
La mañana del 14 de diciembre de 2024 cerró con el leve movimiento telúrico que ocurrió a las 12:36 p.m., en el municipio de Contratación, departamento de Santander, cuya magnitud fue de 2,1 grados en la escala de Richter.
La escala de Richter, desarrollada en 1935 por los sismólogos Charles Francis Richter y Beno Gutenberg, es una herramienta logarítmica utilizada para medir la magnitud de los terremotos, es decir, la cantidad de energía liberada durante un sismo.
De acuerdo con un artículo científico de National Geographic, a diferencia de las escalas lineales, en las que las magnitudes se suman de forma constante, en la escala de Richter cada incremento de magnitud representa un aumento exponencial de la energía. Por ejemplo, un terremoto de magnitud 6 libera 1.000.000 de veces más energía que uno de magnitud 3.

Inicialmente diseñada para medir sismos de magnitudes entre 2,0 y 6,9, la escala de Richter ha sido reemplazada en muchos casos por la escala de magnitud de momento, que evalúa la energía total liberada por un sismo sin limitaciones de magnitud. La escala de Richter sigue siendo popular, pero no siempre es la más adecuada para terremotos de gran magnitud o para aquellos que ocurren a profundidades mayores de 700 km.
Los efectos de un terremoto no dependen únicamente de su magnitud, sino también de factores como la distancia al epicentro, la profundidad y las condiciones geológicas locales. Aunque la escala de Richter puede ser útil para sismos de pequeña a mediana magnitud, no siempre proporciona una imagen completa de la devastación que un terremoto puede causar.
En términos de magnitudes, los terremotos varían desde microsismos imperceptibles hasta eventos cataclísmicos con magnitudes superiores a 10, que podrían devastar vastas áreas.
Aunque los sismos no pueden predecirse, es posible mitigar sus consecuencias mediante estrategias adecuadas de construcción y prevención. Sin embargo, la situación en Colombia refleja desafíos significativos en este ámbito, según un análisis de expertos en ingeniería sísmica.
Colombia, situada en el Cinturón de Fuego del Pacífico, está expuesta a alta actividad sísmica por la interacción de cuatro placas tectónicas. Según Daniel Mauricio Ruiz, ingeniero civil de la Universidad Javeriana, el país está dividido en tres zonas de amenaza sísmica:
A pesar de contar con normas sismorresistentes desde 1984, el cumplimiento sigue siendo irregular. Ruiz afirma que más del 60% de las construcciones en Bogotá son informales, realizadas sin supervisión técnica adecuada, lo que aumenta su vulnerabilidad frente a un sismo.
El caso del edificio Space en Medellín, que colapsó en 2013 sin un terremoto, pone en evidencia problemas estructurales y falta de control en las obras. Para Cardona, “la vulnerabilidad no la provoca la tierra, sino las edificaciones mal construidas”.

Ruiz explica que la resistencia de una edificación depende de factores como el suelo y las características del diseño. Por ejemplo, un edificio en los Cerros Orientales de Bogotá puede soportar mejor un sismo que una construcción similar en la carrera 30 debido a las condiciones del terreno.
La falta de información técnica accesible para maestros de obra y comunidades es otro desafío. Cardona insiste en la necesidad de educar a los responsables de construcciones informales mediante guías prácticas: “Hemos diseñado cartillas para que la información llegue más lejos. Es un trabajo lento, pero necesario”.
Ruiz, por su parte, lidera investigaciones sobre el refuerzo de estructuras en tierra y estrategias para rehabilitar viviendas construidas sin medidas sismorresistentes. Estas iniciativas buscan reducir los riesgos y proteger el patrimonio arquitectónico del país.


De acuerdo con el reporte del Servicio Geológico Colombiano, solo se presentó un movimiento telúrico en todo el territorio colombiano, y se producto en el municipio de Los Santos, en el departamento de Santander.




