de información y la consolidación de algunos recuerdos, motivo por el cual señaló que la alteración de esa etapa puede afectar la comunicación del cerebro, como la corteza prefrontal y la amígdala.

“Por esa razón, el insomnio crónico y el descanso insuficiente pueden relacionarse con síntomas como irritabilidad, impulsividad, ansiedad, angustia y depresión. También pueden comprometer la capacidad de concentración, la memoria y la regulación emocional”, señaló.

Miguel Silva, médico neurólogo y somnólogo, jefe del Servicio de Neurología de la Sociedad de Cirugía de Bogotá – Hospital de San José, precisó que cuando no se duerme bien, especialmente en adolescentes, se tiene un mayor riego de desarrollar esos problemas.

“En términos generales, no dormir bien afecta múltiples sistemas del organismo”, aseveró.

Cheryl Jiménez indicó que el sueño insuficiente afecta la atención, el aprendizaje, la memoria y la toma de decisiones, porque altera las distintas fases del descanso.

“Si el sueño profundo y el REM se alteran, el cerebro puede tener dificultades para fijar nuevos aprendizajes y consolidar distintos tipos de memoria. Esto puede afectar la memoria semántica, relacionada con los conocimientos y el lenguaje, y la memoria procedimental”, indicó.

En este sentido, agregó que la falta de sueño también puede puede afectar la regulación emocional y favorecer síntomas como ansiedad e impulsividad, “lo que puede dificultar una toma de decisiones adecuada en la vida cotidiana”.

Salud mental

Andrea Larrea, docente y psicóloga de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz, indicó a Infobae Colombia que el sueño está relacionado con la salud mental.

Según explicó, los pensamientos se vuelven recurrentes por la noche porque, al terminar las actividades cotidianas y disminuir los estímulos externos, la mente dispone de más espacio para procesar lo ocurrido durante la jornada. Para la especialista, este proceso aumenta la actividad mental y la activación emocional.

“La relación entre el descanso y la salud mental es bidireccional. La falta crónica de sueño puede afectar la regulación emocional, mientras que la ansiedad, la depresión y otros malestares psicológicos pueden dificultar la conciliación o el mantenimiento del sueño. Los problemas para dormir también suelen estar entre las quejas más frecuentes asociadas con el malestar emocional”, indicó.

Infografía con una persona en la cama rodeada de gráficos luminosos y cuatro secciones con iconos sobre descanso y ansiedad.
Andrea Larrea, docente y psicóloga de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz, indicó que el sueño está relacionado con la salud mental (Imagen Ilustrativa Infobae)

La docente y psicóloga de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz afirmó que las preocupaciones vinculadas con las exigencias académicas, los problemas económicos, el estrés laboral o las dificultades personales también pueden activar los sistemas de alerta y dificultar el inicio del sueño

“Cuando una persona permanece despierta durante mucho tiempo en la cama, con pensamientos recurrentes o frustración por no lograr dormir, puede asociar ese lugar con ansiedad. Esta relación puede sostener el ciclo del insomnio”, aseveró Larrea.

Recomendaciones

Miguel Silva, director del programa de Neurología de la Universidad Fucs y docente universitario, indicó a Infobae Colombia que dormir una cantidad adecuada de horas y tener una buena calidad del sueño es importante para todas las edades.

El magíster en Medicina del Sueño por la Universidad de Berna, Suiza, señaló que los adolescentes deberían dormir entre siete y nueve horas, mientras que los adultos mayores requieren entre seis y siete horas. Además, afirmó que es fundamental que los niños y los jóvenes duerman el tiempo suficiente.

Diego Gutiérrez, director del programa de Terapia Respiratoria de la Universidad Manuela Beltrán, indicó que algunos jóvenes han normalizado la falta de descanso. El especialista advirtió que esta situación no debería ocurrir, ya que puede generar estrés, ansiedad, pensamientos recurrentes, preocupaciones económicas y problemas familiares o personales.

Así mismo, señaló que muchas personas utilizan la cama para comer o trabajar. El especialista advirtió que estas actividades no son apropiadas en un espacio destinado al descanso.

“La cama debe utilizarse para descansar. Si una persona necesita trabajar, debe darle una ubicación a cada espacio. Puede hacerlo en la sala, en un estudio, en un espacio de trabajo compartido o en una oficina”, aseveró.

Andrea Larrea, docente y psicóloga de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz, coincidió en que deben evitarse en la cama las actividades ajenas al descanso, como estudiar, trabajar, comer o usar dispositivos electrónicos.

“Estos hábitos pueden hacer que el cerebro asocie ese espacio con la alerta y no con el sueño. El control de estímulos busca que la cama se relacione de nuevo con el descanso”, expresó.

Por esa razón, afirmó que conviene establecer una rutina antes de dormir para preparar al cuerpo y la mente para el descanso. La especialista recomendó iniciar, cerca de dos horas antes de acostarse, una transición hacia actividades de menor estimulación.

“Se recomienda cenar con antelación, reducir la exposición a pantallas luminosas y optar por actividades tranquilas, como leer, colorear o practicar ejercicios de respiración y atención plena”, señaló. También indicó que el dormitorio debe ser un espacio cómodo, oscuro y silencioso, con la menor cantidad posible de estímulos, entre ellos los ruidos intensos y el consumo de bebidas con cafeína.

Diego Gutiérrez propuso, como primera medida, elaborar una lista o un checklist con las preocupaciones y pendientes del día siguiente. Según explicó, el exceso de pensamientos puede dificultar el descanso.

Infografía con ilustraciones de una mujer durmiendo, un reloj, una silueta cerebral, un libro, una taza, una cama y un teléfono celular.
Diego Gutiérrez, director del programa de Terapia Respiratoria de la Universidad Manuela Beltrán, indicó que algunos jóvenes han normalizado la falta de descanso (Imagen Ilustrativa Infobae)

El especialista también aconsejó consumir alimentos al menos dos horas antes de ir a dormir, para permitir que el proceso digestivo se desarrolle con normalidad. Además, sugirió evitar las bebidas oscuras, ya que en algunas personas pueden activar el sistema nervioso simpático y generar un estado de alerta.

Entre sus recomendaciones, Gutiérrez incluyó elegir colores claros para la habitación, con el objetivo de favorecer una sensación de armonía. Por último, planteó evitar la presencia de dispositivos electrónicos en el dormitorio.

Cheryl Jiménez, neuróloga de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Sabana, destacó la exposición a la luz natural durante la mañana entre las recomendaciones para mantener hábitos de descanso saludables. Según explicó, esta señal contribuye a sincronizar el reloj biológico y favorece el aumento nocturno de la melatonina, hormona relacionada con el inicio del sueño.

En contraste, recomendó limitar el uso de teléfonos celulares, tabletas, computadores y televisores antes de acostarse.

“La exposición a la luz durante la noche, en especial a la luz de tonalidades azules y a pantallas con alto brillo, puede hacer que el cerebro interprete que todavía es de día. Como consecuencia, se retrasa o se reduce la liberación nocturna de melatonina por parte de la glándula pineal”, indicó.

La especialista advirtió que esta situación puede dificultar el inicio del sueño y afectar su continuidad y calidad. Cuando la exposición se repite de forma habitual, también puede alterar las fases superficiales, profundas y REM, con efectos sobre la reparación del organismo, la regulación hormonal y la consolidación de la memoria.

“Por eso, se recomienda reducir el uso de pantallas antes de acostarse, evitar dormir con el televisor encendido y mantener los dispositivos fuera de la habitación cuando sea posible”, concluyó.

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