
Martha Isabel Bolaños, conocida actriz colombiana, ha compartido en profundidad el recorrido de sus relaciones sentimentales, relatando cómo enfrentó errores en el amor, vínculos tóxicos y un largo proceso de construcción de su autoestima.
En sus declaraciones para La Red, sostiene que la ausencia paterna y una infancia marcada por inseguridades contribuyeron a formar el patrón de sus primeras experiencias amorosas y, posteriormente, a redefinir el tipo de pareja ideal que hoy busca.
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“Crecí con una autoestima muy aporreada, eh, pero hoy en día, pues créeme que tomo decisiones muy acertadas”, confesó abiertamente.

Para la actriz, la soledad no significa vacío: “No estoy sola, estoy muy bien acompañada por mí misma y cuando llegue un compañero a mi vida, pues que me tiene que dar la talla. Y están escasos, la calle está dura, tengo que decirlo la verdad”. Con este testimonio, deja claro que las preguntas sobre por qué no tiene pareja han dejado de afectarla, pues ha aprendido a valorar su propia compañía.
Recordando el origen de sus inseguridades, remarcó que: “Al no tener papá, fui una niña que creció con muchas inseguridades”. Su adolescencia estuvo marcada por su primer gran amor, Edgar Marín, hermano de una compañera de colegio. “Yo tenía catorce años, Edgar tenía diecisiete o dieciocho. Fue mi primer amor, fue un noviazgo de cuatro años de sala. Mi primer beso de amor fue con Edgar, con él perdí mi virginidad y fue todo cuento de hadas, todo perfecto, todo bonito”.
Rememoró que la relación terminó de manera pacífica, cuando ambos reconocieron que la chispa se había extinguido.

Más adelante, en Bogotá, entabló una relación con Don Miguel, quien fue su apoyo en momentos difíciles, como ella misma relató. “Él fue conmigo a Panamá, por ejemplo. Vivió toda esa bonanza y después igual, duramos cuatro años y pasó lo mismo. Se acabó, se apagó la llama, se acabó la chispa”.
Durante una estancia en San Andrés, Bolaños vivió lo que considera la conexión amorosa más intensa de su vida, con un hombre árabe musulmán:
“Ha sido, digamos, que la conexión más grande que tuve, que fue con este hombre divino que conocí en San Andrés, un árabe musulmán. Pero justamente por la religión, después de tres años que yo ya vi que eso no iba a progresar, decidí alejarme también. Yo ya le dije: ‘Amor, entonces, ¿qué?’. Me dijo: ‘Tú ya sabes, reina, que no’. Y yo: ‘Ah, no, entonces me voy’. Te lo estoy contando suavecito, pero eso en su momento fue muy doloroso, fue muy doloroso, pero así tenía que ser”.

En otra etapa de su vida, llegó un hombre que fingió tener fortuna, situación que casi la llevó a la ruina. En sus palabras: “Esa fue una pareja que me presentó alguna compañera de la televisión, que no voy a decir quién es. Pero estoy absolutamente convencida de que con su forma de obrar, pues nunca me iba a poder pagar, porque es que el que obra mal, le va mal”.
A partir de ese punto, la actriz identificó un patrón de tropiezos con hombres a quienes consideró “bastante tóxicos, tanto como lo era yo. Pero así tenía que ser, eran mis maestros, porque fueron ellos quienes me llevaron a revisarme, porque después de la tercera relación, yo dije: ‘No, esto no puede seguir pasando’”, recordando que fue ella misma la que se hizo el análisis sobre sus relaciones.
Reconoció sus propios patrones de dependencia, búsqueda de aprobación y la tendencia a dejar de lado sus propias necesidades para mantener una relación. De allí surgió su convicción de transformarse: “Empecé a trabajar en mis inseguridades, a amarme más y a no sacrificar mi propio valor por un hombre”.

Actualmente, la actriz afirma que aún mantiene la ilusión de hallar una pareja adecuada, pero ya no tolera ceder ante relaciones que no cumplen sus expectativas o que ponen en juego su bienestar.
Consultada sobre las características que espera en su próxima pareja, Bolaños fue precisa: “Un buen corazón, un hombre limpio, que tenga un pasado limpio, yo no quiero rollos con sus ex, no quiero dineros mal habidos. Quiero estar tranquila, quiero un hombre tranquilo, un hombre, con valores, con principios, con buen sentido del humor, un hombre sano, un hombre despierto, un maestro. Yo quiero un hombre evolucionado, no quiero un huevón, quiero un tipo chévere”.
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