La falta de sueño deteriora la salud cerebral y emocional desde la infancia: 60% de los niños y adolescentes no duerme las horas recomendadas

Datos recientes señalan que la mayoría de la población joven colombiana no cumple con las nueve a diez horas necesarias para un desarrollo cerebral y físico adecuado, lo que implica riesgos para la salud mental y el rendimiento diario

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El 59% de los colombianos
El 59% de los colombianos sufre algún trastorno del sueño, según la Asociación Colombiana de Medicina del Sueño (Acmes) - crédito Imagen Ilustrativa Infobae

La privación del sueño no solo se traduce en fatiga. Según expertos consultados por Infobae Colombia, dormir menos de lo necesario altera la estructura cerebral, afecta la capacidad de aprender y agrava los problemas de salud mental desde la niñez.

En Colombia, las cifras de la Asociación Colombiana de Medicina del Sueño (Acmes) muestran que el 59% de la población padece algún trastorno del sueño y más del 40% recurre a medicamentos para poder descansar. El impacto es visible también en los más jóvenes: entre el 60% y el 70% de los niños y adolescentes no cumplen con las horas de sueño recomendadas para su edad.

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Especialistas como Andrea Milena García, profesora de la Universidad de La Sabana, advierten que la falta de descanso está deteriorando silenciosamente las capacidades cognitivas de los colombianos.

La experta explicó a Infobae Colombia que “lo que muchas veces se interpreta como rebeldía o falta de atención puede ser, en realidad, un cerebro funcionando con recursos mínimos para enfrentar el día a día”.

El cerebro bajo mínimos: ¿qué ocurre cuando no dormimos?

Entre el 60% y el
Entre el 60% y el 70% de niños y adolescentes en Colombia no duerme las horas recomendadas para su desarrollo cerebral óptimo - crédito Imagen Ilustrativa / Infobae / Gemini)

Antes de que la fatiga y la irritabilidad se hagan evidentes, el primer sistema en verse afectado es el ciclo circadiano, el reloj biológico que sincroniza el sueño y la vigilia. Andrea Milena García señala que la falta de descanso obliga al cerebro a activar mecanismos de defensa:

“Cuando el sueño se interrumpe —por horarios irregulares, uso de pantallas, estrés o simplemente por dormir menos de lo necesario— el cerebro entra en un modo de ahorro de energía. Ese estado tiene un costo: afecta la forma en que las personas sienten, piensan y se comportan”.

En niños y adolescentes, este desequilibrio se manifiesta en irritabilidad, hiperactividad y ansiedad, afectando directamente su rendimiento escolar. Según la Acmes, el fenómeno está debilitando de forma silenciosa la capacidad de autorregulación emocional y cognitiva.

El impacto se concentra en la corteza prefrontal, zona encargada de la planificación, la toma de decisiones y el control de impulsos. Cuando esta área pierde fuerza, la amígdala, centro del procesamiento emocional, asume el control.

De acuerdo con Diana Bedoya Villanueva, directora de la maestría en Psicología Clínica de la Niñez y la Adolescencia, este fenómeno explica el origen de muchos conflictos conductuales: “No se trata de falta de voluntad, sino de una incapacidad neurobiológica para autorregularse. Muchas conductas problemáticas son, en realidad, el síntoma visible de un cerebro cansado y exhausto”, afirmó la experta a Infobae Colombia.

Dormir menos de lo necesario
Dormir menos de lo necesario altera la estructura cerebral y deteriora la salud mental desde la niñez, advierten expertos - crédito Imagen Ilustrativa Infobae

Aprendizaje y salud mental: las consecuencias de un sueño alterado

Los efectos de dormir mal van más allá del cansancio. Durante las fases profundas y el sueño REM (Movimiento Ocular Rápido), el cuerpo realiza reparaciones físicas, consolida la memoria y refuerza el sistema inmunológico. La fase REM resulta clave para el procesamiento de la información y la transferencia de aprendizajes a la memoria a largo plazo. Interrumpir estos procesos puede provocar fatiga mental, dificultades de concentración e inestabilidad emocional. Además, el riesgo de deterioro psicológico aumenta.

“La alteración del sueño no solo acompaña los trastornos mentales, sino que los intensifica y los sostiene. Es una de las formas más subestimadas del deterioro psicológico”, afirmó Bedoya. Los efectos negativos también alcanzan al cuerpo: según la doctora García, el sueño profundo regula procesos esenciales como el crecimiento óseo y el desarrollo físico, especialmente durante la infancia y la adolescencia.

Tecnología y hábitos: enemigos del descanso

El estilo de vida moderno convirtió la falta de sueño en una constante. La exposición a pantallas electrónicas y la ausencia de rutinas estables desajustan los ciclos naturales del sueño. La luz azul que emiten los dispositivos inhibe la producción de melatonina, hormona que induce el sueño. “Estas pantallas confunden al cerebro, haciéndole creer que aún es de día”, advirtió García.

A esto se suman los horarios escolares, muchas veces desalineados con la biología infantil y adolescente. En el caso de los menores, los especialistas recomiendan dormir entre nueve y diez horas para garantizar un desarrollo cerebral óptimo. Sin embargo, la realidad en Colombia dista mucho de ese ideal. El uso de dispositivos, la sobrecarga emocional y la presión académica dificultan aún más el establecimiento de rutinas de descanso adecuadas.

Estrategias para recuperar el ritmo biológico

Especialistas recomiendan apagar pantallas antes
Especialistas recomiendan apagar pantallas antes de dormir, mantener horarios regulares y evitar estimulantes para mejorar la calidad del sueño - crédito Imagen Ilustrativa Infobae

Las expertas consultadas por Infobae Colombia sugieren varias claves para “reiniciar” el reloj interno y mejorar la calidad del sueño. Entre las recomendaciones destacan:

  • Apagar las pantallas entre 60 y 90 minutos antes de dormir
  • Mantener horarios de sueño regulares, incluso los fines de semana
  • Asociar la habitación exclusivamente al descanso y evitar la luz blanca y los ruidos
  • Consultar al médico antes de consumir suplementos como la melatonina y evitar estimulantes como la cafeína y los energizantes

“Dormir bien no es un lujo ni una recomendación opcional. Es una condición neurobiológica esencial. Atender el sueño es la base mínima de la salud mental y del desarrollo cognitivo”, concluyó Bedoya.