
En una especie de efecto dominó relacionado con la sanción de la Procuraduría General de la Nación al destituido canciller Álvaro Leyva Durán, Luis Gilberto Murillo dejó de ser el embajador de Colombia ante los Estados Unidos. En su reemplazo, el presidente de la República, Gustavo Petro, designó al historiador y académico Daniel García-Peña, como nuevo representante del Gobierno en suelo norteamericano.
García-Peña, de forma rápida, fue llamado a tomar el lugar dejado por Murillo. Una jugada con la que Petro reencauchó a uno de sus viejos aliados, pues ya habían laborado juntos en la Alcaldía de Bogotá, cuando el líder progresista fue mandatario entre 2012 y 2015.
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Llama la atención que tras la salida de María Valencia Gaitán, su esposa, de la Secretaría de Hábitat, se despachó en contra del hoy jefe de Estado, con fuertes calificativos. “Un déspota de izquierda, por ser de izquierda, no deja de ser déspota”, indicó por aquella época, cuando decidió dar un paso al costado como director distrital de Relaciones Internacionales; un símil a un canciller de la capital de la República.
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En su trayectoria también resaltó su papel como asesor en la asamblea nacional constituyente que redactó la nueva Constitución Política en 1991, fue un personaje cercano a la Alianza Democrática M-19, el partido que surgió tras la desmovilización del M-19 y, del mismo modo, fue directivo del Polo Democrático Alternativo, que fue en su momento la colectividad de la que hizo parte Petro.
Los desafíos del nuevo embajador de Colombia en los Estados Unidos
Pedro Montero, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de San Buenaventura y experto en política exterior colombiana y política exterior de Estados Unidos, expresó que García-Peña tiene una serie de retos a inmediato, mediano y largo plazo, como parte, justamente, de las relaciones bilaterales entre ambas naciones, que han superado una serie de controversias en el último mes.
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En el inmediato plazo, de acuerdo con Montero, el principal desafío pasa por llenar la credibilidad que tenía Murillo ante las autoridades del país norteamericano. “Será hacer notar que no hay diferencia y Colombia sigue teniendo un embajador de las más altas calidades, que pueda seguir representando de manera adecuada a Colombia ante sus interlocutores en los Estados Unidos”, indicó.

Para ello, tendrá que mantener una fluida interlocución con estamentos como el Departamento de Estado, el Congreso, los empresarios y la academia, con mensajes claves para el Gobierno, como la Paz Total y la lucha contra las drogas, con diferencias – a su juicio – estructurales entre ambos países, en relación con el crimen organizado.
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Por su parte, a mediano plazo, el reto está en sentar bases de una relación suficientemente sólida para que los apoyos que EE. UU. le da a Colombia continúen, sobre todo en materia logística, en lo que respecta a la ofensiva contra la comercialización de estupefacientes y los grupos armados ilegales. Como ha sucedido en las últimas décadas, “en una tarea que se debe mantener en el tiempo”, afirmó.

Y a largo plazo, según explicó el académico, es reafirmar la relación bicameral con el país del norte; es decir, mantener el canal diplomático fluido sin importar cuál sea el nuevo mandatario, pues se aproxima lo que podría ser la reelección del demócrata Joe Biden, con el que Colombia tiene buena relación, o el regreso de republicano Donald Trump, justo cuando el corte del Gobierno actual es progresista.
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“Lo importante para Colombia es dar su punto de vista en el tema de la lucha contra las drogas, un tema trascendental porque atraviesa los demás. Y en un debate que se ha querido dar: las características que debe tener esta ofensiva, que no solo debe ser policivo y penalización, sino una serie de variables a tener en cuenta, que vienen de gobiernos anteriores, con lo que sería una política de Estado”, afirmó.
A lo que se suman los apoyos que puedan venir desde Estados Unidos para sacar adelante los acuerdos de paz con las organizaciones al margen de la ley, con las que actualmente se mantienen diálogos en las mesas de negociación. “Y se legitimen los avances del Gobierno en la Paz Total, para que un aliado tan importante lo entienda”, enfatizó Montero, al mencionar el flagelo del secuestro.
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